¿Qué le pasa a Calderón?

publicado el 06 de julio de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Cinco disparates cinco: resultan demasiados para un Presidente con buena imagen como Felipe Calderón. Aquí van.

1. Lo ocurrido en Honduras se parece más a una revocación de mandato que a un golpe de Estado. No hubo militares que por las armas impusieran a un general, golpe clásico latinoamericano; sino dos poderes, dos de tres, el Legislativo y el Judicial, los que revocaron el mandato del presidente Zelaya para detener su intentona, estilo Hugo Chávez, de reelegirse modificando para ello la Constitución nicaragüense. Legal o ilegal es asunto interno, de hondureños. El único amago de tropas ha sido el de Chávez desde Venezuela. Esa defensa apesta raro.

Por eso me asombra que el presidente Calderón llegue a extremos como el retiro del embajador y se una a los Castro, Chávez, Evo Morales, Nicaragua y Ecuador en una toma de partido. Honduras debería hacernos pensar: en su afán de capitalizar el descontento ciudadano, candidatos del PRI y del PRD han ofrecido introducir en la legislación mexicana la revocación de mandato. Es ésta una medida de apariencia democrática. No lo es si no va acompañada por su balance: disolución del Congreso por el Ejecutivo. Dicho sea en afán de la mentada equidad.

Y los riesgos son enormes, tanto de la revocación como de la disolución, cuando hemos dejado un poder desproporcionado y tantos miles de millones de pesos en manos de las cúpulas partidarias, ni siquiera de los partidos, porque bastaría el acuerdo de unos treinta dirigentes para que fuera destituido un presidente democráticamente elegido, con acusarlo de hablarle feo al Congreso o, sencillamente, de incapacidad, como hicieron los partidos, PAN incluido, para descabezar al IFE. El pretexto sería lo de menos porque siempre tendremos desacuerdos con un gobernante. Estaríamos entregando a las cúpulas de los partidos, no a los ciudadanos, la cabeza del Presidente de la República.

2. ¿Y qué pitos toca en Cuba el presidente Calderón? Tuvo la mejor de sus respuestas, como candidato, cuando le preguntaron su opinión sobre el régimen de Fidel: "Cuando yo nací, Castro ya era presidente de Cuba..." No fue necesario ni siquiera ser buen entendedor. Luego vino la suspensión de vuelos durante los días de la influenza con la inmunda declaración del anciano dictador, quien afirmó que el gobierno mexicano había ocultado la epidemia para no ver cancelada la visita del presidente de Estados Unidos. Sí, un gobierno que se ha negado a romper relaciones con La Habana. Y así llevamos 50 años.

Entre los primeros rubros de nuestra economía están las remesas de dólares que los mexicanos pobres envían desde Estados Unidos a sus familias pobres. Nuestras exportaciones se dirigen a Estados Unidos, no a Cuba. ¿Qué urgencia tiene en Cuba? ¿La de quedar mal si ve a los disidentes y peor si no los ve?

¿No le basta con el ejemplo de Fox? Éste invirtió todo su impulso inicial, su capital político, en quedar bien con la izquierda apoyadora de Marcos y no consiguió siquiera que este personaje lo llamara Presidente ni congraciarse con su prensa incondicional. Nada.

3. Soy ateo y a pesar de eso ni siquiera he aprendido a fumar tabaco. Pero me recetó el Presidente una peregrina tesis según la cual es la falta de algún dios lo que conduce a la droga. Afirmación sin fundamento alguno, y profundamente estúpida cuando sabemos que todos los narcos son devotísimos, la mayoría del catolicismo, y van cargados de enormes medallas de oro guadalupanas. De donde se podría concluir, con lógica presidencial, que ser guadalupano conduce a la droga... y sí, sí lo creo.

4. Peor aún: cuando tantos en el mundo estamos dolidos por la muerte del hombre que nos dio Billie Jean y Thriller, y al que destrozaron más las cirugías que la droga, nos sale con un comentario que suena a la moralina panista que parecía no ser lo suyo. Como dijo Juan Gabriel: Pero qué necesidá. Un comentario ñoño, innecesario y equivocado.

5. Otro disparate infantil del Presidente: "Si no les gustan los partidos que hay, hagan otro". Antes el PRI nos recetaba abandonar el país si no nos gustaba. Lo que muchos rechazamos es el acuerdo de los partidos para servirse tajadas de a 3 mil 600 millones de pesos al diseñar el Presupuesto de Egresos, y sin amparo posible, darse el monopolio del acceso a los puestos públicos, negarnos el derecho a la información acerca de los candidatos, etcétera, todo los que a tantos nos llevó a decirles ¡basta! con una boleta anulada.