Se conserva materia prima del sistema solar

publicado el 09 de octubre de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Un meteorito de contenido químico totalmente inusual cayó hace cinco años en un lago canadiense helado. Su estudio en la Florida State University, por Munir Humayun y Alan Brandon, descubrió una anomalía en los isótopos del elemento raro osmio. Isótopos se llama a las variedades de un mismo elemento que tienen diverso número de neutrones en su átomo. El osmio anómalo provenía de pequeñas estrellas con una mayor densidad de neutrones que la estrella de donde se formó nuestro sistema solar. Los resultados de los investigadores y sus colegas en la Universidad de Maryland, Estados Unidos, y la de Berna, Suiza, se publicaron recientemente en Science.

"Nuestros nuevos datos nos capacitan para dar un vistazo a los diversos tipos de estrellas que contribuyeron con elementos a la formación del sistema solar, las estrellas progenitoras de nuestra materia química", dice Humayun.

Por unos 50 años, los científicos han sabido que todos los elementos más allá del hierro en la tabla periódica fueron hechos en estrellas por tres procesos nucleares. El osmio se formó principalmente por dos de esos procesos, en los que lentamente se añaden neutrones al núcleo del átomo por un periodo de quizá miles de años; otros procesos ocurren en las explosiones estelares llamadas supernovas, en las cuales los neutrones son bombeados dentro de los núcleos a tasas de miles de neutrones en pocos segundos.

El meteorito estudiado cayó en el Lago Tagish el 18 de enero del 2000. A diferencia de los meteoritos de hierro, los meteoritos primitivos como éste son de un tipo extremadamente frágil, pues se desintegran y forman lodo al contacto con agua. El de Tagish fue recuperado a sólo 48 horas de su caída. La mayoría tiene una distribución uniforme de los isótopos de osmio. El ahora estudiado es el primero con una deficiencia en el tipo de osmio producido en las estrellas lentamente.

Las anomalías en los elementos de los meteoritos primitivos han llevado a concluir que las cenizas de estrellas que precedieron al sistema solar debieron regarse de manera irregular en la nébula solar: ese disco de gas y polvo que formó al sol, los planetas y los meteoritos. El nuevo desafía esa explicación.

"Las anomalías revelan más bien que la materia prima de la que fue construido nuestro sistema solar está preservada en unos pocos meteoritos excepcionales, de los cuales podemos ahora recobrar la prehistoria de nuestro sistema solar", dice Humayun.

Las adicciones tienen base genética

No es que existan genes de la adicción, pero sí que ese desorden tiene un fuerte componente genético. Estamos acostumbrados a pensar en los genes como sentencias inapelables. No es así: los genes producen, entre sí y con el medio, una complejísima sinfonía. Son predisposiciones necesarias, pero no suficientes y, en ocasiones, son suitches que deben ser apagados o encendidos por otros genes o por el medio ambiente. Para un panorama clarificador de la polémica, nada mejor que el nuevo libro de Matt Ridley, autor de Genoma y ahora de Nature via Nurture.

Así pues, con todas las salvedades que a Ridley le llevan un libro entero, tomemos el encabezado: "Investigadores encuentran cómo una variación genética puede hacer a algunas personas vulnerables a la adicción."

Hace tiempo sospechaban los científicos que podía ser una variación genética lo que hiciera a ciertas personas más susceptibles de adquirir adicción al alcohol y a los narcóticos. La enorme mayoría de la población puede consumirlos en algunas ocasiones sin convertirse en adictos.

El cerebro funciona por señales eléctricas y químicas. La señal entre cada célula (neurona) es química, así que necesita los compuestos llamados neurotransmisores en el extremo terminal y receptores adecuados en el inicial de la siguiente neurona.

Los receptores se hacen bajo órdenes genéticas (que pueden ser disparadas por el medio ambiente). Bien, es la diferencia en una proteína que hace ciertos receptores lo que provoca mayor vulnerabilidad, dice Wolfgang Sadee, de la Ohio State University, principal autor del estudio que aparece en el Journal of Biological Chemistry.

Estos sitios específicos llevan el sugestivo nombre de "receptores mi de opioides". Mi es la letra griega para el sonido eme. (No, no es mu, como aprendimos en la escuela). Los opioides son compuestos que el cerebro segrega en respuesta al dolor. La variación genética se conoce como A118G.

El gen para el receptor opioide mi es el primero de 20 o más genes implicados en la drogadicción.

Los investigadores descubrieron que los genes con la variación mencionada reducen mucho la cantidad de proteína que el ADN de una célula produce. Esas diferencias hacen que las células con esos receptores estén más abiertas a los efectos de las drogas.

"El verdadero significado de este trabajo es que algún día podamos ser capaces de diseñar tratamientos para la adicción basados en cómo se comportan los genes de una persona."