Asco por la política

publicado en la revista «Nexos»
# 408, diciembre de 2011

 

Las personas están orgullosas de sus posiciones políticas, las suponen respuestas racionales al mundo que las rodea y son reacias a admitir que ciertas predisposiciones subconscientes tengan un papel en ajustarlas. Por esto mismo, reconocer la relevancia de fisiología involuntaria en política puede reducir la frustración ante lo que se percibe como inflexibilidad ilógica de los oponentes políticos y así reducir la hostilidad entre posturas contrarias.

“Después de todo, si las diferencias políticas pueden rastrearse en parte al hecho de que la gente varía en la manera en que percibe al mundo, la certeza de que una visión del mundo particular es la correcta puede reducirse, y así disminuir la insolencia que aviva el conflicto político”.

Los autores de un estudio realizado en la Universidad de Nebraska en Lincoln llegan a estas conclusiones. Sostienen que las preferencias políticas se relacionan con cuánto asco puede soportar una persona ante escenas repulsivas, como la de un hombre con la boca llena de lombrices retorciéndose o un cuerpo horriblemente despedazado pero aún vivo.

En el estudio se midieron previamente las reacciones fisiológicas mientras las personas veían una serie de imágenes agradables y desagradables. “Los participantes que se clasificaron a sí mismos como conservadores, en particular los que dijeron estar contra el matrimonio de homosexuales, mostraron fuertes reacciones fisiológicas cuando se les mostraron imágenes brutales”.

El estudio examina la conexión entre diferencias políticas y rasgos fisiológicos propios de los humanos. “Esta es otra evidencia de que tenemos, muy literalmente, sentimientos en las tripas acerca de política”, dice Kevin Smith, coautor del trabajo publicado en Public Library of Science One.

Como era de suponer, los conservadores respondieron a las imágenes con mucho más intenso asco que los liberales. Las actitudes respecto de matrimonios entre personas del mismo sexo estuvieron altamente correlacionadas. Los investigadores trabajaron con 27 mujeres y 23 hombres que se eligieron de entre un más amplio conjunto de participantes cuya orientación política fue determinada. Con electrodos en la piel se midieron cambios sutiles en la conductividad, indicadores de respuesta emocional.

“La interpretación apropiada de estos hallazgos no es que la biología cause la política o que la política cause la biología (de las respuestas emocionales), sino que ciertas orientaciones políticas, hasta cierto grado, se localizan en nuestra biología, con significativas consecuencias políticas”.

El estudio coincide con un par de fotos de Mara Keisling que andan por Facebook: en una un par de hombres guapos se besan con suavidad, en otra dos niños negros con las costillas apenas cubiertas de piel y bracitos en los huesos estiran las manos pidiendo alimento. El pie dice: “Si la imagen a la izquierda (el beso) te escandaliza más que la de la derecha debes revisar tus opiniones sobre inmoralidad”.

¿Son racionales nuestras decisiones?

“¿Pueden los impulsos que usted heredó de sus ancestros en las cavernas influir sus decisiones financieras en el mundo moderno y dejar consecuencias para toda la vida?”.

Es una pregunta muy irritante. Pero la respuesta que da un equipo de la Arizona State University es: “En una palabra, sí”. Estos investigadores han encontrado evidencias de que un humor pasajero e impulsos profundamente arraigados de hecho nos influyen al tomar decisiones financieras importantes. Los resultados fueron puestos en línea por la American Psychological Association y sugieren que “nuestras decisiones económicas cambian de forma radical cuando tenemos en mente ya sea la sobrevivencia o la reproducción”.

Siempre hemos pensado que nuestras decisiones en todo caso pueden ser erróneas, pero son siempre producto de un cálculo racional que, en el peor de los casos, falla en alguno de sus supuestos. Pero, señala el equipo, en los últimos años los psicólogos cognitivos han revolucionado la economía al demostrar que las decisiones en ese campo son con frecuencia irracionales. Uno de los ejemplos mejor conocidos de estas irracionalidades es el fenómeno conocido como “aversión a perder”.

Los investigadores presentan un ejemplo: “Para un economista racional, 100 dólares valen exactamente 100 dólares, ya sea que los tenga en el bolsillo o en una mesa de juego. Pero docenas de estudios han demostrado que la persona típica pone tanto como el doble en valor psicológico en mantener su billete de 100 dólares en su cartera que si los juega para ganar otros 100.

Examinaron decisiones económicas a la luz de la evolución y así parece que nuestras decisiones pueden sesgarse de forma nada racional. Los estudios aparecerán en marzo de 2012 en el Journal of Personality and Social Psychology. En el primero, se pidió a los participantes, hombres y mujeres, decidir entre arriesgar 100 dólares para ganar o perder otro tanto, o bien conseguir un incremento mucho menor pero seguro. Luego debieron imaginarse en una cita romántica y tomar la misma decisión.

De acuerdo a la autora principal del estudio, Jessica Li, en el cuadro con cita romántica las respuestas variaron según el sexo: en los hombres con este marco de sexo en mente, la aversión a perder desapareció por completo y se visualizaron más las ganancias que las pérdidas posibles. Por otra parte, a las mujeres la motivación sexual las indujo a tener más aversión a perder, las hizo más conservadoras, se enfocaron menos en las posibles ganancias y más en el castigo de perder.

“Desde la perspectiva de la evolución esto tiene sentido porque las decisiones reproductivas son, de forma inherente, más costosas para las hembras, quienes pagan más altos costos en la gestación y la crianza”, concluye Li.

Otra investigación mostró que las mujeres (pero no los hombres) dan prioridad a la posición en la jerarquía de dominio al elegir un posible compañero sexual. Esto significa que los hombres deben aceptar riesgos para obtener una compañera sexual.

Estas diferencias entre los sexos terminan cuando el asunto es de seguridad personal: puestos a imaginar que están solos en una casa durante una noche muy oscura y escuchan que un intruso rompe una ventana, tanto hombres como mujeres se vuelven más conservadores en sus juicios relativos a economía personal.

“Desde una perspectiva que considere la evolución, la aversión a perder no siempre es algo bueno”, dice Douglas Kenrick. “Preocuparse acerca de las pérdidas podría ciertamente haber ayudado a que nuestros ancestros enfrentaran amenazas, pero eso no habría ayudado a que los hombres ganaran en la competencia por sexo”.

Los estudios son parte de un programa de investigación que pone a prueba ideas planteadas en un libro de Kenrick titulado: Sexo, asesinato y el significado de la vida, que trata de cómo la evolución, cognición y complejidad están revolucionando nuestra visión de la naturaleza humana. Kenrick y sus colegas sostienen que nuestros sesgos en la toma de decisiones económicas son racionales, pero a un nivel profundo, diseñado para maximizar el éxito evolutivo.

“Mucho antes de que los pueblos de Egeo comenzaran a acuñar monedas, nuestros ancestros estaban tomando decisiones económicas: colocaban sus escasos recursos de manera que maximizaran la sobrevivencia y la reproducción. La selección natural nos ha dotado a los humanos modernos de una psicología que nos incita a tomar decisiones de formas que han ayudado consistentemente a nuestros genes a sobrevivir, prosperar y replicarse”.

Los autores se adelantan a señalar que sus hallazgos son polémicos porque contradicen el supuesto de que las decisiones económicas en el mundo moderno se determinan en niveles conscientes. Los sesgos que nuestros ancestros prehumanos desarrollaron hace millones de años afectan las decisiones que tomamos hoy y tendrán influencia en nuestras finanzas en los años por venir.