El código del ADN es insuperable

publicado el 26 de noviembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Dos son las preguntas fundamentales que se hace la humanidad desde que la razón nos hizo humanos: cómo empezó el universo y cómo empezó la vida. Para ambas preguntas tiene la ciencia aproximaciones maravillosas en límites cada vez más corridos hacia el primer instante. Los seres vivos proceden siempre de otros seres vivos, descubrió Aristóteles 350 años antes de Cristo, cuando era idea popular que sapos y ranas los engendraba el lodo al ser calentado por el sol, generador de vida. Se le llamaba a eso "generación espontánea". El primer triunfo de la recién fundada biología fue demostrar que en ese lodo había huevecillos puestos por seres iguales y que si uno cocía el lodo y lo ponía al sol en ausencia de toda rana jamás se haría presente el poder generador del sol.

Pero los hijos no son idénticos a sus padres. Desde 1859 sabemos, por Darwin y sucesores, que cada generación de plantas o animales puede tener variantes ligeras, y así es como el medio produce la transformación de una especie en otra, al seleccionar o rechazar variantes.

Nos hemos remontado cientos de millones de años en el origen de la vida descubriendo esas lentas transformaciones. ¿Querían el "eslabón perdido"? Pues hay millares de eslabones encontrados.

Pero seguimos buscando el principio mismo, la primera célula, el primer fragmento de ADN. No estamos lejos. Una nota del Scripps Research Institute, de la Jolla, California, nos habla ya del "primer material genético".

El paso fundamental de la materia inanimada, como la de tantas moléculas orgánicas, a los constituyentes de una célula viva es el desarrollo de moléculas que puedan replicarse a sí mismas, dice la nota. Un equipo conducido por Ramanarayanan Krishnamurthy y Albert Eschenmoser, del Scripps, investiga cómo debió verse tal molécula.

El material genético de todos los seres vivos, incluidos los humanos, está formado por ADN, cuyas largas columnas están formadas de azúcares y fosfatos. En torno de esas columnas, o largueros de una escalera de albañil torcida, se conectan los "peldaños" de la escalera, las cuatro "letras" del código genético: adenina (A), guanina (G), timina (T) y citosina (C). A y G forman pares con T y C para hacer los escalones de la escalera. Es la famosa doble hélice. Una estructura similar pudo ser la base del primer material genético.

Aunque se duda si la estructura consistió también de azúcares y fosfatos.

Para encontrar el rastro correcto en la búsqueda de los orígenes de la vida, el equipo trata de unir otros potenciales bloques de construcción. Los compuestos que ponen a prueba deben haber sido posibles de formar en las condiciones anteriores a la vida y, además, ser capaces de pasar la información de su estructura a la siguiente generación.

El equipo ha ensayado compuestos que imitan las bases del ADN (los peldaños de la escalera), pero pueden unirse a diferentes tipos de estructuras (los largueros de la escalera).

"Nuestros resultados indican que la estructura de las bases, más que la de la columna, fue el factor crítico en el desarrollo de nuestro moderno material genético", dice Krishnamurthy.

Muchas cadenas de moléculas pueden adoptar una estructura espacial adecuada (los largueros de la doble hélice), pero sólo unas pocas bases pueden ajustarse en los pares necesarios para formar los escalones, hechos de dos bases. "De acuerdo a nuestras observaciones, estamos comenzando a comprender por qué las bases naturales (las de AGTC) son las óptimas en relación a la función que realizan."

Una pregunta: ¿por qué la naturaleza eligió esas cuatro bases para codificar la herencia, y no otras cuatro?, parece estar resuelta: el cuarteto adenina (A), guanina (G), timina (T) y citosina (C) es inmejorable. Otras cuatro bases cualesquiera presentan un rendimiento inferior al momento de transmitir información codificada. La selección natural fijó el cuarteto óptimo porque éste eliminó a la competencia.

De entre las muchas combinaciones posibles, sólo la de AGTC ganó la licitación para fabricar la vida, toda la vida, sobre este planeta. Los demás proyectos desaparecieron.

Contacto: Ramanarayanan Krishnamurthy, The Scripps Research Institute, La Jolla, EU.