Los rituales tranquilizan

publicado el 25 de septiembre de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

¿Por qué la gente cree cosas tan raras? Los tibetanos, a la muerte de un Dalai Lama, andan, como los fantaseados reyes magos en busca de Jesús, escrutando los cielos y la tierra para descubrir en qué recién nacido reencarnó; los judíos ortodoxos no mezclan carne con lácteos, y hacen bien, porque juntos son indigestos, pero los kósher estrictos llegan a extremos de no usar los mismo platos, aunque estén lavados, ni la misma esponja que lavó un plato con yogurt lava otro con restos de albóndigas; los católicos creen (y si no creen se van al infierno) que Dios tiene tres personas y es uno, que los papas son infalibles bajo ciertas circunstancias (que se cumplieron todas en la canonización de un indio de cuya existencia no hay rastro algo ni nadie dijo que hubiera visto apariciones hasta 120 años después de la fecha del milagro), que la hostia es el cuerpo de Jesús... ¡Y se lo comen!!!

Los que somos obsesivo-compulsivos revisamos tres veces que cerramos el coche; yo no logro leer un libro sin un lápiz en la mano... para corregir erratas ajenas en un libro ya impreso cuyo autor no conozco.

Es que los rituales tranquilizan. Vean católicos rezando el santo rosario: taca tataca tataca tataca..., a judíos haciendo caravanas separadas por cinco segundos ante los restos del templo de Salomón, a musulmanes empinados todos al mismo tiempo en la mezquita. Y hay las versiones laicas: los griegos usan unas bolitas, como un rosario chiquito, pero deslizables en una cadena o tira de cuero, para juguetearlo entre los dedos, el komboloi, para no meter las manos en los bolsillos y juguetearse otras pelotas.

"¿Qué tienen en común un humano obsesivo-compulsivo, una estrella del básketbol y un animal salvaje cautivo?" Es la pregunta que se hacen investigadores de la Universidad de Tel Aviv y responden: comparten un tipo de conducta que reduce el estrés. Las letanías, comunes a la mayor parte de las religiones son sinsentidos: unos dicen Ooommm... otros Estrellamatutina ruegapornosotros, Arcadelaalianza ruegapornosotros y se va convirtiendo en un rumor estrellmatutín, rgaprnstrs... Así se induce un rico sopor, se olvidan las deudas, la violencia en Veracruz y Monterrey, el posible despido, la posibilidad de que Peña Nieto gane las elecciones en 2012, la aún peor de que reviva el muerto Peje...

En el estudio citado, David Eilam e Hila Keren afirman que toda conducta repetitiva y en especial los rituales no son fenómenos exclusivos de los humanos, sino de todo el mundo animal. Concluyen que "las conductas rituales tanto en humanos como en otros animales se desarrollaron como una forma de calmar y manejar el estrés causado por lo impredecible e incontrolable porque así elevamos nuestra creencia en que tenemos control de una situación que de otra forma se nos iría de las manos".

En colaboración con Pascal Boyer de la Universidad Washington y Joel Mort del U.S. Air Force Research Laboratory, se publicó en Neuroscience and Biobehavioral Reviews.

Casi cualquier actividad humana o animal puede dividirse en tres partes, sostiene Eilam: preparatoria, funcional y confirmatoria. "El aspecto funcional se define por las acciones específicas que deben ocurrir para así completar la tarea. Pero las acciones preparatorias y confirmatorias –etiquetadas como cabeza y cola— no son estrictamente necesarias para concluirla".

El equipo analizó videos de gente al momento de completar tareas comunes: ponerse una camisa, echar llave al auto o hacer café, y también basketbolistas completando un lanzamiento libre. "En el caso de éstos, lo único que necesitan hacer para completar su acción es arrojar el balón. Entonces, ¿para qué las conductas rituales precedentes, como botar el balón precisamente seis veces?" La explicación del equipo es que la rutina ejecutada momentos antes de lanzar el tiro es un método para enfocarse en la completa concentración y control de sus acciones.

En el contexto de las actividades cotidianas, cabeza y cola de una tarea se distinguen con facilidad de la acción funcional que va en medio. Los boxeadores de todas las variedades cristianas se persignan al sonar la campana de inicio, también los futbolistas al entrar al campo. En el obsesivo-compulsivo se observan más actividades de final y en los deportistas más de principio. Éstos las emplean porque no están seguros de realizar una tarea como encestar o meter un penalti. Hay después una clara señal de tarea terminada, acertó o no. En el obsesivo-compulsivo no la hay y puede lavarse una y otra vez las manos porque no tiene una referencia externa que indique "absolutamente limpias". Así que se engancha en más actividades de cola, de ahí las complicadas rutinas pues nunca hay total certeza de que la tarea haya terminado: ¿Cerré el coche? Lo compruebo tratando de abrir, una vez más, la portezuela. Recordemos a Jack Nicholson evitando pisar rayas y enfrentado a un horrible dilema cuando los cuadros son más chicos que un pie.

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.