Novedosa arma del ejército egipcio

publicado el 13 de julio de 2014 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

No se ría y haga favor de mostrar algún respeto por las discapacidades mentales del prójimo, pero el ejército de Egipto (más exactamente su Engineering Authority) ha anunciado que tiene un aparato para detectar a distancia infecciones virales, aun a 500 metros, dice la nota que el semanario Science titula: A challenge to pseudoscience.

La invención egipcia se parece a una de esas horquetas que, tomadas con las dos manos, indican dónde hay agua, pero es de metal y se puede sostener con una sola mano. Con una antena recta detecta diversos virus patógenos sin siquiera tocar a la persona. Luego otro aparato limpia de virus la sangre del paciente.

El maravilloso invento militar egipcio, que nos librará de los virus patógenos y de los retrovirus, como el VIH, lo anunció, a principios de este año, la Engineering Authority del poderoso ejército de Egipto.

El detector de virus a distancia capta la radiación electromagnética emitida por el VIH, por el virus de la hepatitis C y hasta asciende a virus el protista de la malaria. Luego una máquina como la de hacer diálisis, pasa la sangre del paciente por un serpentín de material ultra-top-high-secret y elimina los virus.

En Science del 4 de julio pasado, un biólogo egipcio huido de Egipto, Islam Hussein, quien hizo su doctorado en Cambridge, Inglaterra, y ahora está en el MIT, detalla este añadido a la abundante batería de magnetoterapias, gritos primarios, aguas magnetizadas en una pirámide, oooms en flor de loto, cargas de energía “positiva” en el equinoccio de primavera, homeopatías cuyas diluciones producen lo contrario de la sustancia no diluida (y nadie sabe cómo ni por qué), veganos, anti-transgénicos que ignoran que el maíz es transgénico del teocinto y el trigo, la cebada o el centeno lo son de pastos silvestres mesopotámicos modificados por el pueblo de mi recontra-tátara-abuelo, un solo hombre de quien desciende el 70 por ciento de la toda la población masculina mediterránea, misma que llevó consigo ese OGM (organismo genéticamente modificado) al dispersarse en sentido ecuatorial, para hacer pan y cerveza por todo el mundo conectado.

Todo cuanto comemos ha sido modificados en sus genes, todo, quizá con excepción de las verdolagas, por silvestres, es transgénico con ADN modificado por los humanos durante milenios.

El serpentín de material eliminador de virus adaptado a una bomba para diálisis, hace recordar que, al principio de los años 80, cuando el sida no tenía paliativo alguno, se descubrió que el virus causante moría a sólo 60 grados de temperatura, o poco más. Entonces, con un razonamiento válido, un técnico cuyo nombre he olvidado adaptó una máquina de diálisis para sacar la sangre infectada y, en vez de pasarla por los filtros que hacen de riñones, calentarla y, antes de hacerla moronga, regresarla al paciente con los virus muertos del calorón.

El cura-sida anduvo por aquí y por allá. Pero un día se le murió un gringo y la embajada de EU exigió su arresto. No recuerdo el final. Con todo, el razonamiento era plausible: calentemos la sangre a temperatura que no mata los glóbulos rojos ni blancos, pero sí el VIH. Pas mal. Pero no resultó. Por eso los experimentos se hacen con ratones o se hacían hasta las protestas por los derechos de los ratones…

Y ya que hablamos de sida, una mala noticia: la “bebé de Misisipí”, famosa en el mundo por haber sido librada de VIH adquirido sin pecado, acaba de mostrar carga viral detectable luego de 27 meses, dice nota de Jon Cohen en Science del pasado viernes. A las 30 horas de nacida comenzó a recibir un “inusualmente agresivo tratamiento con el coctel de anti-retrovirales” disponible y era el segundo caso documentado de remisión. Su madre suspendió el tratamiento a los 18 meses dado que pruebas ultrasensibles no mostraban presencia del virus. Los especialistas nunca recomiendan suspender el tratamiento.

“Es como un golpe en el estómago”, dijo la pediatra, Hannah Gay, del Centro Médico de la Universidad de Misisipí en Jackson. El reporte de la curación apareció el 7 de noviembre del año pasado en El New England Journal of Medicine.