Los sembradores de odio

publicado el 23 de septiembre de 2013 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Han oído hablar del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971... y se mueren de ganas por tener el suyo. Pero no tienen ni puta idea:

Durante el desalojo del Zócalo, ocupado cuatro meses por la CNTE que exige, entre otras cosas, la liberación de tres secuestradores de los niños Juan José y Alexa Álvarez Benfield, mantenidos cuatro meses en un agujero de 2x2 metros, estuvieron presentes las comisiones de derechos humanos, cámaras de todos los medios, incluidos los afines a la CNTE. Duró 10 minutos. Una operación limpia para permitir la ceremonia del Grito y el desfile militar.

Pero un fulano subió a YouTube su video agazapado desde el interior de un auto: un grupo de personas, en su mayoría mujeres, caminan en ropa de calle y sin nada en las manos. La voz anuncia que estamos viendo soldados en ropa civil y termina con la sentencia: ¡Otro halconazo! Es una vileza: el comando que al grito de ¡Halcones!, atacó la manifestación pacífica y sin bloqueos del 10 de junio, se puede ver hasta en Google: 1. Todos son hombres, 2. Todos son jóvenes, 3. Todos son atléticos, 4. Todos van armados de varas de kendo, arte marcial, 5. Todos llevan el cuerpo impulsado hacia delante, el gesto agresivo, la boca abierta porque van gritando. 6. Muchos llevaban armas de fuego. Sus víctimas quedaron en la calle, muertos y heridos.

En el anunciado "halconazo" 2013 vemos: 1. Mayoría mujeres, 2. Mayoría gordas, 3. Mayoría chaparras, 4. Van caminando y no se ve hacia dónde. Ninguna de tales personas tiene el cuerpo atlético que da el entrenamiento ni lleva las varas de kendo o las armas de fuego de los agresores el 10 de junio. Pero eso no importa: es otro halconazo y ya. En el Zócalo y alrededores no fue necesaria la presencia de ninguna ambulancia: no hubo ni muertos ni heridos. La operación realizada por las fuerzas de Miguel Ángel Mancera y la Policía Federal, fue ejemplar. Gobiernos del PRD y del PRI aplicaron sólo la fuerza necesaria, con profesionalismo.

Eso es lo que a muchos les duele.

En la ceremonia del Grito, pudimos constatar que el presidente Peña Nieto estuvo acompañado de su esposa y los hijos de uno y otra. Pero el pasquín llamado La Jornada de Oriente puso una fotografía de Jorge Álvarez, hijo de un ex funcionario panista, rodeado por jóvenes guapas, y un avión militar al fondo con la canallesca y vil mentira de que se trataba de los hijos de Peña y de su esposa, sacados de Acapulco por un vuelo especial enviado nada más por ellos.

Otros sembradores de odio, despechados por falta de sangre, subieron imágenes de multitudes golpeadas por el mundo entero haciéndolas pasar por la acción en que se lavó la mierda y orina del Zócalo. Si no tienes golpeados, los fabricas y ya. Pero ¿dónde están ahora esos heridos y esos cadáveres? ¿Y las familias reclamando sus desaparecidos? Nada. No hay nada y no lo pueden soportar. Harán lo que sea para conseguir una profecía autocumplida: ya pusieron mujeres y niños frente a vallas de policías: nada. Ya arrojaron bombas molotov a las piernas de la PF, bajo los escudos: nada. Ya los apalearon con tubos: nada.

Golpear trabajadores que ganan en la policía menos que un maestro y no pueden faltar cuatro meses a sus trabajos, ni tres días, sin despido, ¿quedará impune? Es parte de la "lucha", es la modalidad 2013, dicen, del 2 de octubre: una falta de respeto para aquellas víctimas de las que sí tenemos nombres y fotografías de los cadáveres.

Los secuestradores de niños son presos políticos, unas chaparras gorditas son los halcones de hoy, no hay un pliego petitorio puntual porque les da vergüenza; disimulan al pedir, en general, la derogación de todas las reformas en materia educativa y así ocultan que pierden la venta de plazas, el manejo del presupuesto educativo y el derecho a la inasistencia. La Ley Federal del Trabajo no es para ellos. Eso defienden. De ahí que prefieran gritar "no a la privatización"... impulsada por ellos que, en 30 años, no han dado un ciclo lectivo completo en las primarias que asfixian.

 


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