Hay una vía más para la evolución

publicado el 10 de septiembre de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

En la escuela aprendimos que la evolución de las especies ocurre por selección natural, y que esta selección la hace el medio ambiente. La materia prima para la acción modeladora del medio sobre las especies, la ofrecen la reproducción sexual y la mutación. La primera porque crea nuevas combinaciones de genes, y la mutación por los cambios que, al azar, resultan durante el copiado de los genes. Por ejemplo, un gen del pelo se copia con un pequeño error, de tal forma que da a las crías pelo más largo. Si el medio es frío, protege; si es caluroso, perjudica. La misma mutación permite la mejor sobrevivencia de las crías nacidas en clima frío y reduce las probabilidades a las de clima caluroso. Al sobrevivir más tiempo y mejor adaptadas, las crías de clima frío dejarán más descendientes... que habrán de heredar el pelo largo. Las de clima caluroso viven menos y dejan menos hijos o ninguno. Así es como un rasgo, surgido de una mutación al azar, se fija o desaparece, en este ejemplo, por el clima.

Pero la ciencia está en constante revisión de sus certezas: es su enorme diferencia con la religión (y con esa religión laica en que se puede convertir la militancia política). La revista Science del pasado viernes publica un notable estudio que revive otra teoría al respecto de cómo ocurre la especiación, cómo se crea una nueva especie o varias a partir de una anterior, teoría nacida impopular y abandonada pronto.

Biólogos de la Universidad de Rochester revelan un hallazgo que deberá reevaluar los procesos que dan origen a las especies. El principio de la especiación, formación de nuevas especies por saltos evolutivos, dice el artículo, puede ser disparado por genes que cambian de localización en el genoma. Esto es, no sólo por mutación, alteración, de genes durante el copiado por el que se produce un nuevo individuo de la especie, sino por movilidad de genes, por lo demás intactos, a lo largo del genoma (la cadena de todos los genes), lo cual se propuso unos 70 años atrás, y se desechó rápidamente.

"En la década de los 1930 se especuló que partes de los cromosomas que conectan una locación a otra podrían causar la división de una especie en dos diferentes", dice John Paul Masly, autor principal del artículo. "Otras causas genéticas de la especiación están claramente documentadas en la naturaleza, y no fue hasta que tuvimos la habilidad de establecer las secuencias de genomas completos cuando pudimos apenas intentar investigar la cuestión".

Curiosamente, sigue la nota, la hipótesis casi muere otra vez. Theodosius Dobzhansky, un bien conocido genetista evolutivo, estudió en 1930 moscas de la fruta, el caballo de batalla de la genética. Eran los días en que la investigación de los genes estaba en su infancia. Encontró secciones de cromosomas que podían reubicarse a sí mismas. Pero los científicos no sabían si eso ocurría realmente en la naturaleza, y ganó terreno la teoría competidora, la que atribuye la formación de nuevas especies a la acumulación de mutaciones, lo cual es observable con facilidad. Desecharon la hipótesis de los genes móviles.

El equipo de Rochester trabajó seis años en un proyecto que la recuperaba. Sus primeras investigaciones casi fracasan, y así la hipótesis de Dobzhansky habría vuelto a morir. Pero antes de tirar seis años de trabajo a la basura, le llegó otra luz del pasado: el comentario de un científico llamado Hermann Müller en un artículo de hace 60 años. Sin eso, "nunca se nos habría ocurrido que el gen podría haberse movido fuera del cromosoma" observado, dice Masly. Llamó a un colega, el genetista Corbin Jones, ahora coautor del artículo en Science, que se encontraba estudiando el genoma de esa especie particular de mosquita. "No lo vas a creer, pero tienes razón" (que el gen se había movido) dijo Jones por teléfono un día. "No está en el cromosoma cuatro, sino en el tres".

Ahora los genetistas tenían una especie con un cierto gen en el cromosoma cuatro y otra especie con el gen en el tres. El asunto no es menor y lleva a hacer otro cambio a los libros de texto, luego del ocurrido al reclasificar a Plutón como nanoplaneta. Ahora debemos decir que la evolución por selección natural elige entre el material genético variado por mutación de un gen, digamos una copia errónea, o por su salto a otro lugar del genoma.