El lado positivo de la tragedia

publicado el 19 de septiembre de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

A Carlos Marín, por su desigual pelea con jueces que sin pruebas encarcelan cuatro años a un inocente y dejan libre a un culpable reconocido por sus víctimas.

 

Me llegó este correo que anda por Internet, donde lo usual son los melcochazos Power Point que producen diabetes con frases de manual de autoayuda. No trae firma, pero es de un regiomontano que menciona los cambios en su ciudad y en sus vidas. Me conmovió mucho y lo comparto.

Los norteños tienen fama de ser especialmente irrespetuosos y broncos y eso lo recubren como "sinceridad". Por eso me asombra este correo. Un gran cambio para bien. Una ciudad más civilizada y habitable. Nada hace tanto daño como el roce diario: en Guadalajara, que si el taxista pondrá el taxímetro, que si el chofer de transporte urbano esperará a que uno suba o baje el segundo pie o dará el arrancón porque trae prisa.

El PAN, en 17 años, no ha podido siquiera organizar el transporte público. Meten inútiles controles electrónicos de velocidad cuando lo más sencillo es no pagar al chofer por pasaje porque se lo arrebatan entre sí, penalizar la llegada adelantada a la terminal, y no el retraso. No pagar al chofer por correr. Eso bastaría.

La constante irritación se siente más cuando uno ha pasado un tiempo en países donde se da por sentado que el peatón cruza con sólo ver la señal en verde y ya. No pone en duda si los autos que dan allí vuelta le cederán el paso. Civilización, eso se echa de menos al volver.

Va el texto:

1. Hoy volvimos a manejar con cortesía, nadie se mete entre los carros, no se oyen maldiciones de carro a carro y no es porque de repente, en Monterrey, aprendimos a manejar correctamente, sino que ahora nadie te agrede si vas despacio o no hiciste lo correcto, no se oye el claxon con recordatorio maternales, respetamos mejor las reglas de tráfico, nos hemos vuelto más tolerantes, menos irritables en las horas pico.

2. Volvieron los domingos familiares, comidas caseras con la familia extensa, llamamos más a los parientes lejanos y los que están fuera están más pendientes de los de aquí. Queremos saber si la tía está bien y si las primas traerán a los nuevos miembros de la familia para que juntos celebremos la vida.

3. Por la noche cenamos juntos, nos recogemos temprano, nos desvelamos menos, nos sentimos más seguros en el hogar que en las calles.

4. Las madres están más pendientes de los jóvenes, ya no importa si no traen ropa de buena marca o carro último modelo; ellos a su vez están más conectados con la actividad en casa y prefieren vivir con sencillez.

5. Los estudiantes se reúnen a estudiar y eso hacen. Temprano regresan a casa y permiten que los padres los recojan.

6. Andamos más en grupos, somos más serviciales, nos agrupamos entre iguales, ya no más llaneros solitarios. Los esposos acompañan a su esposa a las compras del mandado o los hijos no dejan ir solas a sus madres.

7. Dejamos recados en el refrigerador de dónde estamos, con teléfono y dirección, conocemos más a los amigos de nuestros hijos y permitimos menos que se queden fuera de casa.

8. En fiestas de cumpleaños, gozamos los juegos de mesa y la bohemia con guitarras o karaoke.

9. Le bajamos de volumen al estéreo. NO más música de banda y narco-corridos, y somos incapaces de molestar a un vecino.

10. Si alguien no llega a tiempo a una cita lo buscamos y nos aseguramos de que esté bien. Hasta los doctores llaman a sus pacientes.

11. Evitamos los anuncios luminosos y los espectaculares y la música publicitaria estruendosa, así que le bajamos a la contaminación visual y auditiva.

12. En los negocios de servicio, se redoblaron los esfuerzos para captar clientes y te atienden como rey en todas partes, en los bancos hasta te hacen buena cara, en los restaurantes se pulen mucho en el servicio y en la sazón y qué decir de los precios: hay promociones en todos los negocios que han sobrevivido y que compiten por pocos pero fieles usuarios.

13. Todos cuidamos nuestros trabajos, bendecimos a nuestros empleadores y la calidad y la excelencia al fin tienen su justa dimensión.

14. Las cosas cambian y nosotros también, las iglesias están llenas, todos estamos buscando a Dios. Sabemos que necesitamos un milagro. Oramos más. Cuidamos los amigos que aún nos quedan aquí. Todos apreciamos lo que tenemos. Agradecemos cada día la vida y lloramos nuestras pérdidas. Y seguimos aquí, en esta tierra que bendecimos y amamos.

De cómo una bellísima mujer hace todo por destruir su vida, y casi lo consigue: Olga (Planeta, 2010).