La desigualdad no importa

publicado el 25 de abril de 2011 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Desigualdad y pobreza no van juntas. Los medidores de desigualdad dejan de tener importancia cuando los de pobreza van desapareciendo. Veamos: cada que Slim tiene mil millones más, aumenta su desigualdad respecto de usted o de mí. Pero no tenemos que hacer modificación alguna en los gastos: compramos los alimentos de siempre y no vamos por camisas al Baratillo si conservamos los mismo honorarios. Afecta, y mucho, la inflación: que el tomate esté a 35 pesos cuando llegó a estar a maravillosos 8 pesos, me lleva a no ofrecer tomates rellenos si invito una comida.

Esto es: me tiene sin cuidado el aumento de la distancia entre Slim y yo. Ni cuenta me doy si no lo leo entre las noticias y será difícil que le preste atención. Lo mismo le ocurre a cualquier persona, incluidos los más pobres. Y los que rebasamos cierta edad, hemos visto cambiar para mejorar, los niveles de pobreza. Pero decir esto siempre es mal recibido. Debe uno clamar al cielo que vivimos un jamás visto incremento de pobres y que la miseria se extiende.

El aumento de la desigualdad no tiene repercusiones y la mayoría ni se entera porque los ingresos de ricos y pobres no son del tipo "suma cero", lo que Slim gana yo no lo pierdo, ni usted, no se lo arrebata a nadie. Y, por el contrario, el nuevo museo, la nueva empresa, las nuevas oficinas, son fuentes de trabajo. Quienes sí nos afectan son los sindicatos de empresas del gobierno cuando logran "conquistas laborales" que todos pagamos, como ocurre con Pemex, única petrolera en quiebra; con la estafa del SNTE y la engorda de burocracia bajo el panismo. Nos roban. Pero no hay mejor ejemplo que la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, con un contrato colectivo que llevó a la quiebra a la empresa porque eran necesarios cinco trabajadores para realizar la tarea de un solo trabajador de la CFE, que tampoco es modelo mundial de productividad. Las noticias perdidas en la Semana Santa señalan que son necesarios cinco mexicanos para hacer el trabajo de un irlandés.

Es que aquí, saben ustedes, hubo una revolución que dio el poder a los oprimidos (sale grabación con carcajadas estentóreas). También nos roban los despilfarros para compra de clientela electoral. Lo que ha denunciado la rectora de la llamada Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), Esther Orozco, entrevistada por Denise Maerker, es robo a los capitalinos que pagan impuestos: en 10 años esa fábrica de carne de mitin ha titulado 47 jóvenes, en los cuales se gastó el GDF 5 mil millones de pesos... de los contribuyentes. Dinero que no pudo ir a entubar el Canal de la Compañía que año con año inunda Chalco de aguas negras, ni a pagar mejores policías y entrenar investigadores en criminalística.

Y según las notas al respecto en la UACM allí es un insulto llamar a alguien "eficientista"; es que, novedad de su catecismo lumpen, buscar eficiencia y eficacia en el uso del dinero público es burgués. Podrían haber copiado de Cuba las exigencias que debe plantearse toda universidad pública. Algunos comentaristas han dicho que a ese precio, los 47 titulados podrían haber pagado su carrera en Harvard, yo añadiría que además con un penthouse en Boston en vez de residencia de estudiantes.

Sólo en un detalle fallan: ni Harvard ni universidad alguna entre las más prestigiadas del mundo es solamente cara: también tiene los más elevados requisitos de admisión. Eso significa que para ir a Harvard no basta con tener 5 mil millones de papi contribuyente capitalino que paga impuestos por su estanquillo. También se deben pasar exámenes rigurosos y nadie puede hacer en 14 años una carrera de cuatro, como Manuel Andrés en la UNAM, aunque esté pagando una fortuna al semestre.

Durante todo el siglo XX nos propusimos reducir la desigualdad acabando con los ricos en vez de acabar con los pobres dándoles oportunidades de mejorar. Y sólo conseguimos elevar el resentimiento social. En una escuela primaria pública era un insulto llamar rico a un niño. Se unieron el cine, la canción, el muralismo, los libros de texto y los sermones laicos del PRI, alimentado por diversas izquierdas, para convencernos de que el dinero y el éxito son muestras de pecados contra los pobres. Fue la retórica desde Obregón, Calles, Cárdenas y Luis Echeverría, hasta el neo hippie que predica su evangelio de amor y melcocha y que los siglos venideros llamarán, a imagen del Galileo, el Macuspano.

Una revisión: Las mentiras de mis maestros (Cal y Arena) 10ª reimpresión.

 



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