El estilo de compras tiene género

publicado el 06 de diciembre de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

No es necesario que venga la Navidad, tampoco días de madres, padres o compadres. Las mujeres salen "de compras", los hombres no: salen a buscar algo específico. Los maridos no encuentran la manera de huir del gran almacén donde las esposas revisan mercancía en promoción y rodean góndolas repletas de blusas al dos por uno. Es frecuente ver a los maridos en cafeterías del gran centro comercial, esperando frente a una cerveza el retorno de sus cónyuges cargadas de bolsas y paquetes, sonrientes por las ofertas localizadas, los ahorros realizados y los calcetines encontrados para el esposo que se negó a hacerles compañía. Las mujeres amigas van juntas, los hombres amigos las esperan.

"Sí, sí, sí... ya me sé esa historia, pero ya no somos cazadores", respondió molesta una socióloga hace algunos años para afirmar un riguroso relativismo cultural que predica las tesis del conductismo más radical: en la conducta humana, todo es aprendido. Ya lo dijo el padre del conductismo, Watson, con una sola frase: Denme un recién nacido y haré de él lo que sea. Durante un siglo, se han acumulado pruebas en contra: no somos una tábula rasa en la que es posible escribir lo que sea y la evolución actúa en nosotros como en todas las especies, no somos creación separada ni nuestra naturaleza se cuece aparte.

La Universidad de Míchigan acaba de publicar un estudio que nos recuerda que como Homo sapiens somos una especie muy nueva, con apenas 200 mil años de existencia, pero que tenemos tras de nosotros varios millones de años de evolución como primates cazadores-recolectores... Y que desde nuestro pasado homínido traemos cerebros especializados en diversos aspectos.

El estilo de compras viene con nuestro kit de genes y podemos rastrear sus orígenes evolutivos. Para Daniel Kruger resulta perfectamente explicable que los hombres no logren distinguir entre un calcetín beige y otro café verdosito, y que, por su parte, las mujeres no distingan si el departamento de zapatos está enfrente o a la derecha del elevador.

"Desde una perspectiva evolucionista debemos referirnos a las habilidades que en el pasado usaron las mujeres para recoger plantas alimenticias y a las habilidades que usaron los hombres para cazar y obtener carne. El contraste emerge a causa de las diferentes estrategias para aprovisionar cacería y recolección empleadas en la evolución humana."

Esta diversidad en la división sexual del trabajo, anterior a que fuéramos humanos, instaurada quizá desde el Homo erectus, se sigue expresando en ambientes que ya no lo requieren. En El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, Engels plantea sin muchos datos algunas certezas hoy confirmadas y algunas hipótesis sin base alguna. El estudio de Kruger, programado para el número de diciembre del Journal of Social, Evolutionary, & Cultural Psychology, revisa la prehumana división sexual del trabajo a la luz de los hábitos de consumo actuales.

El estudio examina la clara diversidad en el "shopping" a la luz de la psicología evolutiva. "Tenemos evidencia de que el tipo de habilidades, destrezas y conductas que son importantes en la cacería y la recolección de alimentos en las sociedades de cazadores-recolectores emergen previsiblemente en nuestro medio moderno de consumo", sostiene Kruger. En unas vacaciones invernales por Europa con un grupo de amigos, luego de explorar pequeños pueblos adormecidos y llegar a Praga, lo primero que las mujeres deseaban hacer era ir de compras y sus maridos no podían entender por qué.

Se comprende si revisamos nuestra más antigua forma de obtener alimentos. Cada vez que un grupo llegaba a una nueva área, las mujeres revisaban el terreno y encontraban diversas franjas de alimento. Sostiene Kruger que la recolección de plantas y hongos comestibles por tradición la hacían las mujeres. Lo cual, en términos actuales, significa llenar una cesta eligiendo cosas una por una.

Los hombres, por el contrario, con mayor frecuencia tienen ya en mente algo específico que salen a buscar, o, en términos modernos, a comprar. Según otro estudio, éste realizado en la Universidad del Sur de California, fue la cacería, con su inclusión de carnes rojas en la dieta humana, la que casi nos duplicó los años de vida. A pesar de la enorme similitud genética de humanos, chimpancés y grandes monos, éstos pocas veces superan los 50 años de vida, mientras que los humanos rebasamos con mucho esa edad. La diferencia, explica Caleb Finch, es que en los humanos evolucionaron genes que nos dieron mejor dominio de infecciones, inflamaciones y de niveles altos de colesterol, pero también nos hicieron susceptibles a enfermedades de la vejez como el cáncer, la demencia y los problemas cardiovasculares. Otros estudios apuntan a la importancia de la carne en el aumento del cerebro.

Contacto: Athan Bezaitis.

 

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