Estas fiestas nos matan

publicado el 13 de diciembre de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

No es necesario ser Ebenezer Scrooge, el envidioso avaro de A Christmas Carol o Un cuento de Navidad, de Dickens, para detestar el mes de fiestas que comenzó ayer con las peregrinaciones al prehispánico santuario de la diosa Tonantzin que tan sospechoso le pareció a fray Bernardino de Sahagún, nuestro gran historiador inmediatamente posterior a la Conquista. Llegó a la sensata conclusión de que esa devoción es "invención satánica" para disimular la antigua idolatría pues, dice, habiendo tantas casas dedicadas a Nuestra Señora, los indios no van a ellas, y vienen desde lejanas tierras al Tepeyac, donde estuvo el ídolo de sus tiempos paganos.

El Journal of Leukocyte Biology avisa y previene que las reuniones de familia ampliada y su natural estrés nos cuestan mucho en leucocitos y nos matan poco a poco. Recordemos, el leucocito (de levkós = blanco en griego) es el nombre genérico de nuestras células defensoras, conjunto que llamamos sistema inmunitario.

En su número de diciembre publica las malas nuevas: los Scrooge tenemos razón de huir, y no por codos ni tacaños, sino para defender nuestras defensas amenazadas por tías y tíos, primos, cuñadas y otros parientes que en todo el año no buscamos precisamente porque ningún placer nos produce el encuentro, pero en este mes de fiestas aparecen con tiernas sonrisas porque se llaman Guadalupe, o vienen a nuestra posada, cuando no se invitan a Navidad, y luego nos abrazan en Año Nuevo y traen una rosca llena de muñecos de plástico para sopear con chocolate el 6 de enero. Todo un mes al ritmo adormecedor de Silent Night, que resulta preferible a las tonadillas españoletas con cascabeles que piden "A Belén, a Belén, vamos todos a Belén..." y uno a donde quiere irse es al carajo.

Pues sepa usted cuánta razón tenemos Scrooge et al.: "Demostramos por primera vez que el sistema nervioso controla la policía central de las células inmunitarias, llamadas células T reguladoras", dice Robert Cone, quien encabeza la investigación realizada en su laboratorio de la Universidad de Connecticut. Y esas células T son, nada menos que los pinches linfocitos T que se joden entre el VIH y la prima insoportable desde niña. Hay interacciones entre estos dos sistemas, inmunitario y nervioso.

El descubrimiento lo hicieron Cone, Sourojit Bhowmick y sus colegas al inyectar a ratones con una droga llamada 6-hidroxidopamina (6-OHDA), una neurotoxina que se emplea para matar de forma selectiva las neuronas productoras de dopamina, induciéndoles apoptosis, muerte celular. El equipo de Cone cortó de esta manera los enlaces del sistema nervioso simpático localizados en diversos órganos. A otros ratones les inyectó una simple solución salina para tener un grupo control.

Los ratones que recibieron 6-OHDA, al quedar sin enlace entre los sistemas nervioso e inmunitario presentaron el doble de células T reguladoras que el grupo control en bazo y ganglios linfáticos. Análisis posteriores mostraron que ese incremento en células T reguladoras se debía a una proteína llamada TGF-beta, la cual dirige el desarrollo y sobrevivencia de las células T reguladoras.

Luego los investigadores sometieron todos los ratones a condiciones que les causan una enfermedad autoinmune, similar a la esclerosis múltiple de humanos. Descubrieron así que los ratones con los sistemas inmune y nervioso cortados con 6-OHDA no habían desarrollado esa enfermedad autoinmune. Así resultó claro que el sistema nervioso simpático no sólo puede afectar de forma negativa al sistema de inmunidad, sino también cómo podríamos prevenir o detener enfermedades autoinmunes.

"Desde que los trabajos de Hans Seyle desbrozaron el terreno del estrés, los científicos han estado tratando de entender por qué las situaciones estresantes con frecuencia exacerban enfermedades autoinmunes y causan la reaparición de infecciones latentes", dice John Wherry, editor del Journal. "En la pelea real o en situaciones de huida, el estrés sirve de salvavidas, pero entender cómo la respuesta neurológica al estrés cotidiano impacta las respuestas inmunes, por ejemplo ver a toda la familia durante las fiestas, nos ofrecerá oportunidades para diseñar nuevas terapias."

¿Y no es más barato, sencillo y eficaz no ver a quienes no queremos ver? Digo...

Contacto: Cody Mooneyhan.

H1N1

Y una buena noticia: investigadores de la Universidad Rice han localizado una debilidad en el método por el que virus de la influenza H1N1 escapa a la detección por el sistema inmunitario. Para que un virus evada anticuerpos lanzados en su contra, deben disfrazarse por mutación cinco lugares reconocibles del virus. El equipo encontró un "gancho" del virus, necesario para anclarse a la célula por infectar, que si cambia mucho, el virus muere, y si no cambia lo bloquea una vacuna.

Contacto: David Ruth.