Chile: la ley o el golpe militar

publicado el 16 de septiembre de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Cuando Pinochet dio su golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, un 11 de septiembre de hace 40 años, yo tenía un año de haber vuelto de Chile: la izquierda comunista exigía la desaparición de la propiedad privada; la derecha, el cese de bloqueos, manifestaciones, carreteras cerradas, desabasto de alimentos. Todos hundían la capital, Santiago, en caos cotidiano.

En el campo no había propiedad ni carretera segura. Los transportistas decidieron bloquear todos los accesos a Santiago: no entraron alimentos.

La Checoslovaquia comunista envió un cargamento de pollo congelado. Yo tomaba un curso de inglés en el Chilean-British (por eso hablo un inglés tan sangrón) y una de las maestras nos contó que tenía invitados a cenar, así que compró uno de aquellos pollos y lo hizo al horno. Llevó el pollo para trincharlo a la mesa y, al intentarlo, el pollo saltó y rebotó por entre los muebles, como balón de hule. La maestra, con la pena, hizo huevos revueltos para sus invitados. No tenía pan.

Las mujeres decidieron salir en manifestación con sus cacerolas vacías. Marcharon haciéndolas sonar con cucharas de cocina. La respuesta de Allende y su partido, la UP, le sonará a usted conocida: que era notable cómo eran nuevas las cacerolas… Lo que El Peje, jefe de Gobierno del DF, respondió a la gigantesca manifestación de blanco que le exigía seguridad y alto al hampa: "Son pirrurris con tenis nuevos".

En el desfile militar por la Independencia, que allá es el 18 de septiembre, vi lo imposible: soldados con uniforme gris y cascos de aire alemán, marchaban a "paso de ganso": la pierna recta se levanta hasta la cintura y se deja caer de golpe, mientras coros de voces femeninas les gritaban: ¡Maricones! ¡Maricones! Y sólo las mujeres, los hombres no se atrevían.

Todos los grupos sociales hacían lo que se les pegaba la gana porque Allende declaraba que "no era represor del pueblo". Tres días no había micros, otro estaba bloqueada la avenida principal por obreros, otro había paro patronal porque los obreros exigían pago de los días no trabajados, en los restoranes la carta mostraba dos o tres platillos, siempre "ave" (pollo). La moneda chilena, el escudo (que eran mil antiguos pesos) ya no valía nada porque la inflación elevaba los precios de un día para otro. El gobierno acusaba a los comerciantes de acaparadores y de ocultar su mercancía. Y los comerciantes lo hacían porque la manzana que hoy vendían en un escudo mañana la debían comprar al mayoreo en dos escudos: las escondían y acusaban al gobierno de medidas inflacionarias y de permitir abusos, robos, saqueos, que la izquierda organizaba contra "los hambreadores del pueblo".

Para colmo, llegó Fidel Castro en visita oficial, que extendió por semanas mientras recorrió, ya solo, desde las minas de cobre en el norte desértico hasta los bosques de pinos al sur, donde hay mucha población de origen alemán. Ya ni salía en los diarios, no era noticia.

Cada clase social tenía razón: se debía impedir el acopio de alimentos, pero también era injusto que el comercio no pudiera resurtirse porque precio y utilidad los había devorado la inflación.

Aquí tenemos gente, algunos de ellos maestros, otros profesionales del sindicato, que exigen su derecho a vender (o sea privatizar) su plaza y rechazan evaluarse. Imagine que son médicos y rentan su plaza en Cardiología. A la CNTE se le va el negocio de vender plazas y ascensos y manejar 10 mil millones de pesos en Oaxaca, con lo que ha hundido el estado al peor nivel educativo de México, que lo tiene malo. Eso es todo. Lo exigen sin vergüenza. Son sus "derechos".

Hoy, 16 de septiembre, el Ejército Mexicano podrá desfilar frente a Palacio. Si, humillado, hubiera debido rodear, ¿habría quien les gritara maricones a los soldados? ¿Para allá vamos?

Disculpa

He escrito decenas de veces que La Quina fue dirigente petrolero caído por equivocarse de candidato del PRI. Cómo se vino a meter junto a La Maestra Gordillo en mi artículo del lunes pasado me resulta un compló. Fui el primer sorprendido al leerme. Disculpen los lectores.