Radiactividad, raza, sexo y violencia

publicado en la revista «Nexos»
número 402, junio de 2011

 

Es muy frecuente que personas con formación en ciencias sociales hagan burla inmisericorde de afirmaciones que parecen no tener mucho sentido a primera vista. Y más si se trata de asuntos raciales o de sexo. (De sexo, porque el género es referencia gramatical: la mesa, el árbol.) Va un ejemplo: los hombres, con independencia de preferencias sexuales, tenemos el dedo índice un poco más corto que el anular. (Grabación de carcajadas estentóreas y gritos: ¡Y eso qué tiene que ver! ¡Eres un estúpido!) Respondo: vean sus manos.

No sé el porqué y no tiene importancia, pero así es. En la evolución no todo tiene una explicación basada en la sobrevivencia: hasta donde puede observarse, no nos ayuda a los varones ser más calvos que las mujeres. Pero un efecto secundario, e indeseado, de la testosterona es hacer a los hombres más calvos que a las mujeres. Y más aún: a más peludos, más calvos. ¿Tiene sentido darwiniano? Creo que no, o lo ignoro. Pero todo peludo es calvo prematuro. Es un hecho. De seguro alguien conoce una excepción. Yo no he conocido ninguna. Y no he revisado a toda la población masculina mundial… pero a buena parte, sí.

Respuestas a la violencia en hombres y mujeres

Las respuestas del sistema inmunitario al estrés crónico postraumático (como el que se da en inmigrantes, en sobrevivientes de guerras y de violencia extrema) es muy diverso en cada sexo, sostienen dos equipos, uno de la Universidad de California en San Francisco y otro del San Francisco VA Medical Center. Los hombres no muestran respuesta y las mujeres la tienen muy fuerte. La respuesta inmune es necesaria para proteger al cuerpo de infecciones y de células cancerosas. Pero una sobreactivación trae consigo inflamación que a su vez puede derivar en enfermedades cardiovasculares y artritis.

Las diferencias por sexo fueron por completo inesperadas: “Esta es la primera ocasión en que se muestra que hombres y mujeres responden de manera diversa al mencionado estrés postraumático en un muy básico nivel biológico”, dice la investigadora principal de uno de los grupos, Lynn Pulliam.

Quien encabeza al otro grupo, Aolife O’Donovan afirma: “Sabemos que los patrones de expresión genética están determinados por hormonas y proteínas que circulan por el cuerpo, y sabemos que en ocasiones se producen en respuesta a señales del sistema nervioso central. Estas vías de señales son empleadas por el cerebro para comunicarse con el sistema inmunitario y decirle a sus células qué hacer”.

Esto plantea una novedosa dirección para la investigación de enfermedades que vienen con la edad y por qué un sexo puede padecerlas más que otro.

Radiactividad y color de plumas

La radiación de Chernóbyl ha reducido la población de aves con plumas anaranjadas. (¿Ya vieron lo que dijo este idiota? ¿Es broma? Cómo puede ser que lo publiquen.)

Pues soy el primer sorprendido, pero, en vez de pasar de largo, sigo leyendo por simple curiosidad si la firma me resulta respetable, y es la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). El peor accidente nuclear antes del reactor de Fukushima destruido no tanto por el terremoto que sacudió a Japón, sino por el posterior tsunami y sus miles de toneladas de agua en aceleración, tuvo lugar en la entonces soviética Ucrania, al noroeste de la ciudad de Chernóbyl.

Cuando uno se encuentra correlaciones entre hechos sin una evidente lógica de causa-efecto lo primero es verificar que no sea una correlación espuria: una posible sería: las aves anaranjadas ya estaban desapareciendo, pero nadie lo había observado hasta que, a causa del accidente, llegó una plétora de especialistas y buscaron daños en humanos, fauna y flora. Entonces descubrieron que los pajaritos naranja disminuían.

Bien, la nota española da una notable relación causa-efecto con la radiación: no es necesario recordar los daños que puede causar la radiación en dosis más altas que las del ambiente natural o de una tomografía. Los investigadores analizaron 97 especies de aves expuestas a diversos grados de radiación.

En la mayoría de las especies (64 de 97) la población disminuyó con los niveles crecientes de radiactividad. “Sin embargo, la población de unas pocas especies (las 33 restantes) se benefició con los efectos de la radiación, quizá debido a la reducción de especies competitivas”, explica Ismael Galván en el journal Oecologia.

Luego el equipo se concentró en la coloración de las aves. Las melaninas, pigmentos que nos protegen de la radiación ultravioleta y por lo que en la playa nos bronceamos, interfieren de diversa manera con la habilidad para resistir los efectos negativos de la radiación. Uno de los tipos de melanina es la feomelanina, que produce plumas anaranjadas o cafés. Ese pigmento consume glutatión, proteína formada por tres aminoácidos y con función antioxidante susceptible a la radiación.

El pigmento naranja interfiere con la resistencia a la radiactividad. Por eso están desapareciendo las aves de color naranja.

Presión sanguínea y raza

¿Hay relación entre color de la piel y presión sanguínea? Es en apariencia una pregunta insensata. Punto final.

Parece otra ridiculez hasta que se lee la investigación realizada en Rochester. Pero veamos, antes, unos antecedentes: cuando los humanos salimos de África, hace unos 80-70 mil años, éramos un grupo homogéneo con rasgos y color de piel muy semejante. Los grupos que emigraron al centro de Asia y de allí giraron hacia la Europa del norte comenzaron a verse afectados por la escasa radiación solar. Es bien conocida la relación entre la fijación del calcio en los huesos, la vitamina D y la radiación solar. Los niños más oscuros morían por raquitismo con más facilidad que los nacidos, al azar de las mutaciones, con piel más clara. Así la selección natural fue actuando para que la piel clara resultara benéfica en zonas de poca insolación y la oscura lo fuera en las de mucho sol.

Eso podría explicar un dato curioso: los negros de Estados Unidos tienen mayor propensión a la hipertensión que los blancos. El equipo encabezado por Kevin Fiscella de la University of Rochester School of Medicine, identificó la vitamina D como parte del rompecabezas y publicó sus hallazgos en el Journal of General Internal Medicine, de la editorial Springer.

La poca vitamina D contribuye a elevar la presión sanguínea. Y los negros tienen notoriamente menos que los blancos porque no les fue necesario, hace 30 mil años, un mecanismo compatible con la poca radiación solar: la tenían en abundancia. Un dato más va en el mismo sentido: los negros de Estados Unidos que habitan en zonas de poca exposición a radiación ultravioleta (UV) tienden más a la hipertensión que los soleados californianos.

Springer. Science+Business Media.

Gimnasia

Hablando en un artículo pasado acerca de diferencias en la tasa de lesiones de futbolistas y futbolistos, cité un artículo que revisa la diversa forma de insertarse de los músculos de la rodilla cuando bajan desde una cadera más ancha (en mujeres) o más estrecha (en hombres). Las futbolistas se lesionan la rodilla un 50% más que los hombres. Y concluí: eso no debe llevarnos a prohibirles el fut, pero sí a que ellas estén prevenidas del mayor riesgo.

Dije que, quizá por lo mismo: inserciones musculares en hombros y pecho, había visto gimnastas maravillosas en ejercicios de paralelas y de banco, pero nunca a una haciendo en argollas algo como el crucifijo. Una lectora me espetó (gran verbo redescubierto por Gil Gamés): Tampoco he visto a un hombre pariendo. Así no vamos a ningún lado: estoy hablando de gimnasia y me responden con magnesia. Hay ejercicios gimnásticos que exigen cierta complexión, otros no. Unos en los que el cuerpo femenino tiene ventaja, otros en que no la tiene. No he visto aún la corredora olímpica tetona que por simple azar debería existir. No la hay.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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