Para la 'Historia universal de la infamia'

publicado el 06 de agosto de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El juez 19 penal, Jorge González (anote el nombre para añadir a la borgeana Historia universal de la infamia), sentenció el 31 de julio a Alfredo Maya Ortiz, ex administrador de la discoteca New’s Divine, a 24 años nueve meses de prisión por corrupción de menores, señala nota de Luis Brito en MILENIO. Será, dado el rigor de la sentencia, que prostituía menores, que los rentaba para pornografía infantil, que alguno murió en una filmación de sado-masoquismo, otros a causa de drogas disueltas en refresco para abusar sexualmente de ellos.

No, nada de eso. En una tardeada el 20 de junio de 2008 su bar vendió cerveza a siete adolescentes. Murieron nueve y tres policías, doce personas, ninguna por embriaguez, sino por acción de la policía del DF, gobernado por Marcelo Ebrard, a quien muchos habíamos llamado buen candidato de la izquierda para 2012 o, ya que no escapó al astuto lazo tendido por AMLO, para 2018.

Murieron a causa de un "operativo" policial sin otro objeto que extorsionar. El comandante pidió a Maya Ortiz informar que la policía ordenaba el desalojo del lugar. Administrador y muchachos obedecieron. Afuera había camiones de la policía para subirlos por la fuerza y llevarlos detenidos. ¿Acusados de qué? De nada: el caso era que llamaran a sus padres y les pidieran llevar 5 mil pesos de extorsión, que no multa, pues no había motivo para multar a los jóvenes.

¿Y los muertos? Cuando los primeros camiones se llenaron de jóvenes, fue difícil controlarlos para que no escaparan, así que los policías de arriba cerraron la salida "porque no han regresado los camiones"... y se les iba el botín: 5 mil pesos por joven. Pero los policías de abajo siguieron presionando a la gente en la escalera de salida. Por esta criminal acción murieron doce personas, nueve adolescentes y tres policías, todos por asfixia en la escalera sometidos a presión por policías abajo e impedidos de salir por policías arriba.

No hubo muertos por falta de salida de emergencia o por tenerla cerrada con cadenas, como en el incendio del Lobohombo, donde los inspectores de Dolores Padierna, delegada en Cuauhtémoc, recibieron su soborno y se fueron a repartir. No, ni incendio ni terremoto ni pánico: el administrador obedeció a la policía, la clientela también.

Quien produjo la tragedia fue la policía y nada más que la policía. Y por afán de lucro, no de protección civil. Las tardeadas se organizan para clientela que no tendrían permiso de sus padres para llegar de madrugada. La cerveza no debe venderse a menores, pero hacerlo no es causal de prisión, y menos por 24 años. Muchos nietos beben cerveza o vino tinto en el patio de sus abuelos los domingos de asar carnes.

El lugar tenía avisos: se debían presentar credencial del IFE al solicitar una bebida alcohólica, incluida cerveza. Aun sin estos descargos en fotos y testimonios, el castigo es una multa, ni siquiera la clausura definitiva del lugar, no 24 años. Aún peor: el dueño del local lo perdió bajo la nueva ley de extinción de dominio... que aplica para narcotráfico.

Ni un solo policía causante de 12 muertes está preso por homicidio y extorsión. Ni uno solo. ¿Por qué la orden era detener a los jóvenes? El menor que bebe cerveza no comete ningún delito, lo comete quien se la vende. Cuando una familia va a comer a un restorán y pide cervezas o tinto, ¿debe el propietario controlar que los padres no le sirvan medio vaso a un joven de 17 años?

Como ocurrió a Carlos Ahumada: la venganza del poder, cuando el PRD se siente cogido en falta, es monstruosa. A Ebrard, jefe de policía durante el gobierno de AMLO, le quemaron vivos en Tláhuac a dos jóvenes investigadores que vigilaban una guarida del EPR. Llegó la TV. Pero no la policía de Ebrard. La delegada, una tal Fátima, vio a la gente enardecida y salió de prisa, taconeando, porque "urge levantar un acta". Canalla. Hay allí delitos por omisión: la delegada que huyó, y Ebrard, incapaz de mandar un helicóptero a lanzar gases lacrimógenos. Eso o dos disparos al aire habrían salvado a los muchachos. La TV no se atrevió a transmitir las imágenes de los jóvenes quemados vivos.

Como en Naranja Mecánica, Fátima y Ebrard deberían ser forzados, con pinzas para mantenerles abiertos los párpados, y atados, a ver y oír a los quemados vivos, una y otra vez, y que por el resto de sus vidas no puedan volver a dormir sin esa pesadilla.

Y es la izquierda civilizada...

 



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