Un rector en ayunas

publicado el 21 de diciembre de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

El rector de la UNAM, José Narro, es la prueba viviente de su última declaración: no se puede aplicar la prueba ENLACE a todos los alumnos del sistema educativo porque no es igual quien llega desayunado que quien pasa hambre, el joven con una familia que posee libros que aquellos para quienes son objetos no vistos. La medicina y la psicología saben, de antiguo, que la mala alimentación produce daño cerebral. El rector Narro fue de los que no desayunaban o contrató como jefe de asesores al Mosh.

Hacía muchos años, desde la huelga de un año encabezada por el supradicho Mosh, que nadie le ponía al prestigio de la UNAM un golpe tan rudo como el asestado por el rector ayunante. Ya lo sabíamos: la educación que reciben los alumnos de universidades privadas es muy superior a la que medio llega a los alumnos de la UNAM entre maestros faltistas, empleados con ausencias al trabajo garantizadas por el régimen sindical, pase automático, exámenes sin rigor porque una huelga derogó los exámenes departamentales y quedaron a voluntad del maestro barco, exámenes extraordinarios sin límite, y "cuotas" de veinte centavos que causan el aplauso de los alumnos cuando el maestro les "regala" una o muchas horas sin clases: nadie cuida lo que no le cuesta.

Si Narro tiene todavía algún asomo de lógica, no sólo se negará a las evaluaciones por una herramienta estandarizada nacional con amarres internacionales, deberá establecer bonos de puntos para los alumnos que llegan sin desayunar y en camión, menos para la cohorte desayunados con camión, nada para desayunados y con auto. La mayor exigencia se destinará a los que, además de lo anterior, tengan padres lectores y casa con libros.

Ahora pasemos al mundo externo, fuera de la autonomía: las empresas deberán tener, igualmente, normas de selección diferenciadas para sus ingenieros, biólogas, astrónomas, dentistas y personal médico, ya que no es lo mismo el que... bla, bla, bla... Pero, ya contratado ese personal, los usuarios de servicios deberemos exigir que en su gafete (la e final se pronuncia, aclaro para los ayunantes) estuviera claramente marcado: "Cirujano de la UNAM con puntos abonados a sus exámenes por desayunos saltados y libros ausentes del hogar".

Digo, porque a mí me tiene sin cuidado si el cirujano que me sacará un tumor canceroso de la médula ósea fue pobre, si le urge cobrar la operación, si sufrió huelgas intermitentes del sindicato y del décimo quinto CEU por nuevas conquistas estudiantiles. Me tiene sin cuidado si no pudo terminar Medicina hasta los 38 años porque trabajaba de noche para ayudar a su pobre mamá. Me importan únicamente sus frías y neoliberales habilidades en el quirófano y que no deba avisarle una enfermera biencomida, rata de biblioteca, que la médula está adentro del hueso y no en ese hueso que revisa el hambreado en la infancia porque el fémur no está en el brazo.

La UNAM fue puerta de ascenso social mientras se mantuvo rigor sin falsas lástimas: un ingeniero y un médico de la UNAM eran garantía como profesionistas. Ya no lo es: la pendiente comenzó con el CEU de 1986.

Es de flojera repetir estos lugares comunes, pero no se pueden dejar pasar las declaraciones del rector, aclamables de forma unánime en la asamblea general del CCH Oriente y votables por unamimidad.

¿Cómo llegamos a semejante infantilismo izquierdizante? Va una hipótesis de trabajo: cuando las niñas bien se ufanaban de serlo, nos veían a los rojillos con menosprecio.. Un buen día se puso de moda el "discurso", así dicen, del lumpenaje que en la izquierda dejamos crecer porque eran pobres, y un lenguaje abaratado, salido de los resúmenes en dos cuartillas de un resumen de marxismo en 150 páginas, pasó a las asambleas. De ahí saltó a la moda y resultó primero muy nice, después muy in, luego muy chic hacer referencias a los pobres, a la desigualdad social y a la deshumanizada meta de exigir lo mismo a todos los ingenieros y a todos los médicos.

Caló hondo la moda por el sup Marcos, por el Peje. Y un buen día resultó que las niñas y niños bien que nos veían feo por rojillos nos comenzaron a mirar feo por "traicionar" las que, a juicio de ellos, eran nuestras ideas, ideas que estos chavos de la Ibero resumen con poca lucidez en frases plomizas de algún manual de marxismo no leído.

Lo único que me resulta satisfactorio es que estábamos en trincheras opuestas... y lo seguimos estando.