Es rara la especie sin homosexualidad

publicado el 21 de junio de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

En temporada de elecciones, siempre surge el tema de la homosexualidad: que si un candidato lo es abiertamente o lo es pero cree estar en el clóset. Lo cierto es que, si fuéramos una especie más, no le daríamos importancia. Tampoco se la daríamos en un nivel superior de civilización. Los animales no humanos carecen de nuestros prejuicios, y los humanos no hemos logrado superarlos. Lo sano sería que no fuera noticia, ni motivo de campaña la orientación sexual de quien nos quiere representar.

Un candidato reparte discos en los que canta, y no lo hace mal, pero no busca nuestro voto para competir en San Remo con una canción, sino para legislar en un país con leyes aberrantes y prohibiciones inauditas. Otro se dirige a mí, como miembro de un honorable matrimonio... que no padezco. Si a otro, hombre, le gustan los hombres, mi pregunta es ¿y? Como dijo Echeverría ante la caída del dólar: eso ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario.

Pero la homosexualidad de un candidato se topará con que eso, y no su programa político, es El tema porque la ignorancia al respecto es monstruosa. La Universidad de California en Riverside acaba de publicar un estudio, uno más entre millares, donde vemos que la conducta dirigida al mismo sexo es común en casi todos los animales.

Entonces, con la inmensa flojera que me abruma cuando debo dar pruebas de la evolución, como un hecho y no una hipótesis, va la nota.

Comienzan los investigadores por señalar algo que sabe cualquiera que haya observado perros callejeros: la conducta dirigida al mismo sexo es un fenómeno casi universal en el reino animal, es común a través de las especies, desde gusanos a ranas y aves. Es todavía más común, podemos añadir, en el reino vegetal, donde flores macho reciben polen de flores macho a kilómetros de distancia.

"Resulta claro que la conducta homosexual (homos: igual en griego, de donde viene homogéneo, homocigoto...) se extiende, con mucho, más allá de los bien conocidos ejemplos que dominan tanto la literatura científica como la popular: por ejemplo, los changuitos bonobos, delfines, pingüinos y mosquitas de la fruta", dice Nathan Bailey, autor principal del ensayo. Pero previene que podríamos estar empleando el mismo término para fenómenos muy diversos. "Por ejemplo, las mosquitas de la fruta macho cortejan a otros machos cuando les falta un gen que les permite distinguir entre los sexos. Pero eso es muy distinto a las interacciones con el mismo sexo entre delfines nariz de botella, en los que la homosexualidad facilita los lazos del grupo, o los albatros Laysan hembra que se unen de por vida para cooperar en la crianza de sus polluelos cuando los machos son escasos".

Konrad Lorenz, el creador de la etología y premio Nobel, relata el romance de dos gansos macho en un lago suizo... es que, ya saben ustedes, Suiza es muy romántica con esas cumbres nevadas y aguas azules...

"La conducta homosexual: cortejo, montado o cuidado de crías, son rasgos que pudieron haber sido diseñados por la selección natural, un mecanismo básico de la evolución que ocurre a lo largo de sucesivas generaciones; pero nuestra revisión de estudios también sugiere que las conductas homosexuales pueden actuar como fuerzas selectivas por ellas mismas".

Recordemos que no todas las conductas que dirigen la evolución de una especie derivan de la reproducción, señala el ensayo. "La conducta entre el mismo sexo puede tener consecuencias evolutivas que apenas estamos comenzando a considerar. Por ejemplo, en las cópulas macho-macho en chapulines y cigarras..."

La conducta homosexual plantea un rompecabezas fascinante desde una perspectiva evolutiva, dice Bailey. "El más obvio misterio es por qué los animales se comprometen en conductas sexuales que no resultan directamente en reproducción". Y los ejemplos de homosexualidad en especies no humanas se han documentado por millares. Los investigadores resaltan la importancia de identificar la influencia de tales conductas como agentes del cambio evolutivo, examinar cómo estas interacciones sexuales no reproductivas pueden alterar la evolución de un grupo o una especie completa.

Una observación con más de 40 años la hace Konrad Lorenz: una pareja de machos alcanza mejores posiciones en la estructura social de un grupo animal porque dos resultan imbatibles para cualquier opositor. Pregúntenle a los troyanos cómo les iba ante Aquiles y Patroclo juntos, espalda con espalda. Pero la pregunta persiste: cómo se transmite un rasgo tan eficaz para escalar a las mejores posiciones del grupo, pero absolutamente infértil.

La nota aparece en el último número de Trends in Ecology & Evolution. Al observar la ayuda mutua para la crianza, Bailey concluye: "La conducta homosexual en las especies bien puede surgir como estrategia alternativa en la reproducción".

Contacto: Iqbal Pittalwala. University of California – Riverside.