Construcción de la historia priista

publicado el 04 de diciembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Chile, Argentina y Uruguay, que no tuvieron equivalente de la Revolución Mexicana, tienen hoy y tuvieron durante todo el siglo pasado, una clase media más sólida, mayor índice de escolaridad y de lectura, menos miseria y mejor calidad de vida en todos sentidos, una pobreza más digna y ciudades más habitables. En México estalló la primera revolución social del siglo, nos recitan orgullosos los textos. Y sigue siendo uno de los países americanos con mayor desigualdad social, miseria más desgarradora y más reciente clase media.

Por supuesto tenemos Seguro Social, educación básica gratuita y mejoras en la calidad de vida: como todos los países. Y a cambio de eso, el PRI nos causó un daño profundo en el carácter. Nos hizo infantiles, altaneros cuando podemos, sumisos cuando no. Únicamente la desolación en cultura cívica permite explicar que Ulises Ruiz conserve 36 por ciento de aprobación en Oaxaca y López Obrador un 22 en el país, todavía. Esas no son convicciones, sino necedades de niño malcriado.

El levantamiento de Madero duró unos meses. El dictador Porfirio Díaz huyó en mayo de 1911. Unos cuantos muertos y ninguna pérdida económica importante. ¿Por qué la Gesta Heroica, bla, bla, duró otra década? Porque los bejaranos y las padiernas, los monreales y los cotas de entonces se liaron a balazos por el poder. Comenzó Emiliano Zapata, quien se levantó en armas contra el presidente Madero ¡a tres semanas de tomar posesión! Y quien lea el Plan de Ayala encontrará que Zapata exigía la reinstalación de las leyes virreinales de propiedad de la tierra, que el presidente Juárez había sustituido, 50 años antes, por modernas leyes li-be-ra-les... Y nos venden en el mismo paquete escolar a esa runfla con la etiqueta de "héroes". ¿A quién, sino a niños, se puede engañar de tal manera y durante un siglo?

Pero la fundación del PRI exigía ese acto de magia. Nadie podía quedar sin su "estuata" ni su calle porque ese bando volvería a rebelarse. De ahí el diseño de esa historia oficial aberrante que seguimos consumiendo.

El PRI no paró su búsqueda de raíces en los cabecillas guerrilleros, nos construyó una historia prehispánica igualmente espuria. Las culturas mesoamericanas fueron ciertamente grandiosas en sus creaciones estéticas. Pero pertenecieron, todas, al neolítico, sus armas y herramientas fueron la piedra pulida, no los metales. Tampoco emplearon la rueda, salvo en juguetes para sus niños, ni el arado ni la humilde carretilla. No inventaron el ciudadano, no hubo código de Hamurabi ni leyes de Pericles ni derecho romano. Hubo sumisión. Al emperador no se lo podía ni mirar. Paleolítico no, pero sí neolítico. Allí estaban. Muchos allí siguen.

El daño, casi un siglo de mentiras, está hecho: en El Noticiero de López-Dóriga, una reportera se sintió obligada a concluir que, el nuevo y maravilloso telescopio milimétrico recién inaugurado en la sierra de Puebla, era continuación de la astronomía maya y azteca de hace dos mil años. Es asombrosa tal cantidad de disparates en tan pocas frases. Uno: hace dos mil años había mayas, pero no aztecas, pueblo que, todos aprendimos en la escuela, llegó, como cazador-recolector, no astrónomo, a fundar Tenochtitlán hace menos de 700 años. Dos: los mayas hicieron observaciones notables del cielo, pero nunca dejaron de atribuir los hechos celestes a los dioses con sus guerras y venganzas: la Luna fue infiel al Sol y entonces... Mm, chistoso. La revolución comenzada por los jonios 600 años antes de Cristo, que consistió en buscar causas naturales a los hechos naturales, no ocurrió en ningún pueblo americano. En Alejandría, Tolomeo ideó un sistema explicativo, que, equivocado, ya es astronomía porque explica cómo, no sólo anota qué. La astronomía maya se detiene en la observación, el qué. El porqué y cómo lo dejaron a los dioses. Tres: toda la astronomía moderna, toda, se deriva de Copérnico, Galileo, Kepler y Newton. La gran astronomía grecolatina se olvidó en la noche de la Edad Media. Los mitos celestes mayas no tuvieron continuidad alguna y perecieron, con esa cultura, 600 años antes de la Conquista. Apenas los estamos redescubriendo, trabajosamente, en la maraña de la selva. Los telescopios de hoy no les deben nada.

Pero nos brota una deformación ideológica inducida por la urgencia priista de hacerse un traje a la medida. Traje que resultó armadura de hierro.