La guerra del PRI 1 y el PRI 2

publicado el 12 de junio de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

En un punto tiene razón López Obrador: en 1982 el PRI dio tal viraje ideológico que poco después el ya ex presidente López Portillo habría de exclamar: "Yo fui el último presidente de la Revolución"... con R mayúscula. Tenía razón: el PRI nunca tuvo unidad ideológica, pero sí disciplina: los inconformes se callaban la boca y los aspirantes hacían cola. Pero no necesitaba mucha ideología porque el PRI tampoco era un partido, sino la más eficaz agencia de empleos, puerta hacia la burocracia y las algunas vez numerosas paraestatales (que iban desde tortillerías hasta Pemex y la CFE). Los puestos a repartir eran centenares de miles. De ahí derivaban la enorme fuerza del PRI y la amplitud de sus clientelas.

Pero un brillante número de jóvenes priistas, cultos, ambiciosos, formados en Yale y Harvard, decidieron saltarse la fila de espera. El cómo lo hicieron está narrado con maestría en La conspiración de la fortuna, novela de Héctor Aguilar Camín con ese telón histórico. El hecho es que se saltaron la cola en el año en que, dice López Obrador, "el PRI perdió el rumbo": en 1982. Son claramente otro PRI, el PRI 2.

Los regímenes priistas (bajo sus diversos nombres) se habían propuesto industrializar el país y para ello hicieron del gobierno el eje del desarrollo. Cerraron fronteras y establecieron "precios de garantía" para los productos del campo (los mismos con que amenaza el nuevo López) y aranceles elevados contra las importaciones. Esto significaba que un empresario podía exigir, por el hecho de ser mexicano, el cierre de fronteras para todo producto semejante al suyo, y anulación de la competencia: mis clavos son caros y malhechos, pero son mexicanos. El contubernio entre políticos del PRI y empresarios fue total. Unos y otros se enriquecieron a la sombra de nuestro muro legal contra la libre inmigración de mercancías.

La joya de la corona de este modelo ideológico fue la estatización de la banca decretada por el mismo López Portillo. La banca no se nacionalizó, porque era nacional, propiedad de banqueros mexicanos; se estatizó, pasó a ser propiedad del gobierno el 1 de septiembre de 1982: última carcajada de la cumbancha, cuando ya uno de aquellos jóvenes, desafectos al México de fronteras cerradas, Miguel de la Madrid, era presidente electo. Esa estatización fue el comienzo del desastre bancario que culminó en 1995 con la quiebra de todo el sistema bancario mexicano. A usted le habría dicho el banco que sus ahorros se habían ido a la quiebra: "Ya no tiene usted un centavo". No fue así porque la ley preveía el rescate de los ahorros. Eso fue el mentado Fobaproa, en el que muchos pillos, que podían pagar sus créditos bancarios, echaron su deuda al remolino, entre ellos los perredistas de El Barzón.

Pero el PRI 1 jamás se conformó con su derrota de 1982. Hubo militantes, como Cárdenas y Muñoz Ledo, que prefirieron abandonarlo para combatir al PRI 2 desde la oposición. Formaron el PRD con militantes del PRI 1 y de la izquierda prosoviética que compartía con ellos la visión estatizadora, centralista y antiliberal. Otros viejos priistas, notoriamente Manuel Bartlett, decidieron dar la pelea interna. La perdieron con Carlos Salinas y con Ernesto Zedillo. Pero tuvieron en la parte del PRI 1 emigrada al PRD su aliado natural.

De ahí que no exageremos quienes vemos en el PRD una refundación del PRI 1, el viejo, caciquil, clientelar y disciplinado PRI anterior a 1982. Y por eso las afinidades naturales entre ruinas del PRI y ruinas del PRD: se formaron juntos, militaron juntos, aprendieron mañas juntos, cantaron juntos el himno al PRI compuesto por López Obrador, el más puro representante del PRI 1. Mm... ¿Y entonces qué hacen salinistas (PRI 2) como Manuel Camacho y Marcelo Ebrard en el PRD? Buscan el poder por el poder. Estuvieron con Salinas porque creyeron ser sus herederos. Lo aborrecen porque no lo fueron. Echaron a Cárdenas del PRI, ahora lo echan, a traición, del PRD, partido donde caben mejor los Bartlett y los Murat del más viejo PRI. Así podemos entender que Bartlett llame a votar por López Obrador: pertenecen al mismo sector del PRI, el Jurásico. Y ahora que se discuten contratos de empresarios panistas, ¿sabe usted cuánto costaron y cómo concursó el Pejelagarto los inútiles segundos pisos? Yo tampoco. Pero son miles de millones... volando.