Echeverría y el genocidio

publicado el 25 de diciembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Nos detuvieron a todos los dirigentes de lo que ahora se dice que fue un "grupo nacional", nos llevaron detenidos al Campo Militar No. 1 y no ante el Ministerio Público (con lo cual se conforman varios delitos cometidos por la autoridad). Nos retuvieron allí dos semanas, con lo cual el listado de delitos cometidos por la autoridad se alarga. Es verdad, pero también lo es que todos, absolutamente todos, salimos vivos del Campo Militar y fuimos entregados, en Lecumberri, a los jueces que nos seguirían proceso.

Los tales procesos fueron ignominiosos. Pero el hecho es que a los dirigentes del "grupo nacional" nos tuvieron en sus manos y nos entregaron vivos a todos.

Según nota de El Universal de este 19 de diciembre, el magistrado Ricardo Paredes Calderón señala, en 920 fojas, que no se puede invocar como justificación de la represión estudiantil en 1968 "la necesidad de la salvaguarda del Estado en sí mismo, máxime que no hubo racionalidad ni proporcionalidad en la medida tomada".

Tiene razón el magistrado. Como la tiene al señalar que "la acción gubernamental no puede escudarse ni siquiera bajo la premisa de pretender ‘salvar al país’ de una infiltración comunista ni de un derrocamiento del poder para convertirlo en un sistema político y económico diverso, pues no hay prueba alguna de que el 2 de octubre de 1968 los estudiantes pretendieran efectuar un ‘cuartelazo’, asentó el impartidor de justicia", según la misma nota firmada por Francisco Gómez.

Pero hasta ahí. El resto, "El ex presidente Luis Echeverría Álvarez fraguó, propuso y tuvo dominio de ejecución de la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, sin que para ello actuara en cumplimiento de un deber o la salvaguarda del Estado por alguna conjura nacional o internacional, concluyó el Poder Judicial Federal en el fallo que ordenó iniciar el proceso penal por presunto genocidio contra al ex mandatario", es a) una hipótesis: "Fraguó, propuso y tuvo dominio de la ejecución de la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco", y b) una aberración jurídica del mismo grueso calibre que las cometidas contra nosotros durante los procesos: "Según el fallo, esa finalidad de destrucción total contra los estudiantes del movimiento del 68, se evidencia con los homicidios masivos y por el hecho de que aquellos que no fueron privados de la vida, fueron detenidos, torturados, procesados y sentenciados, mientras que los demás miembros y simpatizantes identificados o declarados, fueron exiliados o sujetos a constante vigilancia, hostigamiento, y persecución política por parte de los gobiernos posteriores."

No sé si el reportero o el juez dice esa monumental barbaridad. No pueden incluirse detenciones, torturas, procesos y hasta exilios y "constante vigilancia", como parte del delito de genocidio. Señala bien la nota que: "De acuerdo con la legislación penal de 1968, el delito de genocidio se comete cuando existe el propósito de destruir, total o parcialmente a uno o más grupos nacionales o de carácter étnico, racial o religioso..."

Es más que discutible que "los estudiantes integraron un grupo nacional por su afinidad ideológica". Yo en todo caso, lo niego, pues no sentíamos ninguna afinidad los de Humanidades por los que llamábamos transas-reformistas de Ciencias y del Poli, ni la había siquiera entre los representantes de Economía, a veces Eduardo Valle, entonces en el Partido Comunista, y otras Oscar Levín, en el PRI. Nuestra "afinidad ideológica" es simplemente una puñeta que algunos no acaban de hacerse.

En cuanto a la comisión de genocidio, la esencia del argumento es la frase "propósito de destrucción total como grupo nacional, aunque ésta no se lograra." ¿Y por qué no se logró? ¿Porque nos salvó un ejército liberador como los aliados entrando a Auschwitz? No se logró porque, luego de tenernos, ilegalmente, en el Campo Militar, nos entregaron a las autoridades, vivos y a todos. Salimos de la cárcel también a propuesta de

Echeverría: irnos del país, lo cual aceptamos (excepto Heberto Castillo). A los 15 días volvieron todos (yo no) sin secreto alguno, entre gritos, discursos y mantas de bienvenida en el aeropuerto. Luego hicimos algunos la revista Punto Crítico. No nos volvieron a detener ni a molestar. Pero a los que se levantaron en armas, y mataban, los mataron. Eso sí. El riesgo lo conoce cualquiera.

 



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