Antes se llamaba desvergüenza

publicado el 15 de junio de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

No, no digo que todos los partidos sean iguales y por eso no debamos votar; sí dije que "en la noche de las indefiniciones, todos los gatos son pardos y los partidos iguales". Aunque todos se parezcan espantosamente al PRI, no son iguales porque un partido tiene una D donde otro pone una I, y así por el estilo. Esa noche de las indefiniciones es el alud de spots que nos ahoga, todos indistinguibles en su absoluta trivialidad, todos firmables por todos, todos insultantes en su falta de identidad.

Una manta en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados exigía hace poco: "Ante la crisis... ¡urge! actuar a favor del pueblo". ¿Quién no firmaría tal muestra de aridez en la sesera? Lo mismo el cardenal tapatío que la señorita Morett, ésa que hacía su tesis de doctorado entre el millar de secuestrados por las FARC, la firmarían Beatriz Paredes y Diego Fernández, el partido de La Maestra y el partido propiedad de los González verdes. ¿Alguien en contra de "actuar a favor del pueblo"? Que levante la mano. Insulta que nos crean estúpidos.

Es que, vean ustedes, hacer propuestas concretas, como la de no construir una refinería con fondos públicos, sino diez con fondos privados y con eso perder una franja del electorado, es un riesgo que esos mazacotes de partidos no se toman. Y son mazacotes porque ya no tienen forma ni delimitación alguna: el PRD se pasó veinte años gritando que el PT era creación de los satánicos hermanos Salinas para dañar a la izquierda... y ahora nos pide votar por el PT y, con desvergüenza absoluta, nos informa el motivo: para no perder los millones que, bajo cuerda, le pasa a su campaña presidencial adelantada.

El priista Ricardo Monreal, que llegó a acusar a Cuauhtémoc Cárdenas de intentar vender Pemex, nada menos, de pronto fue miembro prominente del partido fundado por Cárdenas y, por ende, enemigo de Salinas de Gortari... hoy coordina la bancada del PT, el partido creado por Salinas. Quien encabezó a los appos de Oaxaca, miembro del PRD, hizo campaña por Fox y luego apareció como cabecilla de un "movimiento magisterial" que es tan previsible como las crecidas del Nilo: cada mes de mayo inunda Oaxaca, el estado con los peores índices educativos en un país de malos índices educativos. A México le convendría que los appos declarasen a Oaxaca nación independiente: nos ahorraríamos ese 97 por ciento de presupuesto que debe enviarle la Federación a un estado incapaz de subsistir por sí mismo con su producción de mole de perro y barro negro chueco.

Es una tesis platónica la que afirma que los partidos son "entidades de interés público". Falso: en la práctica, la legislación que ellos crearon los hace negocios inmensos, y el brincadero de trapecistas que vemos ir de un partido al otro se explica por los miles de millones en juego. Cuando hay 13 mil millones para sostenimiento y 3 mil 600 para campaña, con todo y que los spots en radio y tv ya son gratuitos, la rebatinga tiene los niveles de obscenidad monstruosa que estamos viendo. ¿Qué hicimos mal? ¿Cuándo nos equivocamos?

Fue cuando quisimos remediar una injusticia. La actual composición de la Cámara de Diputados es de 500 diputados (que son ya demasiados), sólo 300 se someten al voto popular. Los otros 200 tuvieron, en los tiempos del PRI-aplanadora, un sentido justiciero: dotar de representantes a partidos chiquilines que, sin ganar en ningún distrito, tenían, sin embargo, digamos un 3 por ciento de la votación total. Era pues legítimo que pidieran un 3 por ciento de representantes. El gran error de nuestros legisladores fue haber entregado esa bolsa de 200 diputados de representación proporcional a las cúpulas de los partidos, a las oligarquías, para que designaran a quien desearan. Y por supuesto, a dedo hacen una lista donde primero van los dirigentes mismos y luego, si queda algo, van los cuates. De ahí que hagan lo que las oligarquías les ordenan, aunque sea aberrante. No necesitan para nada al elector.

Debemos reducir a 100 los diputados "de partido" o representación proporcional, y, además, dar a los ciudadanos participación para elegir, de entre esas listas de partidos, a aquellos cuya trayectoria les parezca más digna de confianza. Listas formuladas por las dirigencias, pero votadas por el elector: una combinación, que, con la reelección, los arraigaría al elector y así podríamos exigir con éxito una reducción del financiamiento público.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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