Pascua: el mito del mito del mito...

publicado el 20 de abril de 2014 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

¿A qué fue Jesús a Jerusalén cinco días antes de su muerte? A celebrar la Pascua, fiesta judía con la primera luna llena después del equinoccio de primavera: un origen agrícola y por ende pagano, solar y lunar, evidente. Y la Pascua (Pésaj en hebreo, quizá del latín pascuum: pastizal: lugar delicioso, fin del ayuno), ¿qué recordaba? La salida del pueblo de Israel de la esclavitud sufrida por siglos en Egipto. ¿Y qué hacían en Egipto?

Resulta que, si una historia conocemos a detalle por estar escrita en piedra, es la de Egipto. Y no tiene registro alguno de un pueblo esclavizado ni de plagas caídas en castigo por no liberarlo. Ni siquiera uno tan terrible como la muerte en una sola noche de todos los primogénitos de todas las familias egipcias, incluido el heredero del faraón. Nada de nada.

Sólo la Biblia dice cómo llegaron allí: En Ur de los caldeos vivía un hombre tan bueno que fue elegido por Dios para formar el pueblo del que nacería el salvador, necesario para redimir a la humanidad del pecado original (la desobediencia de Adán y Eva al comer el fruto de cierto árbol en el Edén: un dios tan tiquis miquis que esa “ofensa” no podía ser lavada con sacrificios de borregos, ni de un humano, sino con el de ese mismo dios convertido en hombre, Jesús).

Dijo Dios a Abram (sin h): “Vete de tu tierra a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande…” Génesis 12. Así llega Abram a Canaán, habitada por cananeos. Pero hubo hambre y fue a Egipto. Este punto es clave: un faraón, apenas adolescente, había urdido la forma de acabar con el poder de los sacerdotes: eliminó a todos los dioses y declaró que sólo había uno y era Atón, representado por el disco solar, pero no era el sol, sino el Creador sin forma. Hizo una nueva capital, Amarna. Introdujo también el realismo en arte pues su cuerpo es el primero que se representa con toda su fealdad: un flacucho barrigudo. Tomó por nombre Akén-Atón.

Allí pudo aprender Abram la idea de un dios único y sin figura. Volvió a Canaán. Su esposa, Sarai, no había podido darle un hijo, así que tiene uno con su esclava Agar: Ismael. “Podéis llamarme Ismael”, comienza Moby Dick.

El Dios único renueva su pacto con Abram (Génesis 17,7) y cambia los nombres: Abraham y Sara. Ésta se embaraza y da a luz a Isaac. Abraham echa al desierto a Agar y a su hijo Ismael. Isaac tiene dos hijos: Esaú y Jacob. Sus riquezas y el pacto con Dios pertenecen al primogénito, Esaú, pastor, peludo y apestoso. Jacob guisa muy ricas las lentejas y es el preferido de mamá Rebeca (hum). Esaú, en broma, ofrece su primogenitura por un plato de esas lentejas. Con Isaac ya ciego, mami urde un engaño: pone pieles de chivo en los antebrazos de Jacob y lo envía a recibir la bendición, las riquezas… y la Promesa.

Jacob tiene doce hijos, su preferido es José, al que le gusta mucho una túnica bordada (hum) y Jacob se la regala. Celosos, los hermanos lo venden como esclavo a mercaderes con rumbo a Egipto. Allá lo compra un rico llamado Putifar, cuya esposa intenta seducir a José; pero éste, joven casto, huye (hum). Ella lo acusa en falso y José va a la cárcel. Allí conoce a dos presos, el copero y el panadero del faraón y les adivina sus sueños. Uno será liberado y el otro ejecutado. El faraón tiene sueños raros y nadie acierta a interpretarlos. El copero recuerda a José y lo llevan a la corte. Interpreta los sueños: siete años de abundancia y luego siete de sequía. Es necesario almacenar trigo. Al faraón le encanta la idea porque le permite un monopolio estatal y hace a José primer ministro.

Hay hambre en Canaán y unos hermanos de José van a comprar trigo a Egipto. Luego llegan todos y en Egipto se forma el pueblo de Israel. Siglos después, Moisés pide al faraón que libere a ese pueblo. Se niega y comienzan las plagas. La última, el Ángel de la Muerte que mata a los primogénitos. Para que no mate a los israelitas, éstos deben velar y marcar sus puertas con sangre de un cordero: primer Pésaj. El faraón cede.

No hay dato alguno de estas calamidades. Peor: la arqueología nos dice que las pirámides no las construyeron esclavos, sino campesinos en sus tiempos libres para ganar la eternidad.

Nada, nada, nada.

 

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