De pendencieros y bravucones

publicado el 20 de noviembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Lo saben los niños al ingresar a una escuela nueva; lo saben los presos al llegar a la cárcel: no puede uno dejarse del fanfarrón pendenciero que va por los pasillos con aire de perdonavidas porque se engallará aún más. No hay salida, no hay escape para el pacífico: a la primera debe uno partirle su madre... O intentarlo. El respeto de los camorristas se gana a golpes y sólo a golpes. O por el resto del ciclo escolar uno es el mequetrefe de quien todos se burlan. Así es. Ni modo. La vida nunca ha sido justa con los timoratos.

Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, es tan obvio que da risa. Advierte con rara gramática: si para la toma de posesión del nuevo Presidente cambian la sede "Sería ilegal e inconstitucional. Ese Presidente no tendría validez y su mandato tampoco, sus decisiones serían nulas de pleno derecho". Pero, a la vez, poco dado a la lógica, "reitero que los integrantes de los grupos parlamentarios del PRD en el Congreso de la Unión tratarán de impedir ‘a toda costa’ que Calderón cumpla con lo estipulado por la Constitución, el 1 de diciembre." Y se queda tan orondo.

A ver: impedir "a toda costa", o sea por la fuerza, el cumplimiento de un mandato constitucional, no es anticonstitucional... porque lo hace el PRD. Pero, si tratando de evitar el papelón de llegar a los golpes, jalones de greñas y corrida de medias, se tomara la protesta a Calderón en un recinto alterno, eso, ¡válgame el cielo!: "Sería ilegal y nosotros tomaríamos las decisiones conducentes sobre el particular, el Congreso de la Unión tendría que nombrar un Presidente interino". Ajá já, pillín, para allá ibas.

El vocero se equivoca de cabo a rabo: el juramento de un nuevo Presidente se realiza ante el Congreso, no en cierto domicilio, sino "dondequiera que el Congreso esté", o ante la Comisión Permanente, como prevé la Constitución. Cuando la Cámara de Diputados se incendió, hace unos años, los actos oficiales se realizaron, durante su reparación, en sedes alternas. Y nadie argumentó que fueran "nulos de pleno derecho". El Congreso de la Unión está... donde sesiona.

Pero en un punto acierta el rufián de escuela secundaria: no debe cambiarse la sede. Sería rendirse ante una bravata, aceptar el chantaje y la intimidación, pagar el precio del rescate a los secuestradores de la tribuna. Los legisladores deben defender el acto constitucional no sólo con la fuerza pública, que para eso está, sino con la propia.

Ya avisó otro perredista que el reglamento del Congreso prohíbe la presencia de "gente armada" en el recinto de sesiones. Cierto, aunque el texto claramente se refiere a civiles. Jamás se ha registrado al Estado Mayor Presidencial para despojarlo de sus armas. Los jefes de gobierno invitados también disponen de sus propios servicios de seguridad... armados. Pero tampoco serían necesarias armas de fuego para detener a los rijosos, bastarían toletes y unas cuantas y honorables cabezas partidas. Es que, puta madre, ya basta.

Y luego debe venir la aplicación de la ley: fuero no es impunidad para delinquir, y la sola propuesta perredista, aun sin llevarla a cabo, es ya un delito. Diputados y senadores que cobran con una mano y levantan palos con otra deben responder por sus actos ante la justicia y ante el IFE.

Lo peor es que no se trata sino de un berrinche del titiritero que algunos de sus títeres realizan sin mucho entusiasmo. El PRD entró a una elección vigilada de principio a fin: padrón de electores vuelto a levantar, credenciales con fotografía, casillas a cargo de ciudadanos elegidos al azar y vigiladas por todos los partidos contendientes, observadores nacionales e internacionales, nuevo recuento casilla por casilla impugnada y voto por voto. Coincidieron en resultados las últimas encuestas previas, las de salida, el PREP del 2 de julio y el recuento total del 5 al 6 de julio. La revisión de casillas impugnadas mostró errores a favor y en contra de todos los candidatos. Errores que no modificaron el total. Tan fue pulcra la elección que los diputados y senadores del PRD aceptaron sus cargos... y sus millonarias mesadas, dietas y viáticos. Ya están viajando.

Pero el perdedor es "presidente legítimo" porque así lo afirma y ordena a sus vasallos impedir "a toda costa" el juramento del ganador. ¿Un país de opereta? ¿Una república bananera? México no merece que, quienes cobran de nuestros impuestos, le den ese trato.

 

la talacha fue realizada por: eltemibledani
 

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