¿Es un avión? No, ¡es "El Peje"!

publicado el 28 de agosto de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Ya se nos fue. Despegó. Sería de risa si no estuviera poniendo en riesgo la vida de sus apóstoles. Todos quienes hemos conducido un mitin entusiasta sabemos que "la gente" hace lo que le pidamos y no hace el dirigente –como afirma repetidamente Su Alteza Pejesísima– lo que sus bases le piden. Falso y demagógico. Entre gitanos no nos leemos la mano. Quien pide contención desde el micrófono, eso obtiene; cuando damos por terminado el mitin e instamos a volver ordenadamente a casa, así lo hace la gente; pero quien llamara a quemar el Palacio Nacional tendría miles de voluntarios. "La gente" pide órdenes y las obedece.

López Obrador ha estado siguiendo un juego macabro en busca de sangre que reavive sus campamentos vacíos, que llene las grandes, uniformes y costosas carpas que "la gente" no pudo haberse pagado.

El juego lo comenzó desde la jefatura de gobierno al no atender amparos ganados por ciudadanos. Su departamento jurídico no dio seguimiento a juicios interpuestos contra el gobierno de la ciudad porque jamás López Obrador ha creído en las leyes. Dio las primeras muestras al ser presidente del PRI en Tabasco y, de inmediato, plantearse la creación de "redes ciudadanas" paralelas a su partido, redes que dependieran única y exclusivamente de él. Falló entonces porque el PRI tiene colmillo. Pero no falló en el PRD, donde la misma iniciativa tuvo completo éxito. Así logró el control personal, monárquico, del partido que asaltó desde el PRI. Ocurrió como previene la ecología respecto de las especies trasplantadas: las poblaciones nativas no tienen defensas contra el nuevo predador porque la evolución no las hizo necesarias. El predador desconocido arrasa.

Una vez con el PRD bajo su mando absoluto, expulsados o anulados sus fundadores (oh, padrecito Stalin), López Obrador lo rellenó de priistas sin hueso. Así obtuvo la total fidelidad de una nueva población cobijada bajo el cascarón vacío del PRD. Y pudo lanzarse de lleno a su tarea: pavimentar su camino a la Presidencia. Líder nato, supo que la acción de la ley en su contra le traería frutos. Buscó, una y otra vez, la confrontación legal, hasta forzar el desafuero, que finalmente obtuvo.

Supo que este país, de héroes derrotados y por eso héroes, vería en el gobernante sin fuero una víctima. La habilidad para acentuar esos rasgos es notable en López Obrador. Calculó bien las debilidades del presidente Fox. Pedía entonces cárcel, como la pide, a gritos, también ahora. Vio recular a Fox una y otra vez: ante Marcos, ante los machetes de Atenco, ante cualquier conflicto. Fox seguía siendo el candidato en busca de simpatías: la Presidencia estaba desierta. Allí sólo doña Marta se afanaba por mandar. Y con ese saber dispuso cada nueva jugada. No es demócrata, sino genio de la intriga enfrentado a bobos, lerdos y aturdidos que no dan paso sin traspié. Claro: se declaró invencible, invulnerable, el indestructible. Sus viejos colmillos priistas hicieron garras a los militantes de izquierda dentro del PRD. Una masacre. No quedó sino El Peje con su corte más fiel de priistas agradecidos: Monreal, Cota, Camacho, Ebrard, Guadarrama, otra vez Muñoz Ledo trepando a codazos. Atrapado con las manos de su secretario particular, René Bejarano, en los dólares del contratista Carlos Ahumada, el escurridizo Peje reaccionó como el ladrón de un cajero automático que alega mala fe de los banqueros al haber ocultado cámaras de seguridad. Y, de nuevo, le resultó. Era, en efecto, indestructible: el video de su secretario de Finanzas, nada menos, Gustavo Ponce jugando en Las Vegas, los datos sobre sus transferencias millonarias... se cargó a la cuenta de la maldad de sus adversarios y no a la de la corrupción de su gobierno.

¿Quién no quiere destruir a un enemigo político? ¿Les perdonaron la súbita riqueza a los hijos de Marta Sahagún? Todavía los investigan. Parece natural. Pero no lo es cuando del Peje se trata.

Bien, pues allí lo tienen: lo hicieron todos los que han apoyado sus quejas. El desafuero se lo buscó a pulso. Los videos grabaron hechos reales, nunca desmentidos ni explicados. Pero las inteligencias de México lo querían en las boletas, con la ley en suspenso, trato especial. Allí estuvo y perdió. Ahora se afana en destruir a batazos las urnas, como destruyó el amparo. Y bajo sus propias reglas alza el vuelo delirante rumbo a su "Presidencia".