Anular para exigir

publicado el 08 de junio de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

He leído un buen número de opiniones en el sentido de anular el voto como medio para protestar contra la legislación que nos asestaron los partidos y subieron a la Constitución para que fuera inatacable. Lo que más indigna son los miles de millones de pesos que se distribuyen sin que sea posible pararlos en ese asalto en descampado, la prohibición de candidaturas fuera de los partidos y la censura que prohíbe señalar las lacras de los candidatos. De entre las opiniones publicadas, la de Jaime Sánchez Susarrey con diez puntos en Reforma es la más amplia.

¿Qué exigimos muchos de quienes anularemos en protesta nuestro voto? En esencia, libertades ciudadanas conculcadas en actos legislativos no consultados. Para reconquistarlas, debe cambiar la legislación al menos en estos aspectos:

1. Reducción del escandaloso gasto público que los partidos, desde el Congreso, se regalan a sí mismos. Los militantes inscritos en cada partido deben ser su principal fuente de fondos. Si ya sus spots en radio y tv son gratuitos, no se justifica el saqueo de miles de millones que arrebatan los partidos a la educación y a la creación de infraestructura.

2. Derogación del párrafo, en el artículo 41 de la Constitución, y cualquier otro mandato que atente contra el derecho a la información y a la libre expresión al respecto de candidatos, más aún si es negativa. Los electores están en todo su derecho de saber a quién eligen. El derecho a la libertad de expresión y el derecho a la información, plena y sin reservas, no pueden ser cancelados por reglas modosillas que evitan gritarle ladrón al ladrón y narco al narco, o, sencillamente inútil al inútil demostrado. Quien incurra en difamación o calumnia responde ante la ley y punto. Pero los partidos se han dado un fuero previo contra opiniones negativas.

3. Derogación del monopolio partidario a presentar candidatos a puestos de elección popular. Monopolio que infringe el artículo 1 de la Constitución porque hace ciudadanos desiguales ante la ley. La ciudadanía mexicana debe bastar para votar y ser votado.

4. Eliminación de los diputados y senadores de representación proporcional. Esa bolsa de curules que no se someten al voto y a las que se llega por la gracia de la oligarquía de cada partido son cadenas de control dentro del partido e imposiciones a la ciudadanía. Los diputados deben ser los 300 elegidos y los senadores dos por entidad federativa elegidos por mayoría. Si ya hemos igualado la competencia en los comicios, deja de tener sentido la dádiva que el poder concedía a la oposición en forma de cuotas de legisladores.

5. Reelección consecutiva de legisladores y presidentes municipales. La no reelección obliga al legislador a ser fiel con la oligarquía de su partido y no con sus electores, de los que se desentiende porque nunca deberá darles cuentas para pedir de nuevo su voto.

6. Definición del fuero. El fuero sólo resguarda al legislador para que no pueda ser perseguido por sus expresiones en la Cámara. Pero en la práctica ha servido para que legisladores y autoridades cometan desde infracciones leves hasta graves desacatos al amparo ciudadano otorgado por un juez, o llanos delitos. El fuero debe ser lo que fue: un escudo para la libre expresión al legislar y gobernar.

7. Recuperación de la autonomía del IFE, ahora cancelada a gusto de los partidos con la imposición de un contralor nombrado por la Cámara de Diputados, figura que debe desaparecer porque fue diseñada con el objetivo de someter el IFE a los deseos de los partidos políticos so pena de fulminante despido. En el mismo sentido, debe modificarse la elección de los consejeros del IFE. "Los partidos los eligen discrecionalmente y por cuotas. Por eso descartan a los mejores, más independientes y mejor capacitados", señala JSS.

Tenemos una política envilecida por la rapiña del dinero público y por la trivialidad: nada importante puede expresarse en spots de unos segundos que nos abruman el día entero con cantaletas similares. El resultado es que oímos lo mismo: frases huecas dictadas por la mercadotecnia, y vemos las mismas sonrisas colgadas de postes: basura.

Lo esencial deben callarlo porque hace ganar unos votos y perder otros: reformas de fondo en lo fiscal, energético, educativo y laboral. Todos ofrecen, pero ninguno dice cómo obtendrá los fondos para cumplir lo ofrecido. Y en eso, en el cómo, está el meollo, está la diferencia entre un partido y otro.

 


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