¿Piensan mejor dos cabezas que una?

publicado en la revista «nexos»
# 394, octubre de 2010

 

Si algo no ha faltado en México son opiniones y diagnósticos sobre nuestra crisis de violencia, inseguridad, homicidios, secuestros, desaparecidos. No han pensado al respecto dos ni cien cabezas, sino cien millones: todo mundo tiene algo que decir al respecto. No han sido muchas las recetas para salir del atolladero. Así que vale la pena preguntarse cuándo piensan mejor dos cabezas que una y cuándo la variedad de opiniones acaba por producir un resultado peor.

La Universidad Aarhus, en Dinamarca, tiene un área que estudia la interacción de las mentes: Interacting Minds Project, y ofrece un primer vistazo: en efecto, dos cabezas son mejores que una… siempre y cuando se trate de dos observadores con la misma sensibilidad visual y que se puedan comunicar libremente. “Pero en observadores con muy diversas sensibilidades visuales, dos cabezas son en realidad peores que la mejor de entre ellas”.

Tenemos en México más de 2,100 cabezas, alcaldes o presidentes municipales como les llamamos, con una tarea que claramente los rebasa: detener la ola criminal que se construyó durante 70 años de Estado sin ánimos de aplicar la ley, compadrazgo, venta de posiciones, desvío de finanzas que debieron pagar mejores policías, incapacidad técnica y, lo peor: complicidad abierta con el crimen, cuya profundidad apenas estamos sondeando. La propuesta de crear una policía unificada bajo un mando ha encontrado oposición en esas más de dos mil cabezas. Difícilmente se puede encontrar un caso de buena fe: un alcalde que se oponga por sentirse capacitado para enfrentar cárteles de droga nacionales y transnacionales, mafias con alto poder de fuego y mayor poder de corrupción. Hay, en todo caso, la autoridad que no quiere dejar de serlo, aun a costa del país. Y la autoridad comprada por el crimen para, al menos, dejar hacer.

Un equipo de daneses e ingleses especialistas en neurociencias sostiene algo que es fácil intuir: para llegar a decisiones óptimas, las personas deben compartir información entre sí y, muy importante, sopesar esa información en cuanto a su confiabilidad. “Está bien establecido que personas aisladas pueden sopesar información de forma correcta cuando combinan diversas fuentes de información sensorial. Sin embargo, se sabe poco acerca de cómo ocurre o si acaso ocurre que dos personas puedan combinar información que compartan entre sí”. Para investigar el tema, el equipo examinó la conducta de pares de individuos durante una sencilla toma de decisión a partir de percepción. Se preguntaron cómo señales cerebrales de una misma modalidad sensorial, visión en este caso, se combinan en dos individuos durante la interacción social.

La pregunta es sencilla: ¿puede una persona pasar directamente a otra la información a que ya tuvo acceso? Uno de las viejos problemas de la filosofía, desde los presocráticos. Se midió la sensibilidad visual de las parejas con un método sencillo: veían al primer intento una figura borrosa o hasta el segundo. Así tuvieron una clasificación de observadores más o menos sensibles.

Los resultados de cuatro diversos arreglos experimentales mostraron resultados sorprendentes: la toma de decisiones entre dos personas mejora con respecto a las decisiones individuales, sólo si ambos observadores poseen sensibilidad similar. De trabajos anteriores, el consenso afirma que las decisiones tomadas en grupo rara vez superan las de sus mejores miembros. Los nuevos hallazgos explican esta pérdida de efectividad en el proceso al comunicar la evidencia como una estrategia perfectamente razonable de las personas que componen el grupo. “Todos conocemos muy bien las catastróficas consecuencias de consultar ‘evidencia’ de confiabilidad desconocida en problemas tan diversos como la existencia de armas de destrucción masiva…”.

En conclusión: cuando tenemos dos observadores de similar sensibilidad visual, dos cabezas son en definitiva mejor que una. Pero cuando la sensibilidad visual es muy diferente, dos cabezas fueron en realidad peores que la mejor de ellas. www.sciencemag.org/cgi/content/full/329/5995/1081/DC1

Vino y alcoholismo

Contra las voces que claman por mayores restricciones en sustancias legales, como el vino y los licores, un estudio de la Universidad de Boston demuestra que adolescentes italianos, cuyos padres les sirven una copa de tinto con la comida son menos propensos a desarrollar patrones peligrosos de bebida en el futuro. El estudio, publicado en el journal Addiction, Research and Theory, estudia los patrones de bebida en 160 adolescentes italianos y adultos jóvenes. Los autores, encabezados por Lee Strunin, señalan que el moderado consumo de alcohol en la familia puede nutrir conductas más sanas al beber. “Jóvenes a los que se permite alcohol con las comidas durante su crecimiento tuvieron menor probabilidad de beber cinco o más copas hasta emborracharse”.

En cuanto a las sustancias ilegales, ocurre otro tanto: son millares las personas que “alguna vez” han fumado marihuana y tomado algún psicotrópico sin que eso las conduzca al tobogán de la drogadicción y el crimen. Los homicidios no los cometen los marihuanos, dados más bien a “peace and love”, sino los vendedores que se disputan un mercado ilegal. La legalización no traerá paz entre vendedores, pero la guerra será más similar a la que vemos entre marcas de tequila. Los narcos que ya saltaron a la industria del secuestro y la venta de protección podrán combatirse con creciente eficacia porque el poder de infiltración, que ahora paraliza a las autoridades, dispondrá de fondos menores.

Defensores de la opresión

La libertad para emigrar se reconoce de forma internacional. Pero, en la práctica, dice un estudio de Psychological Science, las personas a quienes se restringe su derecho a emigrar muestran una inesperada reacción: responden con defensa del sistema impuesto en su país. Sólo pensemos en el caso de Cuba. Dice Kristin Laurin, coautora del estudio: “Es deprimente pensar que los pobres, la gente en peor posición a causa de un sistema particular, pueda estar entre los más motivados para defender ese sistema”. El “síndrome de Estocolmo” ocurre en naciones enteras.

Contacto: kchiodo@psychologicalscience.org.

 

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