Seis años... y atascados

publicado el 25 de septiembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Al revisar mis escritos previos a la elección presidencial del año 2000, me encontré éste: una amarga muestra de que el virus que atacó a AMLO es endémico en el país. Tengo menos espacio ahora, así que debo eliminar párrafos. Va.

Además del candidato Vicente Fox, ahora también Cuauhtémoc Cárdenas pone pretextos para aceptar los resultados de las elecciones presidenciales (del 2000): "No extenderemos un cheque en blanco", dijo el pasado martes. Argumentó que si a la gran mayoría del pueblo le parecía que hubo fraude se debería ir a una nueva elección. Pero... ¿y quién define esa "gran mayoría del pueblo"?

Lo que hacen los candidatos Fox y Cárdenas es muy peligroso y producto de que ninguno cree verdaderamente en la democracia. Fox y su exigencia de un margen de 10 por ciento para aceptar un triunfo del PRI, envió un torpedo al frágil barco del consenso ciudadano.

Este consenso es uno y uno solo: por primera vez, y última en este siglo, tenemos elecciones presidenciales sin la vigilancia de Gobernación, comicios puestos en manos exclusivas de los propios partidos contendientes. ¿Quién hará pues el fraude? ¿Los partidos? Todos están representados en el IFE, para ellos el flujo de información estará disponible desde que se recuente la primera casilla. Todos podremos ver que un candidato lleva delantera, se atrasa, vuelve a adelantar, y así, casilla por casilla.

¿En qué se fundan, entonces, las dudas de Fox y de Cárdenas? Son declaraciones por completo irresponsables que únicamente buscan, en uno, justificar su segura derrota y en otro la probable:

Fox sabe cuánto ha hecho para perder votos con declaraciones ligeras. Esto es, agitan el espantajo del fraude, muy real durante un siglo, ahora que las elecciones ya están en manos del pueblo que tanto alaban. Ninguno, ni Cárdenas ni Fox, nos ha explicado cómo se puede realizar ese fraude.

Prueba de que la tontería pega son las inauditas declaraciones de un conjunto de universitarios, alarmados porque la autonomía de la UNAM será violada... con el préstamo de la computadora de esta institución a los recuentos del IFE. Primero, el hecho mismo es falso, pues el IFE ni ha solicitado ni necesita la computadora de la UNAM, pues le basta su formidable sistema, y segundo, ¿y qué si así fuera? Sería motivo de orgullo que esa institución, maltrecha por gente como los declarantes, participara en las primeras elecciones presidenciales totalmente controladas por los partidos y los ciudadanos este año 2000.

La desinformación de los universitarios alarmistas llega al punto de decir que la UNAM prestará su computadora "a Gobernación." Por lo visto, ni a sectores cultos de la población les ha llegado todavía la noticia de que las elecciones no las organiza ya la Secretaría de Gobernación, sino los propios partidos. (Información que sigue sin llegar en 2006).

Un partido para la izquierda. El derrumbe del PRD como opción para la izquierda democrática y socialista es un hecho. El PRD es ahora lo que fue el PRI hasta el presidente Echeverría: el partido que profesa la fe del estado paternal, de la inversión estatal como fuerza motriz de la economía. Recordemos las giras de Echeverría: "Señor Presidente, queremos un hospital." Y la voz estentórea ordenaba a la realidad: "Hágase aquí un hospital." Y así, caminando, dictaba: "Hágase aquí un carretera", "hágase aquí una presa", "triplíquese tal presupuesto." Así comenzó la crisis económica y el abismal endeudamiento de México.

¿No es tiempo pues de tener un partido socialista moderno, como los que han hecho de Europa un continente rico y con el mejor reparto de la riqueza en el mundo? No son las recetas de Cárdenas-Echeverría las que hicieron disminuir los mendigos de las calles de Madrid, sino un socialismo inteligente, como el que ha hecho de Suecia y otros países nórdicos modelos de justicia social con abundancia.

¿Es Democracia Social el germen de ese partido? Puede muy bien serlo. Está lleno de gente buena y limpia que merece la confianza y el voto de los mexicanos, tiene un proyecto audaz; su candidato presidencial, Gilberto Rincón Gallardo, es uno de dos, entre los seis, que no viene ni es del PRI (el otro es Fox), y que presenta un proyecto de nación, una visión global del México deseable, el único que no desbarra ante temas polémicos y ofrece una campaña de estadista.