Parábola del buen padre pródigo

publicado el 05 de junio de 2006 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Hubo una vez un padre cuyos conflictos de personalidad lo llevaban a dar a sus hijos cuanto pedían: que un camioncito eléctrico... allí va el tarjetazo; una muñeca que hace chis... otro tarjetazo. Aumento a sus "domingos", vacaciones... "¿Es que no lo merecen mis hijos?", replicaba a quienes lo alertaran sobre los riesgos. Su mujercita vio una casa maravillosa y la compraron con un crédito hipotecario, la amueblaron con todo lo necesario. Cuando llegó el embargo por atraso en los pagos, el buen padre argumentó que no había hecho sino dar cumplimiento a las necesidades de su familia: que no podía dejar a sus hijos sin carne, dijo al carnicero. Y así a todos. Pero nadie se condolió y lo echaron a la calle. Sus hijos limpian parabrisas. Y él se hace cruces: ¡si sólo dio a sus hijos lo necesario!

Prometer no empobrece: 30 universidades o 300... todo es cosa de imaginar regalos, al final dará lo mismo: son promesas sin sustento en la economía real del país.

Para pagar esas promesas ahorrará 100 mil millones, dice Manuel Andrés. ¿Se puede? Sí: recortando la escandalosa nómina de burócratas, obligando a Pemex a trabajar con 30 por ciento menos trabajadores, haciendo trabajar a los inútiles de Luz y Fuerza del Centro, donde hacen 10 el trabajo de uno en la CFE, implantando un régimen de jubilaciones pagado con los propios ahorros del trabajador. Pero... ¿ya le avisó de esas medidas al charro Vega Galina, ahora candidato perredista a senador? ¿Ya negoció el recorte con el sindicato de Petróleos? Si ya lo hizo, mañana salgo a la calle a recibirlo con matracas, banderolas y al grito de ¡Viva El Peje, cabrones!

Pero creo sinceramente que ni siquiera sabe lo que dice. Un análisis acucioso de sus propuestas las revela ingenuas, o ya usadas por el PRI en sus fracasos, o simplemente tontas. Un ejemplo muy claro: dice que hará del sector energético el motor del desarrollo. Pero la aportación de ese sector es inferior al 3 por ciento del PIB, la riqueza producida en México, "mientras las manufacturas contribuyeron con 20 por ciento", subraya "Un proyecto irresponsable de nación", análisis detallado hecho por Jaime Sánchez Susarrey (editorial Diana) al Proyecto Alternativo.

No es solamente un error de números, es un error de país: Manuel Andrés propone un motor para un sultanato que sólo produce petróleo crudo. No conoce López Obrador que su país es algo más que los pozos de Tabasco: México es uno de los primeros exportadores de televisores y material electrónico, posee en el norte agricultura altamente sofisticada que trae dólares de Estados Unidos y Canadá, exporta autos y manufacturas que no son más porque el PRI y el PRD han impedido su crecimiento con obstáculos en la legislación, medidas ahuyentadoras de capital.

Su Proyecto Alternativo produjo ya resultados: en el DF los asegurados al IMSS se redujeron 0.6 anual de 2001 a 2004; el desempleo en el país fue de 2.4 por ciento... en el DF subió a 3.6 por ciento, y en 2004 empeoró: fue de casi 5 por ciento (Op. cit.) ¿Y transparencia? Como jefe de gobierno se opuso hasta el último día al Consejo de Transparencia. Y por eso todavía nadie sabe el costo de sus obras públicas.

Pero hay un aspecto todavía más grave: En el capítulo 11 de su proyecto asume que "El Presidente debe ser el principal guardián del sufragio efectivo..." (ídem, p. 122). ¡Zas! No el IFE, sino el Presidente de la República es quien debe velar por el respeto de nuestros votos. ¿No fue eso lo que los mexicanos echamos a la basura? ¿No eran esas, precisamente porque las "vigilaban" Presidencia y Gobernación, "elecciones de Estado"? Pues ese retorno propone, sin sonrojo. Y la intelectualidad le aplaude. ¿No les da vergüenza?

¿Y el combate a la delincuencia? Ah, dice, la delincuencia es causada por la pobreza (tesis clásica de la ultraderecha). Pero los datos dicen lo contrario: entidades ricas del país como el DF, Estado de México y Baja California, son también las de más alto índice delictivo. ¿Entonces?

En fin: de su Proyecto Alternativo, de su carísimo dispendio en medios y el último en cadena nacional y horario triple A (una fortuna que nadie más ha podido desembolsar), sale una radiografía: López Obrador no conoce el país que quiere gobernar. Y como dijo Octavio Paz de otro personaje: no es un hombre de ideas, sino de ocurrencias.