Fue un priista azul

publicado el 13 de noviembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Lo grave no es que el presidente Fox diga tonterías porque ya se va, sino que fue lo primero que hizo en cuanto abrió la boca al recibir la banda presidencial. El derrumbe de Fox como promotor de un cambio profundo en el Estado mexicano, y no sólo un recambio de partido político, empezó con la primera palabra de su discurso al tomar posesión: "Hola". Por saludar en primer término a sus hijos y no al Congreso se buscó una enemistad gratuita. Fue la marca del sexenio.

El presidente Fox jamás entendió el cambio que se esperaba de él. No era solamente sacar al PRI de la Presidencia, lo cual consiguió con la suma del hartazgo nacional por 70 años de lo mismo y su indudable carisma. Pero luego no vio más: no desmanteló las columnas del PRI, como el sindicalismo corporativo; no transformó las relaciones del Estado con las viejas clientelas priistas; no instauró el imperio de la ley, por el contrario, llevó la discrecionalidad priista a extremos jamás vistos, hasta despeñarnos en "las tribus con sus lanzas", profecía de Castillo Peraza. Quiso conquistar a la izquierda reviviendo al muerto Marcos, y no con un obús contra la cláusula de exclusión, esa cadena en poder de cada charro sindical. Por la cláusula de exclusión la empresa se compromete a despedir un trabajador sin más motivo que su expulsión del sindicato. Así acaban con toda disidencia. Fox la deja intacta.

El régimen del cambio siguió, sin cambio alguno, la tradición corporativa. Resultado: petroleros, ambulantes, taxistas, mineros, maestros convertidos en fuerzas de choque al servicio de forajidos como Napoleón Gómez; el peor nivel educativo premiado con un hotel en Huatulco, los "lingotes de oro" del Pemexgate perdidos entre disparates, gracejadas y dicharachos.

Quiso aplicar el conjuro priista: hágase esto, hágase lo otro, sin pensar que ya no era un presidente imperial, que precisamente él había terminado con eso, y que tenía frente a sí un Congreso enfurecido con trivialidades.

La última: el viaje a Vietnam, con Oaxaca ardiendo y ocho bombas en la capital de la República, más escala en Australia, inexplicable hasta que el país se enteró de que allí vive su hija Paulina y está a punto de parir. No se puede imaginar mayor frivolidad en un Presidente a pocos días de entregar su mandato en las peores condiciones. Y otra más, de nuevo en la más pura línea del PRI, es su intento por conseguirle a su secretario particular la embajada en Canadá... cuando el PAN argumentó con razón durante decenios que el servicio exterior debía ser profesional y no refugio de políticos a quienes se desea castigar con un exilio en Managua o premiar con una buena chamba en Roma.

Bombas

Los objetivos de las bombas no fueron los propios de organizaciones guerrilleras. Éstas asaltan bancos para comprarse armas, no simplemente los destruyen. Pero López Obrador ha lanzado acusaciones diarias contra los banqueros ¿El Tribunal Federal Electoral? Es el Tribunal quien acabó certificando la derrota de López Obrador. ¿Y Sanborn’s? Una bomba que no estalló por errores en su hechura no fue puesta en una transnacional, en un símbolo del imperialismo, sino en dominios de Carlos Slim, hoy en la lista de los traidores a López. Cuidado: ahí vienen.

Cultura y pobreza

Me han pedido que aclare, de mi pasado artículo, la afirmación de que los pueblos precapitalistas, como tantos de Oaxaca, Chiapas, etc., son por eso mismo pobres: "¿Deberían pues adoptar el capitalismo, la democracia y el mercado?" No. Todo pueblo tiene derecho a su cultura y a que nadie pretenda imponerle usos ajenos. Las naciones ricas han seguido un camino: la unión de ciencia, tecnología, capital y mercado para vivir como viven. Los pueblos indígenas tienen otros usos y costumbres. Muy su elección. Y los resultados están a la vista. Pero entonces no llamemos a eso "pobreza" ni "miseria", sino "otra manera de vivir". Sólo que, si es elección, no lloriqueen. No hay manera de producir electricidad con usos y costumbres zapotecos. Tampoco hay democracia en asambleas de mano alzada frente al cacique. Pero tampoco son indispensables: 150 mil años de prehistoria humana y las culturas precapitalistas aún existentes lo prueban. Nada más, no lancen culpas: a Oaxaca le cubrimos los demás estados el 98 por ciento de su presupuesto. Hacemos muy mal.

Periquete:

La autocrítica ha elogiado mucho su libro.