El sembrador de odios

publicado el 03 de diciembre de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Le consta al país entero porque aun los pobres tienen televisor: unas centenas de personas pacíficas en torno al Ángel de la Independencia escuchan con atención a López Obrador: desencajado, falto de aire, a frases entrecortadas: una Gorgona enloquecida a punto del infarto, acusa al nuevo gobierno de la República de estar, en ese preciso momento, "reprimiendo y golpeando estudiantes". Su habilidad retórica, con una sola palabra, estudiantes, invoca el fantasma del 68: es un genio del mal.

Luego vemos la golpiza denunciada, y sí la hay: no más de 50 encapuchados están lanzando vigas enormes, bombas molotov, petardos, piedras con resortera, de todo contra una columna de policías inmóviles, resguardándose con una formación inventada por Alejandro Magno para resistir las lluvias de flechas enemigas: con escudos largos hacen una barrera al frente, la fila de atrás levanta sus escudos a 45 grados y una tercera los pone encima en posición horizontal. Y allí están, entre llamas de las molotov y proyectiles que penetran el caparazón de escudos.

¿Envió López Obrador a los agresores? Quizás no. Pero los envenenó con odio contra la imposición, ya no fraude por imposible, que se logró comprando a 20 millones de electores: 20 millones de mexicanos corruptos y, además, baratos, chafas, vendieron su dignidad ciudadana por una tarjeta con 200 pesos (en un país donde 110 millones de habitantes tienen 90 millones de teléfonos celulares), 5 mandiles, gorras, camisetas y un chivo "que anda por allí", asentó el Notario Público también objeto de las furias jupiterinas de López porque, habiéndole pagado por levantar un listado abrumador de pruebas, dijo que le dijeron y la lista fue ridícula.

La gente escucha en silencio a su Caudillo. De nuevo "represión contra los estudiantes", vocifera la Gorgona y la cabellera de serpientes se le agita. ¿Vio credenciales? No, pero es recurso retórico insuperable, astuto, artero: estudiantes golpeados oootra vez. Los estudiantes del YoSoy132 se deslindaron con un tuit de su sitio oficial: no eran ellos los agresores… Criaturitas… Y se fueron a tomar su choco-milk a casa. Corte y el hotel Hilton destrozado por no más de 40 jóvenes enmascarados: se ve lo joven por su agilidad para romper vidrios, vandalizar cafeterías, sucursales bancarias, Bellas Artes, Banco de México, hoteles. Van a su aire, eludiendo corretizas. Los de ropa negra pintan la A: anarco-vándalos. Un solo sujeto, uno, abolla con un garrote rematado en martillo todos y cada uno de los paneles al parecer de aluminio de una fachada: tranquilo, sereno, impasible, "pacífico", los rompe todos. Policías heridos: 30. Anarcos: 10.

Démosle el beneficio de la duda a López Obrador: él no los envió. Pero tergiversó con gran habilidad retórica lo que todos veíamos. Envenenó con su cantaleta de la imposición sin pruebas a quienes agredieron policías en formación de firmes. Cuando una veintena parecía que iba a llegar a la barrera de escudos saltando las vallas de un metro escaso, desde atrás salían bombas lacrimógenas. ¡A fin una defensa! Y llamaron innecesarias e insultantes las vallas de dos metros, que luego se eliminaron: "¿Qué temen?", preguntaban… Esto.

El Centro Histórico quedó inerme ante quienes aplicaron el mensaje del auto designado Apóstol (Mesías no, Apóstol sí), el lumpen, la carne de cañón del PRD, los anarcos y los furiosos con sus padres y los amargados porque no ven comenzar la guerra de los justos (Gustavo Hirales scripsit), los exasperados con el pueblo mexicano que vota por quien no debe: un centenar, dos, tres, pero destrozaron el centro de México, la recién remodelada Alameda, quemaron muebles, rompieron, golpearon. No se necesita mucha gente para eso. Las imágenes estuvieron en vivo: no llegaron a 500, pero eficaces.

Mientras tanto, a varios kilómetros de los enfrentamientos, el humo y las llamas, en el Ángel de la Independencia, la Gorgona enloquecida temblaba de santa ira por la agresión policiaca, por el pueblo comprado que le negó la Presidencia a cambio de un plato de lentejas, perdía el resuello, enrojecía, el dedito, chiquito pero flamígero, se agitaba al exigir renuncias por esa predicha vuelta del autoritarismo: "Los muchachos", los llama Boba-boba pero Viva-viva, golpeando trabajadores humildes, como llamaba Pasolini, del PC italiano, a los policías.

(Que perdió el ojo el estudiante de la UACM herido por un petardo: la policía no dispara petardos, los llevaban sus compas).

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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