Narco-clérigos

publicado el 10 de agosto de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

La mala fe siempre pondrá objeciones a lo que hagan las fuerzas de seguridad. Voces insospechables de catolicismo radical claman por la irrupción de la policía federal en una narco-misa de 15 años en Apatzingán. Pero, cuando se difundió la noticia de que uno de los Arellano Félix, sospechosos de haber asesinado al cardenal Posadas en Guadalajara, había estado en la nunciatura, la mismita "izquierda" puso el grito en el Cielo porque el entonces procurador, Jorge Carpizo, teniendo conocimiento del hecho, no lo hubiera aprehendido. Carpizo respondió que la nunciatura es la embajada del Estado Vaticano y por ende territorio inviolable; pero más importante aún: que una operación precipitada, dispuesta en diez minutos, contra un número desconocido de narcos, de seguro avisados por filtraciones en la PGR, habría fracasado.

Súbitos estrategas policiales le ofrecieron a Carpizo decenas de alternativas que pudo emplear para detener al narco recibido por el nuncio Prigione y a la banda que de seguro lo resguardaba. El caso era no dejarlo ir, se le gritó en todos los tonos.

Hoy, cuando la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) sabe que capos del narco oyen misa, y no siendo las iglesias territorio extranjero como la nunciatura, actúa en consecuencia, los mismos de ayer vuelven a poner el grito en el Cielo por la irrupción de policías poco amables en un recinto sagrado. El cardenal Rivera habla de sacrilegio.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) expresó su "enérgica protesta" ante la falta de respeto y violencia ejercida por los agentes federales al detener a Miguel Ángel Beraza, La Troca, durante la misa por los 15 años de su hija, pero no han condenado a este presunto responsable de secuestros, ejecuciones y tráfico de drogas sintéticas por ir a misa con un fusil AMP-5, una granada de fragmentación, cartuchos y paquetes de psicotrópicos. Con él fue detenido su jefe de escoltas y otros cabecillas. La SSP cometió el enorme error de disculparse ante el reclamo de la CEM. En fin: los obispos suponen que las iglesias deben dar refugio a maleantes y la SSP reconoce una falta que no cometió.

Quizá hubo excesos de los agentes federales, pero fue una aprehensión de narcos, usualmente bien armados y la fuerza pública es, en primer término eso: fuerza. Si la SSP hubiera procedido con debilidad tal que permitiera a los sospechosos recuperarse de la sorpresa y responder, con las correspondientes pérdidas de vidas, las mismas voces se levantarían ahora para llamar ingenua, torpe e inepta a la SSP. El hecho es que la fuerza pública tiene obligación de actuar con sigilo, rapidez y eficacia. Y, sin duda alguna, las narcolimosnas, deben ser requisadas, como lo fueron a pesar de la queja del señor párroco.

Un hecho no puede negarse: fue una operación limpia, incruenta y precisa. Fue detenido La Troca y otros mandos de La Familia, organización acusada por la policía federal de ejecuciones, secuestros y extorsiones como el cobro de derecho de piso y protección previa: "Para que nada te pase…"

Los líos de la Iglesia católica con el narcotráfico han dejado rastros de dinero y de sangre: siendo Juan Jesús Posadas obispo de Tijuana, quien sería cardenal en Guadalajara construyó un seminario pasmosamente lujoso e impagable con limosnas de la charolita en la no muy pía Tijuana. Un caso de riqueza inexplicable.

Luego, ya en Guadalajara, Posadas se dirige al aeropuerto para recibir al nuncio Prigione, llega en un Grand Marquis blanco, idéntico al del Chapo Guzmán, con cristales oscuros de narco, y es acribillado. Hay dos versiones: 1. Que los Arellano lo confundieron con el Chapo, su objetivo en la guerra de bandas. 2. Que esperaban al cardenal y no se equivocaron. ¿Y el motivo? Apunta hacia Tijuana: no únicamente un seminario de opulencia inexplicable, sino el curita Gerardo Montaño que se apresura a falsificar un acta de bautizo donde certifica que los Arellano Félix, en el momento de la balacera contra el cardenal, se encontraban apadrinando un bautizo en la remota Tijuana. Cuando se demuestra la falsedad del acta de bautizo, el curita huye a California y, caso notable, ninguna autoridad pide su extradición. Montaño logra que Prigione reciba a Benjamín Arellano Félix en la nunciatura. Luego le revuela la sotana al nuncio para llegar a Los Pinos, a media noche, y pedir audiencia presidencial para los narcos...

Quizá es verdad: las iglesias son refugio de maleantes.