Decisión futura: tortillas o combustibles

publicado el 22 de enero de 2007 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

¿Qué hacemos con los campesinos que quieren un buen precio para su maíz? Muchos de ellos son más pobres que los habitantes de colonias populares que exigen tortilla barata. El PRI nos acostumbró a soluciones montadas en autoritarismo paternalista. Se podían decretar los precios. Marcelo Ebrard (una vez priista, siempre priista) ya prometió regalar tortilla. Y tiene con qué hacerlo: tan simple como dejar la atención al drenaje para después, el bacheo para nunca. Rinde más clientela regalar tortilla.

Pero nada es gratis, there is no free lunch, dicen los vecinos. Y con razón. Se deben realizar salvamentos de emergencia, pero, más temprano que tarde, llega la realidad, siempre terca: el precio mundial del maíz subirá porque se le han descubierto usos industriales que le agregan más valor. Un combustible, el etanol, puede lograr que el mundo industrializado sea menos dependiente del petróleo árabe, venezolano e iraní.

Las ventajas políticas son inmensas, las ecológicas, más todavía. Hacia allá vamos. Y nadie podrá detener ese proceso. Nuestros propios campesinos van a preferir vender su maíz, bien pagado, a los productores extranjeros de etanol. Sí, extranjeros, todos, porque en México la ley prohíbe a los particulares fabricar combustibles.

Ése es el mundo y los hechos. Por supuesto, los vivales de la política ven la oportunidad para hacer demagogia y salir, como Santa Isabel de Hungría, a repartir pan a los pobres. No está mal y debe hacerse: la sopa popular y los albergues para indigentes han sido paliativos durante las crisis económicas, lo mismo en Nueva York que en París. Pero son eso: paliativos.

Pronto se vuelven incentivos perversos. Recordemos cuando el gobierno impuso control al precio del pan. Es fácil, dijeron los revolucionarios institucionales: fijamos precio de la harina según los usos: virotes y bolillos los consumen los pobres, así que daremos barata, subsidiada, esa harina a la panadería. Pero no la destinada al pan dulce. ¿Y cómo controlar que el panadero no convierta en brioches y croissants el trigo de los pobres? Se mandaban inspectores que, de seguro, tienen ahora casa propia, y usted y yo no.

En todo el mundo rico los campesinos reciben subsidios y apoyos porque en el mundo entero la agricultura está en crisis por exceso de población y agotamiento de las tierras. En México la población crece más de dos millones al año, pero el secretario de Salud cree que las campañas de educación sexual y uso del condón deben cancelarse. Abonemos a favor de él (¿cómo se llama?) que no niega la existencia del sida, como los programas de Ricardo Rocha. La izquierda exige tortilla barata y la derecha reproducción sin control. Y quienes se llenan de hijos son los más pobres. Ya habrá quien les regale tortillas.

Controlar el precio del maíz sería aclamado. Pero la factura llegará: lo vimos con Echeverría y con López Portillo, causantes de las crisis económicas que hundieron a la clase media en la pobreza y a los pobres en la miseria. La inflación arrastró el peso a tres mil por dólar. Los ricos, como siempre, pudieron defenderse. Las clases medias y pobres pagaron los platos de la generosidad presidencial. Con asistencialismo en vez de empleo, el PRI nos hizo infantiles. En la misma línea siguen los priistas de ayer que hoy conforman el PRD: marchan para exigir que la tortilla baje. ¿Y a quién se lo piden? Cuando ya no están los precios bajo control del gobierno, es como exigir que llueva. Pero eso al menos está claro que es un ruego a la Virgen.

En fin, podemos regalar tortilla por un tiempo, salen muchas toneladas reduciendo el monstruoso subsidio a los partidos políticos. Pero debemos prepararnos para un mundo en el que debamos escoger cuánto maíz comer y cuánto vender caro para fabricar combustibles. Culpa del transporte, la electricidad, el agua corriente, y de todos los motores que nos dan una vida más fácil que la conocida por los reyes de antaño.

El Yuque al PRD

En Yucatán, el calderonismo le cerró el paso a la ultraderecha representada por la ex alcaldesa de Mérida, Ana Rosa Payán, de abierta militancia en El Yunque y amplio anecdotario beateril. Pero la pía ultraderechista tuvo el apoyo oportunista de Amlo y por eso el PRD, "donde somos buenos pescadores" (dijo el priista que simula dirigirlo), le ofrece la candidatura a gobernadora. ¿No les da vergüenza? No, no la tienen.