1982: Ruptura del PRI 2006: Restauración

publicado el 31 de julio de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

La crisis del PRI comenzó en 1982: el año en que "perdió el rumbo", como no se cansa de repetir López Obrador. El candidato para suceder al presidente López Portillo fue Miguel de la Madrid, entonces un hombre joven, con sólida formación económica. Un "tecnócrata", pues, con poco entusiasmo por el PRI de los sindicatos, las centrales campesinas y toda la estructura corporativa que hacía y hace, intocada, la fuerza del PRI.

"Ganó la extrema derecha", se lamentaban los medios académicos universitarios y los intelectuales de izquierda cuando el PRI "destapó" a De la Madrid, quien, ya Presidente, comenzó la apertura al mundo, desechó la protección de que habían gozado los productores nacionales e impuso las compras de suministros a precios del mercado internacional. Se acabó el nacionalismo por el que un mexicano podía exigir el cierre de fronteras para su producto. Había quien surtiera a Pemex tres veces arriba del precio internacional. Y cuando no le alcanzaba su producción compraba, al precio internacional, y vendía a Pemex... al precio pactado. Mejor, imposible. Pero así México acabó en crisis económicas y devaluaciones.

Era una forma de "nacionalismo", que todos pagábamos.

De la Madrid abrió fronteras e inició reformas. El PRI viejo se estremeció. El ya ex presidente López Portillo clamó: "Fui el último Presidente de la Revolución".

Igual pensaban Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo y otros prominentes miembros del PRI, que se dieron a la tarea de "enderezar el rumbo perdido" con la candidatura de Cárdenas. En la izquierda aplaudimos atronadoramente, como habíamos aplaudido la nacionalización de la banca y la imposición del control de cambios, ambas "conquistas populares" derribadas silenciosamente por De la Madrid. Nuestras nostalgias pro soviéticas nos hacían ver en el viejo PRI una "revolución interrumpida". Había que proseguirla: más Estado, menos propiedad privada. Cárdenas no obtuvo la candidatura y abandonó el PRI. Salimos a encabezar su campaña. Pero no había IFE, las elecciones las organizaba el gobierno y tenían por cabeza al secretario de Gobernación, en aquel año, 1988, Manuel Bartlett (sí, el mismo que ahora llamó, desde el PRI, a votar por López Obrador). Y dijo que Cuauhtémoc había perdido. Tuvo Bartlett como operadores de ese fraude a Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard y a otros hoy "izquierdistas". A López Obrador ya "no le consta" si hubo fraude. Es que ahora Bartlett lo apoya.

Fundamos el PRD con aquella escisión cardenista del viejo PRI y con nuestros partidos de izquierda. Pero... Carlos Salinas renegoció con éxito la inmensa deuda exterior de México, encarceló al mejor ejemplo de corrupción sindical, La Quina, líder petrolero; vendió las tortillerías y ladrilleras propiedad del gobierno y parte del tesoro a distribuir entre los disciplinados luego de cada cambio sexenal: el que no había alcanzado diputación podía ir a hacerse rico como director de una fábrica de mazapanes, "propiedad de la Nación". Exclamó Manuel Bartlett: "Nos estamos quedando sin nada". Se refería al arca llena de premios de consolación. La fisura se hizo visible.

El presidente Zedillo prosiguió las reformas e hizo de México un país exportador que, por primera vez, tuvo balanza comercial favorable con Estados Unidos. Sí, pero los viejos priistas rumiaban su revancha y lamían sus heridas. Al perder la Presidencia en 2000 inventaron que la culpa era de ese cambio de rumbo: el que nos había dado un país con balanza comercial favorable. Era necesario regresar. El mejor candidato fue Andrés Manuel López Obrador.

Dice Jorge Castañeda en Reforma 5 de julio: AMLO, desde el PRD (PRI restaurado) propuso "el país es un desastre, echemos a los que están, y pongamos a unos nuevos que lo arreglen"... pero esos "nuevos" eran los mismos que produjeron el desastre. El candidato puntero de ese PRI-restaurado logró aglutinar personalidades de los sexenios priistas anteriores. "De Echeverría (1970-1976): Muñoz Ledo, Ignacio Ovalle; de López Portillo (1976-1982): David Ibarra, Carlos Tello, Enrique González Pedrero; de De la Madrid (1982-1988): Manuel Bartlett, Manuel Camacho, Jorge Eduardo Navarrete; de Salinas de Gortari (1988-1994): Marcelo Ebrard, José María Pérez Gay, Víctor Flores Olea. Aparentemente la gente no se tragó el anzuelo: ¿cómo se compone el desastre trayendo a los mismos que lo crearon?".