Guerrilla, falsas memorias y cerebros

publicado en la revista «nexos»
# 384, diciembre de 2009
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Los estudios del cerebro tuvieron mala fama en los tiempos del relativismo social: eran la puerta por donde se colarían el clasismo, el machismo y otros ismos demoníacos. La máxima expresión de este rechazo ciego contra la neurofisiología y lo que de ella pudiera derivarse fue el conductismo, corriente para la que todo es aprendido. Una paradoja aún no analizada fue la condena simultánea tanto de los estudios dirigidos a las bases neurales de la conducta (estudio rechazado por el conductismo), como del conductismo sin ver en ello contradicción alguna.

La crítica de la izquierda y el feminismo al conductismo era trivial: que con esas técnicas se entrenaban palomas para dirigir bombas en Vietnam. Ignoraba así el fondo: que el conductismo, con su condena a los estudios del cerebro, ofrecía resultados triviales: toda madre sabe que si al hijo que patalea en el suelo del súper le compra la golosina exigida aprenderá ese método para conseguir sus antojos. No es necesario leer a Skinner para saberlo.

Por suerte, una corriente de neurofisiólogos abrió a finales del siglo XX el prohibido estudio de la prohibida palabra: la conciencia. Entre ellos destaca, con luz propia, Antonio Damasio y un par de libros que nadie debería perderse: El error de Descartes y En busca de Spinoza.

No se confirmaron los primitivos planteamientos acerca de áreas del cráneo que delimitaran áreas cerebrales específicas para ciertos comportamientos, pero sin duda hay regiones del cerebro con tareas específicas, aunque la red de interconexiones de toda la masa encefálica sea la más compleja que conocemos en el universo. Y bien, pues sí hay regiones cerebrales especializadas en el habla y en la lectura. Un estudio realizado en ex guerrilleros colombianos ha servido para redefinir las regiones clave involucradas en la habilidad para leer. Investigadores del Ministerio de Educación y Ciencia español y Wellcome Trust publicaron sus resultados en el semanario Nature.

Otro no al dualismo

Para decepción de los dualistas cartesianos y de los creyentes en otros dualismos, sean alma-cuerpo o mente-cerebro, los investigadores han comprobado que las estructuras cerebrales cambian, físicamente, con el aprendizaje de la lectura, sin intervención de entidades que no sean anatómicas y fisiológicas.

"Comprender cómo cambian las estructuras de nuestro cerebro conforme aprendemos a leer es difícil porque la mayoría de las personas aprenden a leer cuando son niños, al mismo tiempo que aprenden muchas otras habilidades. Separar los cambios causados por la lectura de los causados por, digamos, aprender habilidades sociales y a jugar futbol, es casi imposible. El estudio de aprendices adultos es también un reto porque en las sociedades más educadas el analfabetismo adulto es usualmente resultado de problemas de aprendizaje o mala salud".

Pero en el estudio de Nature, investigadores del Reino Unido, España y Colombia describen un estudio realizado en una inusual cohorte: ex guerrilleros que se están reintegrando a la sociedad y aprendiendo a leer siendo ya adultos.

Con resonancia magnética (MRI) escanearon los cerebros de veinte guerrilleros que habían completado un programa de lectura en español. Compararon los resultados con los de otros veintidós adultos antes de comenzar el programa. Los resultados revelaron cuáles áreas cerebrales son específicas para lectura. Los investigadores encontraron que la densidad de la materia gris (la exterior) era más gruesa en varias áreas del hemisferio izquierdo del cerebro. Eran las áreas responsables de reconocer la forma de las letras y de traducir las letras a sonidos del habla y significados. Leer también incrementó la fuerza de las conexiones entre diversas regiones procesadoras en la materia blanca, bajo la gris.

Estos hallazgos serán de gran importancia para el tratamiento de los desórdenes de lectura como la dislexia. Estudios realizados en disléxicos han mostrado regiones cerebrales de poca materia gris y blanca. Esto sugiere que algunos problemas de la dislexia pueden ser consecuencia de dificultades para leer, y no su causa. No lee mal porque es disléxico, se le llama disléxico porque lee mal, y lee mal por algo tan físico que se puede observar con resonancia magnética. Muchas madres y padres suspirarán con alivio: no, no es un trauma infantil por unas nalgadas ante un berrinche.

Falsas memorias

Otro estudio, éste realizado en neuronas de moscas, echa por tierra una moda iniciada hace unos veinte años: de pronto pacientes mujeres atendidas por psicoterapeutas mujeres comenzaron a recordar hechos horribles: cómo sus abuelos las habían violado a los cinco días de nacidas y un variado y escalofriante anecdotario. Hubo parentela encarcelada por cincuentonas que súbitamente habían recordado en terapia un abuso sexual a edades en que aún no tenemos memorias.

Luego vino la corriente contraria: terapeutas mujeres comenzaron a llegar a la cárcel acusadas por sus pacientes mujeres de haberles "implantado" una memoria por medio de veladas sugerencias: "Y esa sombra ominosa… ¿se parece a tu padre? ¿Te estaba cambiando el pañal? Y lo que sentiste, ¿no sería acaso su dedo en tu clítoris?". "¡Oh my God, oh my Gaaad! ¡Yes, yes, this is it!". El asunto llegó a la prensa con el nombre de "falsas memorias". Otra histeria y moda gringa.

Un equipo de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, publicó en Cell su reporte sobre el implante de falsas memorias en moscas. Las moscas aprenden, pero los circuitos de memoria eran desconocidos. "Logramos asir los componentes esenciales hasta apenas 12 células" entre los millares que tiene el cerebro de la mosca, dice Gero Miesenböck. Con esas docena de células lograron que las moscas resolvieran un problema cognitivo difícil: asociar un olor a un choque eléctrico. El circuito de células crea una memoria que la mosca usa para evitar el olor asociado al choque.

El equipo estimuló esa docena de neuronas de forma tal que inscribiera en la mosca la memoria de un hecho desagradable que jamás había ocurrido. Las neurociencias han dependido, para estudiar percepciones y procesos cognitivos, de captar actividades neurales y correlacionarlas con estos procesos. La escritura directa de una memoria, lograda por el equipo de Miesenböck, permitirá producir tales estados tomando control de circuitos cerebrales.

El cerebro de una mosca es muy simple, pero nos informa acerca de cómo funcionan cerebros más complejos porque, señala Miesenböck, "la biología es conservadora, es raro que la evolución invente el mismo proceso varias veces".

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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