El autismo es masculinización extrema del cerebro

publicado el 11 de diciembre de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Las diferencias en cerebros de machos y hembras, humanos incluidos, se conocen desde los años 30 del siglo recién pasado. Ahora quien abra un buen sitio de Internet y ponga en el buscador "Brain sex differences" encontrará una primera página que dirá algo como "10 de medio millón". La novedad del artículo hoy citado en este espacio no son las diferencias sexuales del cerebro, sino sus implicaciones para explicar el autismo. Este mal incide de manera particular en los hombres. La teoría de los autores explica el autismo como una sobremasculinización cerebral: un "extreme male brain" (EMB), cerebro masculino extremo. El autismo es un desorden neurobiológico que afecta las habilidades físicas, de lenguaje y sociales en el niño. El síndrome hace niños concentrados en sí mismos, indiferentes al afecto y al contacto físico. La indiferencia puede llegar a ser aversión.

Aunque hombres y mujeres no difieren en inteligencia general, tareas específicas sí revelan diferencias sexuales. Los hombres resultan mejores en las pruebas de rotación imaginaria de un objeto: se presenta un dibujo y se pregunta cuál de una serie es el mismo objeto girado unos grados; en lectura de mapas, como es el caso de turistas perdidos en una ciudad desconocida que deben encontrar su camino revisando una guía; en acertar a un blanco, habilidad que quizá heredamos de nuestros ancestros cazadores: el de buena puntería lograba más mujeres y dejaba más hijos... con buena puntería.

Por las mismas razones, los hombres son mejores en las pruebas donde una figura está oculta entre un fondo que la disimula: el cazador que distinguía entre las manchas de sol en la hierba y las manchas del leopardo lograba huir y transmitía sus genes a la siguiente generación. También juegan más con objetos mecánicos y como adultos tienen calificaciones superiores en problemas de ingeniería y física.

En contraste, las mujeres califican más alto en pruebas diseñadas para reconocer emociones, en distinguir con fineza hechos sociales; son superiores en fluidez verbal, comienzan a hablar antes que los varones, hablan mejor y es más probable que para jugar elijan muñecas, sin que ello se deba a presión social. Por supuesto, la educación refuerza o reprueba las conductas iniciales y con la edad los niños acabarán saliendo menos de la norma.

Estas diferencias no se observan únicamente en humanos. Las ratas macho resuelven mejor que las hembras un problema similar al de lectura de mapas en humanos, esto es, encuentran la salida de un laberinto con mayor facilidad y rapidez que las hembras. Esta diferencia sexual se elimina si se castra a los machos o se administra testosterona a las hembras en estado fetal. En monos también es notoria la preferencia de los jóvenes machos por camiones, mientras que las hembras prefieren muñecas.

Estos hallazgos [conocidos décadas atrás, pero redescubiertos en el presente estudio] sugieren que las diferencias son innatas. Se observan en bebés de un solo día de nacidos: cuando se les presenta el rostro de una persona viviente y un móvil mecánico, las niñas pasan más tiempo mirando el rostro, mientras que los niños prefieren mirar el objeto mecánico.

Esto lleva a los autores a revisar diferencias en la estructura cerebral: el cuerpo calloso, la estructura que une los dos hemisferios cerebrales, es más voluminoso en mujeres; las mujeres tienen proporcionalmente mayor cantidad de materia gris y los hombres más de materia blanca cerebral, lo cual sugiere conexiones locales abundantes e interhemisféricas escasas en hombres. De ahí la propuesta de los autores: la mayor empatía femenina (identificación con el estado de ánimo de otra persona) y mayor sistematización masculina, llevadas al extremo masculino, producen hombres sin capacidad alguna de empatía. Sumergidos en sí mismos, no reconocen los estados de ánimo ajenos. Son autistas.

La teoría, formulada primero por Hans Asperger hace 60 años, ahora ha sido reformulada para someterla a comprobación experimental. Resultado: en el autismo hay una exageración del perfil cerebral masculino, la empatía femenina se reduce a casi cero.

Simon Baron-Cohen, Rebecca C. Knickmeyer, Matthew K. Belmonte. "Sex Differences in the Brain: Implications for Explaining Autism", Science, 4 de noviembre de 2005, pp. 819-823.

 

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