El fraude es imposible; la compra-venta, no

publicado el 25 de junio de 2012 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El senador Pablo Gómez jamás ha votado ni puesto pie en una casilla. Sólo así se explica el método fantaseado por él, en MILENIO del viernes 22, para cometer el anunciado fraude electoral: "La operación tamal la hemos visto en muchos lugares del país. Desde temprano se concentran votantes en alguna casa, se les da el desayuno —de ahí el término de tamal— y se les va enviando a las casillas durante toda la mañana. El primer votante regresa a la casa de concentración con la boleta en blanco y allí se cruza a favor del PRI [o del PRD, ¿no?], el segundo elector introduce en la urna la boleta antes marcada y entrega a su regreso la suya propia en blanco, el último votante acasillado deposita dos boletas".

Y ese primer votante ¿cómo hace para salir ante funcionarios de casilla, escrutadores, representantes de partidos, observadores nacionales e internacionales, los del Soy132, sin depositar voto alguno en la urna vigilada por 30 pares de ojos? No puedes llevarte esa primera boleta ni depositar dos, a menos que vayan dobladas juntas y entonces, al abrir la urna y encontrarlas así se evidencia el fraude. De ahí el nombre tamal, no del desayuno. Era un tamal porque tenía muchas hojas dobladas juntas. Es físicamente imposible que boletas metidas una a una se ensamblen solas en un tamal dentro de la urna. El solitario PAN pedía anulación. Le respondían echándolo a la calle.

Eran los tiempos de elecciones organizadas por el PRI desde la Secretaría de Gobernación, en 1988 por Bartlett, hoy candidato a senador por la "izquierda" de AMLO. Todos los funcionarios de casilla eran nombrados por el PRI.

Eso se acabó. ¿Es tan difícil de entender? No lo permitirán los funcionarios de casilla, todos ellos vecinos elegidos al azar. Ni los observadores que, afirma AMLO, cubrirán todas las casillas. O se venderán todos, como acusó en 2006 a su propia gente. Y no debe haber ni uno sólo, en sus declarados dos millones, que se niegue y denuncie.

Lo que sí ocurre es la compra de votos. Lo hacen todos los partidos, pregunten a los Bejarano-Padierna y sus métodos en el DF. La enorme diferencia es que en este delito electoral hay un ciudadano que participa. No es menor el asunto de los celulares con cámara fotográfica: si me llega la foto con mi partido cruzado (no sólo el PRI puede pedirlo), te entrego los prometidos pesos. Para que haya un corruptor debe haber un corrompible.

La solución es sencilla si el votante es forzado por algún partido, digamos que arriesga su trabajo: toma la foto con el partido corruptor cruzado, la envía, luego tacha todos los demás: la boleta se anula. A futuro, la ley debe adecuarse a los nuevos tiempos y si ya prohíbe entrar a la casilla con armas, para otra elección se puede prohibir los instrumentos que permitan fotografiar la boleta. Por ahora no pueden funcionarios de casilla evitar lo que la ley no prohíbe.

Habrá ése y otros vericuetos de la tecnología, hoy no previstos en la ley. Pero siempre que alguien corrompe hay un corrompible. No imagino a un ciudadano japonés aceptando yenes por su voto.

No es el único peligro la compra de votos. También los candidatos pueden lanzar "fango sobre la democracia", según el buen título de Roger Bartra, ex miembro del Partido Comunista. Jorge Fernández Menéndez en Excélsior: "López Obrador perdió por medio punto, mientras que Angela Merkel ganó su primera elección como primera ministra de Alemania por unos dos mil votos y nadie protestó; Al Gore ganó la elección de 99 en EU, pero terminó perdiendo la presidencia en un proceso mil veces más confuso y cuestionado que el mexicano y no se está cortando las venas desde entonces o denunciando el supuesto fraude. En las democracias se gana o se pierde."

Terminado el reparto de materiales para la elección, "el IFE se disuelve: ha puesto en manos de ciudadanos toda la parafernalia necesaria para que se lleven a cabo las elecciones", señala en Reforma José Woldenberg. Ante la natural suspicacia de los mexicanos, causada por 70 años de fraudes, "la respuesta fue diseñar un método que deja en manos de cientos de miles de ciudadanos la recepción y cómputo de los votos de sus vecinos, vigilados por los representantes de los partidos. Se trataba y se trata de una sola cosa: transparentar el cómputo de los votos para construir confianza", concluye quien estuvo al frente de ese diseño.

Todo voto por Quadri es un remache al partido del Elba Esther. No se lo des. Tampoco a otros partidos-negocio: Verde, PT, MC.