Las histerias colectivas se modernizan

publicado el 22 de julio de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Una histeria colectiva dio tema a Arthur Miller para su obra teatral Las brujas de Salem. En 1692, en el pueblito de Salem, Massachusetts, una joven, sin motivo aparente, comenzó a torcer las manos hacia adentro, llora, se tira al suelo, profiere incoherencias, tiene mirada perdida y aterrorizada: más allá de toda duda razonable, está poseída por Satanás. Se confirma cuando, pronto, no es la única y otras comienzan a retorcerse y a proferir voces incomprensibles, el contagio alcanza a unas dos docenas de mujeres. No hay remedio: deben quemarlas vivas para salvar sus almas. Y eso hicieron las autoridades de esa colonia británica.

El Skeptical Inquirer, revista bimensual de la mayor organización de escépticos, trae en su número de julio/agosto, un notable ensayo al respecto: Mystery Illness in Western New York. Algunos datos ofrecidos por el autor, Robert Bartholomew, son inesperados: en todo el siglo XX, sólo se tiene registro de cuatro escuelas con tales síntomas; pero en una sola década del siglo XXI "esta forma de enfermedad psicogénica ha aparecido en tres escuelas de EU. Podría ser que estuviéramos atestiguando una piedra miliar en la historia de las enfermedades psicogénicas, donde los nuevos vectores son la Internet y las redes sociales", FaceBook, Twitter, YouTube y otras.

El caso más notorio es el de la Le Roy Central School, Nueva York oeste, donde 27 mujeres jóvenes han padecido temblores, tics faciales y dificultad para comunicarse entre 2011 y lo que va del 2012. Con frecuencia los síntomas desaparecían en casa y volvían en la escuela.

Una explicación médica es el estrés: "Puede afectar los nervios y neuronas que envían mensajes entre áreas del cerebro y a los músculos". En ocasiones hay estado similar al trance y amnesia posterior. El autor lo llama "trastorno de conversión" y en algunos aspectos se asemeja a lo que Freud llamó "histeria de conversión". "El caso Dora" es quizá el más conocido de los presentados por Freud. Es un caso extremo de las defensas levantadas por el inconsciente contra deseos intolerables, inadmisibles para la persona. La conversión es un símbolo, como lo son las fobias. La diferencia entre los casos de Freud y los trastornos de conversión escolares es que éstos son transitorios.

"En 2002, una misteriosa enfermedad barrió una escuela secundaria en la Carolina del Norte rural. Diez muchachas tuvieron convulsiones al inicio de un nuevo ciclo escolar". Había otros síntomas, dolores de cabeza y sensación de cabeza ligera, destellos en la vista, músculos torcidos, aturdimiento. La enfermera de la secundaria observó que nada de eso se ajustaba a las convulsiones epilépticas que ella hubiera visto. Otra rareza: las manifestaciones casi nunca ocurrían en clase, sino en el corredor entre salones y cafetería, o en el patio durante el recreo.

En 2007, una epidemia de miembros torcidos, dolores de cabeza y desvanecimientos se reportó en la William Byrd High School, en Virginia. Al menos nueve niñas y una maestra resultaron afectadas. No había entre ellas ningún común denominador, ni siquiera el salón de clase.

En febrero de este 2012, las niñas afectadas de la escuela Le Roy, en Nueva York, llegaron a 15. Hubo un niño con iguales síntomas. Algunas niñas no podían completar una frase sin dejar palabras incompletas. Se pensó en un accidente ocurrido en 1970, cuando un tren descarriló en Le Roy y derramó productos químicos. Se plantearon otras causas: infecciones, pesticidas, campos magnéticos, experimentos del gobierno, deficiencia de magnesio... El New York State Health Department avisó que no encontraba causas en el medio ambiente.

A principios de enero de 2012, el neurólogo Lazslo Mechtler, quien trataba a varias de las niñas, sostuvo que se trataba de "histeria en masa". Los padres de las niñas pusieron el grito en el cielo, con lo cual pudieron incrementar el estrés de las niñas. El Departamento de Salud neoyorkino empeoró las cosas con su alarma, pero tenía razón en un aspecto: no se veía cómo un agente tóxico afectara nada más a niñas. El asunto pasó a los medios y se alegó el derecho a la privacía de las enfermas contra el derecho del público a saber. Fue evidente que la forma en que se transmitían los síntomas de una joven a otra eliminaba toda causa orgánica o ambiental. La ambientalista Erin Brockovich atrajo mayor atención y las imágenes pronto estuvieron disponibles en YouTube, Twitter y FaceBook.

Para el experto en conversión, Paul Cropper, la niñas de la escuela Le Roy podían no conocerse, pero "pudieron compartir el hecho de sentirse "invisibles", excluidas, rechazadas y por eso mismo con un alto nivel de estrés que, ya se vio, afecta vías nerviosas y neuronas. "En cuanto aparece el Caso 1, se vuelve una invitación pública para todos a unirse a este exclusivo club de protesta: las víctimas de los tics".

Hum... ¿Y nuestras histerias en Twitter?

 

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