Galileo observó a Neptuno

publicado el 12 de julio de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

El más lejano planeta visible a ojo desnudo es Saturno. Todas las culturas importantes conocieron cinco estrellas que vagabundeaban de acá para allá entre las estrellas fijas. Y todas pergeñaron explicaciones fantasiosas para explicar el hecho. Un solo pueblo sobre la faz de la Tierra se propuso encontrar explicaciones naturales para los hechos de la naturaleza: los jonios del siglo VI antes de Cristo. Todos los demás, salvo los herederos de los jonios, que plantaron las bases de la ciencia, buscaron dioses o fuerzas sobrenaturales para explicar la naturaleza.

La ciencia y el arte resistieron por tres siglos de nuestra era, hasta que la creciente ola cristiana con sus fulminaciones contra el paganismo, que incluían la ciencia y el arte, más el asesinato de la astrónoma Hipatia en Alejandría, dispersó a los científicos y cayó un telón que duraría bajado mil años, la Edad Media, hasta el Renacimiento en el siglo XV.

La Astronomía llegó a nosotros como una mezcla de observaciones notables y teología obligatoria. La Iglesia cristiana primitiva (antes de católicos, protestantes, ortodoxos, etc.) tomó de Platón la idea de que nuestro mundo era imperfecto, pero eso se debía a que no era sino reflejo del topos uranós: un lugar en los cielos donde residen todas las Formas, perfectas e inmutables. Bien, con eso resultó herético decir que los cielos no eran perfectos y la mayor perfección geométrica es el círculo, en el plano, y la esfera, en el espacio tridimensional.

Los holandeses habían inventado un instrumento, el telescopio, que permitía ver las banderas de los barcos a la distancia y así distinguir enemigos y piratas. En Italia, Galileo (1564-1642) tuvo en 1609, hace 400 años, la idea de dirigir un telescopio hacia la luna… Y comenzaron sus problemas con la teología y con la Iglesia porque resultó que no era una bola perfecta, como las de billar, sino una ruin y terráquea confusión de valles y montañas que hasta sombras cambiantes proyectaban.

Por el mismo tiempo, Kepler (1571-1630) estaba poniendo terreno firme al formular en leyes precisas el movimiento de los planetas, que tampoco resultó circular, sino elíptico, y no uniforme, sino con aceleración al acercarse al Sol y frenado al alejarse: igual que una piedra lanzada al aire, diría Newton (1643-1727) 80 años después, redondeando la teoría de la gravitación.

Luego Galileo dirigió su telescopio a Júpiter y le vio unas estrellas cercanas, cinco, que llamó estrellas mediceas, en honor a los Medici, la fuente de becas por entonces. Sabemos que son sus principales satélites, llamados galileanos en honor a su descubridor y no mediceos.

Pero Galileo dejó, entre sus dibujos de las lunas de Júpiter en 1612 y 1613, una mancha sin nombre para señalar una estrella que no aparece en ningún catálogo estelar moderno. Con simulaciones computarizadas se ha encontrado la posición del planeta Neptuno, desconocido por entonces y por más de dos siglos aún, y coincide de manera precisa con la posición de la "estrella" marcada por Galileo en sus dibujos. La noche del 28 de enero de 1613 Galileo anotó que la "estrella" parecía haberse movido con respecto a otra estrella cercana, señala David Jamieson en Australian Physics.

Así resulta ser el primer planeta descubierto con telescopio, y no Urano (descubierto por Herschel en 1781). El descubrimiento oficial de Neptuno se concede, con justicia, a Urbain le Verrier, quien, al analizar las perturbaciones en las órbitas de Urano y Saturno, predijo que, aplicando las leyes de Newton a esas perturbaciones, debería encontrarse un nuevo planeta que las causaba. Neptuno fue localizado, en 1846, donde Le Verrier había predicho que estaría.

La Universidad de Florencia, que ha analizado con anterioridad la tinta en los manuscritos de Galileo, analizará en octubre próximo la mancha sin nombre en sus dibujos. Es un esfuerzo por precisar la fecha en que la observó y comparar con la posición de Neptuno en ese día.

"Es posible que Galileo haya formulado la hipótesis de que había visto un nuevo planeta que se había movido exactamente a lo largo de su campo de visión durante sus observaciones de Júpiter en el mes de enero de 1613", dice Jamieson. "De ser así, Galileo observó a Neptuno 234 años antes de su descubrimiento oficial".

Pero hay algo todavía más emocionante y estilo Código da Vinci. Se sabe que Galileo, desconfiado, tenía el hábito de enviar sus descubrimientos a sus colegas en forma codificada; así lo hizo con las fases de Venus y los anillos de Saturno, los que vio como "orejas" debido a la posición del planeta por entonces y la pobre resolución de su instrumento. "Así que quizás en alguna parte escribió algún anagrama todavía no decodificado para revelar que había descubierto un nuevo planeta", supone Jamieson.

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