Manuel II Paleólogo fue... proturco

publicado el 01 de octubre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

El emperador citado por el papa Benedicto XVI, para afirmar que la fe debe fundarse en la razón y no en la espada, Manuel II Paleólogo, estableció pacíficas relaciones con los turcos musulmanes durante su reinado. Eso le permitió retrasar 50 años la caída de su imperio, el bizantino. Hasta que, 28 años después de su muerte, en 1453, cayó Constantinopla ante la indiferencia de la Europa cristiana. Pero vayamos por partes. ¿Qué es eso del Imperio Bizantino?

Fue lo que quedó del Imperio Romano. En el siglo IV después de Cristo, el emperador Constantino (el primer emperador cristiano) decidió que su imperio ya era demasiado grande para gobernarlo desde Roma. Construyó una segunda capital, en el Oriente, sobre la ciudad griega denominada Bizancio, sobre el estrecho paso del Mediterráneo al Mar Negro. La llamó "la ciudad de Constantino", que en griego se dice Konstantínou Pólis. Y los españoles, que nunca oyen bien, transformaron en Constantinopla. Un par de siglos después, cayó Roma bajo las oleadas de invasiones bárbaras que cruzaban fronteras ya sin resistencia. El Imperio Romano se acabó, comenzó la Edad Media y la formación de las nuevas naciones: España, Francia, etcétera.

Pero el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, habría de resistir mil años más. Es lo que llamamos Imperio Bizantino, de lengua griega. Su principal amenaza no fueron los bárbaros germánicos y eslavos, sino un nuevo país, Arabia, surgido de las tribus unificadas por Mahoma en los siglos VII y VIII. Mahoma predicó a las tribus paganas el Dios único, invisible, el Dios de Abraham y de Isaac. Dijo que un profeta posterior a estos patriarcas fundadores, Jesús de Nazaret, el Cristo, había renovado la palabra divina. Pero que las últimas noticias del Cielo eran las recibidas por él, Mahoma, de boca misma del arcángel San Gabriel.

Mohamed era su nombre, no Mahoma, pero, de nuevo, como los españoles nunca oyen bien, voltearon las vocales. Con ese nuevo evangelio, los árabes levantaron una gran nación y de "guerra santa" en "guerra santa" se extendieron por toda África del norte. Al llegar al Atlántico cruzaron el estrecho de Gibraltar y conquistaron la mitad de España. Como todos sabemos allí se quedaron ocho siglos, hasta 1492, año en que Cristóbal Colón llegó a América, y muchos soldados lo siguieron porque estaban desquehacerados tras haber echado fuera a los árabes.

Una tribu del Asia central, los turcos, paganos en su origen, llegaron a tierras musulmanas, se convirtieron al Islam, y comenzaron a avanzar hacia el norte por la orilla del Mediterráneo oriental, donde ahora está Líbano. Así llegaron a la península que hoy es Turquía y era parte del Imperio Romano de Oriente o Bizantino. Allí los pararon. Pero el asedio no concluyó.

Quien sería el emperador Manuel II nació en 1350, hijo de Juan V Paleólogo. No era el mayor y no le correspondía el trono, pero su hermano tuvo la mala idea de rebelarse contra su padre, Juan, y la mala suerte de resultar derrotado. Manuel fue coronado co-emperador en septiembre de 1373 y ayudó a su padre a reconquistar Constantinopla, tomada por el malvado hijo mayor, Andrónico IV. Pero, he aquí lo interesante, la reconquistaron con ayuda de los turcos, por lo que debieron pagar tributo al sultán por años. Como dicen los gringos: there is no free lunch! Un hijo de Andrónico capturó de nuevo Constantinopla, y, otra vez con ayuda de los musulmanes Manuel y su padre Juan la reconquistaron. En pago, el co-emperador Manuel fue obligado a vivir como vasallo en la corte del sultán. En 1391 murió Juan V y Manuel huyó a Constantinopla, donde ascendió al trono.

Los turcos siguieron avanzando alrededor del cada vez más reducido Imperio Bizantino. Tomaron el norte de Grecia y todo el Peloponeso, el sur. Constantinopla quedó aislada. Manuel fue a Roma y a las capitales europeas en solicitud de fuerzas, pero sólo obtuvo magníficos recibimientos. Así que hizo tratados de paz con el nuevo sultán. El último, humillante, lo hizo retirarse a un monasterio en 1423; murió en 1425. En 1453 los turcos dieron el último asalto a Constantinopla y la derrotaron. Con el nombre de Estambul, la hicieron capital de su imperio, el Otomano, que duró hasta 1918 cuando, con alemanes y austro-húngaros, perdieron la Primera Guerra Mundial. Quedaron reducidos a Turquía. En las tierras otomanas del sur comenzó otra disputa: si era Palestina o Israel. Todavía dura.

 

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