Incertidumbre de la muerte

publicado el 22 de septiembre de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Si algo no es incierto es la muerte. Pero su definición es tan incierta como la vida. Un problema en la búsqueda de vida extraterrestre es que puede asumir formas ni siquiera imaginadas. También ante la muerte tenemos dudas: un dato dejó de ser definitivo hace tiempo: el cese de los latidos del corazón. Vemos en cine o tv casos de pacientes que en cirugía tienen un paro cardiaco y los vuelven a la vida con enérgicos masajes o con un desfibrilador: un par de placas que emiten un impulso eléctrico al corazón. Pero, ¿los resucitan? Decirlo presupone que la muerte había ocurrido al cesar los latidos.

Un diagnóstico de muerte más preciso es la desaparición de la actividad cerebral: una línea quebrada en un monitor se vuelve plana, suena un estridente pitido, enfermeras y médicos corren hacia la cama del paciente, el médico a cargo ordena: tantos miligramos de X... Nada. Llegan con el desfibrilador: cargar a tanto... disparar, el cuerpo salta; otra más, pide el médico. Nada... Al cabo de varios intentos fallidos, ante la pertinaz línea plana del electroencefalógrafo, EEG, se decreta la muerte cerebral. Es la definitiva.

Parece que ya no. "Investigadores médicos de la Universidad de Montreal, Canadá, y sus colegas, han encontrado actividad cerebral más allá de una línea de EEG plana, a los que han llamado complejos Ni (por la letra griega para el sonido ene". El artículo, publicado en PLOS ONE esta semana por supuesto dice Nu, como diría Mu si se tratara de la M griega. No tengo idea del motivo para eso en los angloparlantes: el nombre de esas letras, preguntado a un niño de primaria griego es Mi y Ni. Así que esa actividad cerebral por debajo de la línea de EEG plana es actividad Ni.

Un EEG plano indica falta de actividad cerebral y "no actividad cerebral, no vida posible", señalan los protocolos médicos. "Este gran descubrimiento sugiere que hay una frontera por completo nueva en el funcionamiento del cerebro animal y humano". En Rumania (tierra de Drácula, by the way), un paciente en coma profundo luego de recibir una fuerte dosis de medicamento contra su epilepsia mostró fenómenos inexplicables en su EEG. En vez de clavarle una estaca de madera en el corazón, su médico, Bogdan Florea, "se percató de que había actividad cerebral, desconocida hasta ahora, en el cerebro del paciente", dice Florin Amzica, del equipo en Montreal. No revolvamos: el rumano se apellida Florea, el canadiense se llama Florin.

"El equipo de Florin Amzica decidió entonces recrear el estado del paciente en gatos, el modelo animal estándar para estudios neurológicos": amantes de los gatos: no reclamar a Florea, sino a Florin. Con anestésico, llevaron los gatos a un coma profundo extremo —pero por completo reversible—, aclara la nota. Los gatos pasaron la línea plana de EEG, asociada al silencio completo del córtex o corteza cerebral, donde se asientan buena parte de los procesos voluntarios.

Todos los gatos en coma profundo mostraron actividad cerebral "en forma de oscilaciones generadas en el hipocampo, la parte del cerebro responsable de los procesos requeridos para la memoria y el aprendizaje. Tales oscilaciones, desconocidas hasta ahora, fueron transmitidas a la parte maestra del cerebro, el córtex. Los investigadores concluyeron que las ondas observadas en el EEG, o complejos Ni, eran las mismas que las observadas en el paciente humano".

Estamos, de inmediato, ante un problema legal: muchos países admiten la desconexión de pacientes con "muerte cerebral", y ésta se define por un EEG plano... Pero no hay muerte cerebral si tenemos ondas Ni. Florin Amzica sostiene: "Quienes han decidido o van a decidir 'desenchufar' un pariente no deben preocuparse ni dudar de sus médicos. Los criterios establecidos para diagnosticar muerte cerebral son en extremo rigurosos. Nuestro hallazgo podría quizá a largo plazo conducir a una redefinición de los criterios, pero estamos lejos de eso".

Razón de más para preocuparse, creo...