Falta antimateria

publicado el 01 de febrero de 2009 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Los científicos siguen en la cacería de la antimateria sobrante luego de los primeros instantes del tiempo: algo hecho también de partículas elementales, cada una con la misma masa que su contraparte en la materia, como protones, neutrones y electrones, pero con cargas y propiedades magnéticas opuestas. Cuando materia y antimateria colisionan se aniquilan mutuamente y se transforman en energía.

Según el bien confirmado modelo del Big Bang, el universo estuvo lleno de partículas y antipartículas en los primeros instantes. La mayor parte se aniquilaron entre sí, pero si la destrucción no fue total y el universo al enfriarse pudo atrapar las partículas en átomos, estos en moléculas, estrellas y galaxias, fue porque tuvo que haber un poco más de materia que de antimateria, una parte en mil millones. Esto significa que nuestro universo es apenas un milmillonésimo resto, una brizna de lo que fue al momento del Big Bang. Los astrofísicos se preguntan el origen de ese desbalance primigenio que hizo posible nuestra existencia... una más de las muchas casualidades que permitieron la vida y luego la vida inteligente (o más o menos).

Se producen escasas cantidades de antimateria en fenómenos como los agujeros negros y los pulsares, "pero no se ha encontrado evidencia de antimateria sobrante desde la infancia del universo". Más aún: se desconoce cómo podría haber sobrevivido esa antimateria primordial. Instantes después del Big Bang hubo un periodo en que el universo creció exponencialmente en apenas una fracción de segundo, se le llama "inflación".

Si grumos de materia y antimateria existieron cerca uno del otro antes de la inflación, "ahora deberían estar separados por más que la escala de todo el universo observable, y nunca los veríamos encontrarse", dice Gary Steigman de la Ohio State University, quien condujo el estudio. "Pero, podrían estar separados por escalas menores, como las de los racimos y superracimos de galaxias." De ser así, colisiones entre racimos de galaxias, las mayores estructuras gravitacionales en el universo, deberían mostrar evidencia de antimateria. La emisiones de luz en la longitud de los rayos X muestran que en tales colisiones hay inmensas cantidades de gas caliente. Si esos gases contuvieran partículas de antimateria, deberían aniquilar a las de materia y, al hacerlo, convertirse en energía, en este caso rayos gama que los astrónomos detectarían con las emisiones de rayos X.

Steigman analizó datos obtenidos con el telescopio espacial Chandra, para rayos X y el Compton para rayos gama. Hay dos grandes racimos de galaxias chocando a enormes velocidades en el racimo Bullet (bala). No está muy lejos y su orientación favorece las observaciones desde la Tierra: es un excelente lugar de prueba para buscar la firma de la antimateria, los rayos gama, dice Steigman en el Journal of Cosmology and Astroparticle Physics.

Encontrar antimateria permite calcular la duración del período de inflación. Y así adentrarnos más al momento mismo que el papa Benedicto XVI mencionó en octubre pasado, en Roma, al famoso cosmólogo Stephen Hawking: el de la Creación por voluntad divina, el primer impulso para el Big Bang, el aristotélico Primer Motor Inmóvil de donde procede todo movimiento.

A esa objeción teísta, el gran Carl Sagan oponía una respuesta maravillosamente sencilla: Dios es, por definición, eterno. Y por motivo para siempre inescrutable decide crear el cosmos. Su método es el Big Bang y para crear la vida es la evolución, acepta ya la Iglesia. Pero Dios mismo es increado. Así que, concluye Sagan: "Si de todas formas vamos a tener que recurrir a algo increado y eterno, digamos que es el universo... y nos ahorramos un paso." Genial. Y el universo eterno, en continuo palpitar, es, por cierto, una milenaria propuesta de la filosofía hindú. Contacto: Megan Watzke, Chandra X-ray Center.

El año de Galileo

Este año ha sido declarado "de la astronomía" en honor a Galileo, quien empleó en 1609 por primera vez un telescopio para observar los cielos. Así descubrió montañas en la Luna, satélites en Júpiter, anillos en Saturno y fases en Venus, fases como las de la luna: creciente, menguante, etc. Este último dato lo empleó como apoyo para la corriente de pensamiento heliocentrista: que el Sol y no la Tierra es el centro del universo.

Ahora sabemos que ni el Sol ni nada es el centro del universo. Pero, desde que el desbordante cristianismo decretó que ciencia y filosofía eran retornos al paganismo, la humanidad olvidó que Aristarco de Samos había propuesto el heliocentrismo como explicación, las más sencilla y plausible, para los al parecer arbitrarios movimientos de los planetas, que toman su nombre de que planitis, en griego, es vagabundo. Si todos, incluida la Tierra, giran en torno al Sol, las detenciones, retrocesos y aceleraciones de cada planeta son simple efecto del fondo fijo contra el que lo vemos.