No toda paidofilia es abuso

publicado el 19 de noviembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Fue una historia muy sonada en Estados Unidos. Y muy bella. Un adolescente de 14 años se enamoró de su maestra, de unos 25. Ella resistió un tiempo los avances del casi niño, pero finalmente cedió.

Enamorada, descubrió pronto su embarazo y tuvo el hijo. Cuando los padres del adolescente descubrieron el secreto, la acusaron de corrupción de menores y todo lo que ahora dicta la ley.

De nada sirvieron los gritos y llantos del joven que exigía casarse con ella.

Fue encarcelada por una conducta mutuamente consentida; no muchos años, pero suficientes para que él alcanzara la mayoría de edad.

Luego de visitarla todas las semanas, la esperó a la salida de la cárcel, la llevó al Registro Civil y se casó con ella. Hace un nudo en la garganta. La relación con sus padres quedó rota o maltrecha para siempre. Se lo merecen.

El tema es resbaladizo, lo sé, así que iré con tiento. El adulto que obliga a un menor a sostener relaciones sexuales, sea por la fuerza o por la amenaza, es un criminal que debe responder ante la ley.

El caso se empeora si el adulto posee un aura de guía moral, como es el caso de sacerdotes, maestros y parientes cercanos.

Una niña o un niño a quien se obliga a realizar lo que no desea sufre un daño cuya gravedad determinan las características personales de cada uno.

Pero, sí la sexualidad infantil y, sobre todo, adolescente, existe. Es un hecho.

Y existe el niño que prefiere adultos. Conocí de muy cerca un caso de adolescente especializado en choferes de taxi. Y tengo otro todavía cercano.

Bien. Público da cuenta del caso de Daniel Bricio Villa. Según nota de Rocco Palomera, Villa era el encargado de Comunicación Social de la PFP en San Pedro Tlaquepaque. Como presidente de la Asociación Deportiva Interpolicial, aprovechó su cargo para "extraer al menos a un adolescente del Centro Tutelar con el que tuvo relaciones sexuales a cambio de dinero o regalos".

Hasta aquí parece un abuso que no lo era tanto hasta hace unos años, pues no se trató de un niño atemorizado, sino de un joven delincuente, atractivo a la hora del deporte, que acepta una relación sexual con un adulto, como de seguro ya las ha tenido con más pequeños en el Centro Tutelar, donde los mayores sí obligan y amenazan a los menores.

Pero Villa debió encariñarse del menor delincuente como para gestionar su libertad y llevarlo a vivir con él, a su propia casa. La madre del joven "aceptó, pues su hijo la robaba".

Así fue como un menor encarcelado en el Tutelar encontró un hogar, digo yo.

La ley considera que es un delito grave. Yo creo que ni siquiera es un delito.

Lo sostengo porque ya hubiera querido encontrarme yo, a mis 14 años, un Daniel Bricio Villa que me librara, con el afecto de un entrenador deportivo, de los años de tortura que sufrí por su ausencia.

No sentía deseo homosexual, pero no dejaba de resultar extraño que las muchachas siempre tuvieran para mí algún defecto: una era flaca, otra gorda, una muy alta, otra chaparra. O tenía un olor raro... En cambio, sin asumir homosexualidad alguna, mis amigos eran encantadores y, sólo por "casualidad", guapos.

A la distancia de varios decenios, tengo la sospecha de que un joven de unos 25 años, que vivía en unos departamentos sobre Juan Manuel, a donde un primo y yo visitábamos una tía, joven que nos invitaba a escuchar música clásica en su maravilloso equipo de sonido, pudo tener segundas intenciones que nunca manifestó.

Quizá porque nunca subí yo solo. Quizá porque me equivoco. Pero, de haberlas tenido, mientras me mostraba el cambio de calidad que producía el nuevo pre-pre-amplificador, el nuevo ecualizador en la Sinfonía Pastoral de Beethoven... me habría enamorado de él y no hubiera tenido que recuperar el tiempo perdido años después.

De saberlo, mis padres se habrían molestado mucho.

Pero no hubiera habido más: aún no había llegado la moda penal desde Estados Unidos.

En unos días se habría calmado la tormenta y yo hubiera seguido yendo a escuchar la Pastoral... y a algo más.

Y si en vez de un hombre joven afecto a la música clásica y a la alta fidelidad de la época, hubiera sido un entrenador deportivo, mucho mejor.

Ahora los meten a la cárcel por darle hogar (con cama y sexo, claro) a un adolescente liberado del Centro Tutelar de Menores. Algo anda mal en nuestras leyes.

PD. En español se dice paidofilia porque en griego se escribe con alfa y iota, no pedofilia, que es un gusto más puerco.