La burra y el trigo

publicado el 12 de febrero de 2007 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

La abismal ignorancia del nuevo secretario de Salud, el notario o contador público Córdova Villalobos (¡dónde estás, Julio Frenk!), comienza por las palabras que emplea. Acusa a las campañas contra la discriminación de "promover el homosexualismo", campañas de un gobierno también panista, sin saber que tal expresión no existe, ni en el diccionario ni en la realidad. Todo –ismo es una moda: cubismo, surrealismo, o una creencia: cristianismo, catolicismo, que son modas de más larga duración, pero modas en la medida en se pueden seguir o no, hay conversos y hay apóstatas, se toman o se dejan a voluntad como indica el decreciente número de católicos y el creciente de otras religiones cristianas. Pero el gusto por el propio sexo, entre hombres o mujeres, se denomina homosexualidad, o atracción por los de igual sexo. No es un gusto ni una moda ni una creencia, no se elige ser ni dejar de ser. Es una orientación innata del deseo. No hay un momento en que se opte, se elija. Hay, en todo caso, el momento en que se descubre.

Si el "homosexualismo" no existe, tampoco la homosexualidad se puede promover, como él dice, ni reducir, por cierto. Es una práctica que puede castigarse, permitirse o ni siquiera considerarse digna de atención, según los tiempos, las sociedades y las religiones. Pero no hay manera de promover en un joven heterosexual, a quien atraen las mujeres, la preferencia por hombres. Hasta puede tener, alguna vez, sobre todo en la adolescencia, algún juego erótico con un amigo, completo o no, sin que ese hecho lo defina como homosexual en adelante, a menos de que haya sido un descubrimiento de su orientación, oculta por la abrumadora presión social hacia la heterosexualidad.

Se puede, eso sí, eliminar el temor, la presión a casarse (y hacer infeliz a su cónyuge), desalentar la condena social, la burla, y entonces algunos homosexuales, hombres y mujeres, pero sobre todo hombres porque es el género que más condena la homosexualidad, expresarán con libertad su orientación sexual.

En el reino animal, las expresiones de homosexualidad aumentan a medida que ascendemos en la escala taxonómica: son más frecuentes en mamíferos que en aves y, entre mamíferos, más frecuentes en primates que en felinos. Y los humanos somos primates. Por lo mismo, de entre las 76 culturas estudiadas por Frank Beach y Clelland Ford (Conducta sexual. Fontanella, 1969), y aún existentes a mediados del siglo XX, 64 por ciento consideran normales las actividades homosexuales. Algunas esperan y aceptan el comportamiento bisexual en la mayoría de los hombres y, por tanto, no tienen un concepto equiparable a nuestro estereotipo de homosexual o bisexual. Son gente común que con mayor o menos frecuencia tiene relaciones con su propio sexo.

El secretario, además, pone en duda, sin argumento alguno, la utilidad del condón en la prevención de enfermedades sexuales transmisibles, entre ellas el sida. Contra la opinión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al secretario le basta la afirmación dogmática, por ende sin sustento alguno en datos ni estudios, de que el uso del condón promueve la promiscuidad sexual. Ignora también que de unos años a la fecha, la población más amenazada por el sida es la de mujeres casadas. Con todo, debemos agradecerle que no llegue a los extremos de Ricardo Rocha y no decrete la inexistencia del sida ni llame inocuo al VIH.

La desvergüenza vil

En 1991 el PAN ganó la alcaldía de Mérida con Ana Rosa Payán al frente. Para robarle el triunfo, el presidente Salinas envió al más rufián de los mapaches electorales del PRI, José Guadarrama. Pero el gobernador, Víctor Manzanilla Schaffer, también del PRI, rechazó la consigna del centro y permitió el recuento efectivo de los sufragios. Así lo relata el ahora ex gobernador a Daniel Barquet, de MILENIO. En revancha, Salinas de Gortari lo obligó a renunciar y puso como interina a Dulce María Sauri. Pues bien, Guadarrama es hoy flamante senador... por el PRD, impuesto por López Obrador. Ana Rosa Payán, de larga militancia en la ultraderecha del Yunque y gazmoños gobiernos que vigilaban el tamaño de las pantaletas en los anuncios espectaculares, es precandidata a gobernadora... por el PRD. ¿Usted entendió? Yo tampoco, salvo un hecho: no están aliados, sino coludidos para arrebatar el poder por el poder. Ambición sin escrúpulos: esa resultó ser la "honestidad valiente".