Nos entrecruzamos con los neandertales

publicado el 21 de enero de 2007 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Convivimos con los hombres de Neandertal hasta hace unos 40 mil años en que misteriosamente deja de haber restos suyos entre los fósiles recuperados. ¿Qué fue de ellos? Los matamos, es una hipótesis. Nos entrecruzamos con ellos es la más reciente, a partir de los rasgos mestizos de un cráneo humano encontrado al suroeste de Rumania. Se distinguen rasgos tanto de humano moderno como de Neandertal. No deja de ser un alivio que sigan viviendo en nosotros.

El nombre Neandertal (también Neanderthal) viene del término alemán para Valle del Neander (Neander Tal), lugar cercano a Düsseldorf, Alemania, donde los trabajadores de una cantera encontraron, en 1856, 16 fragmentos de un esqueleto, en casi todo humano, salvo por los prominentes arcos superciliares (la parte inferior de la frente, bajo las cejas, donde todos los boxeadores resultan heridos). Eran arcos muy gruesos, más bien propios de los grandes monos, como el gorila y el chimpancé. De inmediato comenzó la discusión en los medios académicos: era un humano anormal o uno primitivo. Sólo tres años después, en 1859, Darwin publicó su Origen de las especies, así que los evolucionistas vieron de inmediato un ancestro prehumano en el Neandertal.

Desde 1886, en que se descubrieron nuevos esqueletos similares, sabemos que fue humano, pues se le encontró junto a herramientas de piedra y huesos de fauna extinta, por tanto eran cazadores, una rama de Homo sapiens que se clasificó como Homo sapiens neandertalensis, y dejamos para nosotros el Homo sapiens sapiens (que tanto nos esforzamos en negar). Su población se extendió por toda Europa hasta Asia central, en Uzbekistán. Pero no resultó un ancestro, sino contemporáneo del humano moderno que ya habitaba esas mismas regiones. La pregunta, pues, fue de inmediato obvia: ¿qué ocurrió con el encuentro de esas dos poblaciones de Homo? La detención del registro fósil indica que desaparecieron, así que pasamos a ser los primeros sospechosos.

Quizá hubo encuentros en los que los Neandertales llevaron las de perder ante el humano moderno, provisto de mayor inteligencia, mejores armas y lenguaje desarrollado. Pero los profesores Joao Zilhao, de la Universidad de Bristol, y Erik Trinkaus, de la de Washington, sostienen que también nos mezclamos. Publican su hallazgo esta semana en los Proceedings of the National Academy of Sciences, de Estados Unidos.

El cráneo encontrado en el lugar llamado Pestera cu Oase, "la Cueva con Huesos", y llamado "Oase 2", tiene una edad de 35 mil años según la datación con radiocarbono; pero otro fósil adyacente, Oase 1, datado con 40 mil 500 años, conduce al equipo a sostener que tienen ambos la misma edad. Son los restos de humanos modernos más antiguos encontrados en Europa y la mejor evidencia de cómo se veían los primeros humanos que se dispersaron en ese continente.

Comparando otros cráneos humanos, se encontraron, sin embargo, algunas diferencias importantes: hay rasgos que son, en el mejor de los casos, inusuales en el humano moderno. Y estos incluyen aplanamiento frontal (frente en ángulo agudo), una muy amplia eminencia yustamastoidea (la apófisis mastoides es el hueso que se toca usted detrás de la oreja), molares superiores excepcionalmente grandes con una progresión de talla inusual, como se encuentran principalmente entre los Neandertales.

Dice el profesor Zilhao: "Tales diferencias presentan importantes preguntas acerca de la historia evolutiva de los humanos modernos. Podrían ser resultado de regresiones en la evolución o reflejar un muestreo paleontológico incompleto de la diversidad humana en el paleolítico medio. También podría reflejar mezcla de poblaciones Neandertales conforme los humanos modernos se dispersaron a través de Eurasia occidental. Esta mezcla podría haber resultado tanto en rasgos arcaicos retenidos por los Neandertales como en combinaciones únicas de rasgos resultantes de mezclar estanques (pools) genéticos antes divergentes."

Este fósil se añade a la evidencia, prosigue, de interacción cultural y biológica entre humanos modernos y poblaciones anatómicamente arcaicas (incluidos los Neandertales) que se encontraron conforme se dispersaron desde África a Eurasia. Así es como tenemos un cráneo, el Oase 2, que es moderno por su abundancia de rasgos de humano moderno, y a la vez no-moderno por su constelación de rasgos arcaicos. Contacto: Hannah Johnson. Universidad de Bristol, Inglaterra.