Siempre lo supo

publicado el 11 de septiembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

La noche misma del 2 de julio, López Obrador supo que había perdido la elección presidencial, pero ganado el mayor contingente legislativo. Lo supo porque era el resultado de la simple suma de las actas con los votos de cada casilla, actas avaladas con la firma de los representantes del PRD. Prefirió darnos estos meses de tortura porque fue incapaz de aceptar un triunfo de su partido simultáneo a una derrota personal. Él y nadie más que él había perdido. Todos los demás candidatos tenían sus puestos asegurados dentro de las instituciones que luego, la tarde del Informe, prefirió mandar "al diablo" desde su mitin diario, al que llama asamblea. Ese fracaso, personal, íntimo, único, le resultó intolerable al caudillo. Y lo habría sido para cualquiera: allí están Guadarrama y Núñez, priistas con senadurías del PRD; allí está Ebrard, salinista con jefatura de Gobierno del PRD. Todos, todos, excepto él. Eso lo quebró.

También Carlos Castillo Peraza supo que su derrota en la campaña por el DF, donde el PAN comenzó con todas las encuestas a su favor, era obra suya. Y tampoco pudo con esa derrota. Hombre íntegro, la reconoció. Pero no vivió mucho tiempo más.

El rostro de López Obrador, que unos pocos señalamos con insistencia cuando se ocultaba detrás del maquillaje para la foto electoral, en la derrota aparece tal cual es y ha sido siempre: "Al diablo con las instituciones", grita, sin importarle poner en tremendo brete al PRD, partido que es parte de esas instituciones, pues ganó diputados y senadores como nunca antes en su historia, ganó el gobierno del DF y gobierna varios estados. No le importa porque el PRD jamás ha sido su partido, de ahí que su principal afán haya sido el de rellenarlo con los peores priistas, con bazofia del calibre de José Guadarrama y Arturo Núñez, para mencionar sólo dos; uno, acusado de asesinar perredistas; otro, campeón del Fobaproa, el rescate bancario considerado por El Peje como el peor robo a México... y hoy senadores por el PRD. ¿Usted no entendió? Yo tampoco.

López Obrador fue el primero en creerse su atractivo, el que levantó sobre la miseria, pero no la de los pobres, sino la miseria educativa del país: suelta los lugares comunes más comunes con la convicción del adolescente ceceachero que ha descubierto las clases sociales, tiene "filosofía" de taxista, certezas de carbonero, sabiduría de esquina, frases de "jilguero" (como se llamaba a los encargados de calentar un mitin antes de dar la palabra al candidato priista); acusa a los contrarios de hacer exactamente lo que él está haciendo, repite estribillos sin preocuparse por fundamentarlos, ofreció una colección desarticulada de recetas comprobadamente fallidas, todo envuelto en una densa aureola de feromonas sexuales, en una cachondería de ríos tabasqueños que enamoró a muchas y a muchos.

Encontró la palabra más creíble para todo México: "fraude". Porque fraudes sufrimos por 70 años de PRI. Y escamoteó mañosamente que las elecciones no las organiza ya el gobierno, y que al frente de las casillas están vecinos que son vigilados por representantes de los partidos, vigilados por observadores nacionales e internacionales. Gritó "fraude" y la miseria educativa del país hizo el resto: poca gente sabe explicar los cambios en el sistema electoral hechos hace 15, 12, 10 años. Lo hizo de mala fe porque siempre tuvo las pruebas de su derrota, su insoportable, su imposible derrota.

Reprimir

¿Se reprime a un secuestrador cuando se lo somete por la fuerza para liberar a la víctima? Los mexicanos hemos terminado por no distinguir entre 1) Aplicar la ley a quien la infringe, y 2) Reprimir una manifestación legal de protesta. Lanzar la policía contra una marcha pacífica y desarmada es reprimir. En cambio, bloquear avenidas y carreteras, cerrar bancos, es claramente ilegal y afecta los derechos de terceros, es un secuestro de la ciudad. Evitar los secuestros es obligación del Estado, y no es materia optativa.

Complot

Aquí está el último: 1) Fox siempre estuvo contra la candidatura de Calderón y apoyó a Creel; 2) no pudiendo manifestarse en contra del candidato de su partido, decidió, maquiavélica, astuta, arteramente (mostrando esas destrezas por primera vez en su vida), manifestarse a favor; 3) pero hacerlo de tal manera que fuera causal para invalidar su posible triunfo. O más a su tosco nivel: lo traicionó su inconsciente. ¿Cómo la ven?

 

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