Moda: negar evidencias, creer disparates

publicado el 08 de enero de 2007 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Negar verdades irrefutables y sumarse a las creencias más disparatadas: es la moda de estos tiempos. El SIDA no existe, dicen los criminales programas de Ricardo Rocha, que, delirantes, conducen al abandono de la prevención, pues el VIH es inocuo, y al de los tratamientos que lograron detener la mortandad por SIDA y lo convirtieron en una enfermedad crónica. Lo acompaña una astrosa Corte de los Milagros en donde se afirma hasta que el virus causante jamás ha sido aislado. Y su descubridor, Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, seguro ha engañado durante 24 largos años al mundo de la ciencia sin ser descubierto (o peor: todos los científicos están en el compló, ah, la eterna cantaleta). La disputa con Robert Gallo, acusado de robar a los franceses la muestra enviada para su análisis, ¿tampoco existió? ¿Y el conflicto internacional dirimido en tribunales sobre la paternidad del descubrimiento?

Nada tendría de raro, porque también el mundo entero de la ciencia, incluidos los científicos soviéticos, ¡y en plena guerra fría!, se pusieron de acuerdo con la NASA para encubrir el engaño con el que los estadunidenses hicieron creer que habían llegado a la Luna en 1969, dicen algunos con ojos en trance. En cambio, está clarísimo que una nave repleta de marcianos se estrelló en Nuevo México en 1948 y la CIA, el FBI y la NASA tienen ocultos los cadáveres. ¡Cuando que exhibirlos sería el más grande éxito de quienes solicitan fondos para contactar vida extraterrestre!

Las fuerzas desplegadas contra el narcotráfico en Michoacán rindieron su parte: detención de 80 personas, destrucción de 540 hectáreas de marihuana, decomiso de 127 armas, incluidas 41 granadas de mano, 35 vehículos. Ah, pero sin recato y sobre todo impunemente, los negadores pueden declarar tan orondos que se arrestó a dos o tres pistoleros y se decomisó un costal de mota. Compló del Ejército. En cambio, los mismos incrédulos siguen convencidos, porque se les da la gana, de que los policías se proveyeron de condones, antes de su operativo en Atenco, para violar a las detenidas y no dejar rastros, como afirmó otro inefable amo de las netas, Marcos, del que ya sus devotos de hace años no quisieran ni acordarse.

En Navidad, pésimo día para ser leído, publiqué datos que confirman que el SIDA lo produce un retrovirus originario del centro de África. Los abrevio:

1. Existe un virus similar en monos, el SIV, endémico del mono verde. Que el VIH viene de África lo comprueba que allá es endémico y aldeas enteras del Congo (Zaire), Zambia y Burundi han desaparecido por la infección y muerte de todos sus habitantes, hombres, mujeres y niños por parejo;

2. Para probar nuevos fármacos se infecta con VIH a inocentes chimpancés que mueren de SIDA, sin portarse mal, cuando la medicina fracasa.

3. No hay casos de SIDA sin VIH porque el primer elemento para definir el síndrome es la presencia de VIH;

4. Pero sí hay casos de personas con VIH que no desarrollan SIDA. Ahora se conoce que el VIH necesita distintos receptores en el linfocito T, la célula inmunitaria preferida de la infección. Sin ellos, no consigue introducir su material genético en el linfocito y ponerlo a trabajar como fábrica de virus. Un porcentaje de la población humana mundial no presenta algunos de estos receptores y, por eso, es inmune al VIH. Se les llama seropositivos sanos, supervivientes a largo plazo o no progresores.

5. El primer medicamento para control del VIH, el AZT, produjo en 1986 recuperaciones "milagrosas" de pacientes desahuciados: subieron de peso, dominaron sus infecciones y muchos volvieron al trabajo. Al año de tratamiento recayeron porque el VIH había producido mutaciones resistentes al AZT.

6. Al descubrirse nuevos medicamentos, David Ho propuso combinarlos para evitar la resistencia en el virus. De nuevo hubo evidencia causa-efecto: bajo tratamiento, los infectados dejaron de morir y el SIDA se transformó en enfermedad crónica, como la diabetes. Con otra prueba, el recuento de virus en sangre, o carga viral, se mide que un coctel triple, bien calculado por un médico especialista, produce la inmediata reducción de la carga viral hasta niveles indetectables, y sin carga viral no hay SIDA. Las estadísticas están a la vista: la muerte por SIDA ha cesado en quienes se apegan a su tratamiento. Pero la estupidez siempre tendrá adeptos. No hay remedio.