Colapso

publicado el 13 de junio de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Fascinante, el nuevo libro de Jared Diamond, Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed (Colapso: cómo las sociedades eligen fallar o tener éxito). Diamond ganó el Premio Pulitzer hace pocos años por otra maravilla: Guns, Germs, and Steel: un acucioso análisis de las condiciones originales de cada continente le permite al autor responder una vieja pregunta: ¿por qué los españoles conquistaron Tenochtitlán (Diamond, con todo y escribir en inglés, la acentúa en la a) y no al contrario, los aztecas conquistaron Madrid y luego España y toda Europa? ¿Por qué la aparición de la agricultura fue posterior en otras culturas y en algunas no fue descubierta jamás? O, en breve: ¿por qué la civilización Occidental desarrolló tecnología que le permitió dominar al mundo?

Colapso es la otra cara de la moneda: Diamond revisa la Polinesia prehistórica, las culturas americanas (entre ellas la maya en un espléndido capítulo) y otras que, ante dificultades del medioambiente, en ocasiones causadas o al menos empeoradas por sus propios usos y costumbres, se vienen abajo: el colapso maya del siglo IX a.C., el de los vikingos establecidos en Groenlandia y en América siglos antes de Colón; pero el más didáctico es el de la Isla de Pascua, famosa por sus extrañas y enormes esculturas de rasgos estilizados e iguales.

Diamond llama metáfora de nuestro propio mundo a los hechos ocurridos en la Isla de Pascua: una población aislada de todo lazo con otros humanos (como ahora somos los terrícolas), una isla sin más recursos que los propios, sin comercio con otros pueblos ni conocimiento de que existan porque la costa de Sudamérica está a 3,600 kilómetros y la isla más cercana a 2,000; un pueblo que cree constituir los únicos humanos y su isla la única tierra, rodeada por un océano sin fin... como la Tierra perdida en el espacio... rompe su precario equilibrio ecológico y lo lleva a niveles de no recuperación, convierte en un yermo una isla del Pacífico porque necesita troncos para hacer vías de madera sobre las cuales arrastrar las estatuas que ahora son el símbolo de la Isla de Pascua.

Aislados al final del mundo, como nosotros en el espacio, la competencia entre jefes y clanes los llevó a levantar estatuas cada vez mayores, muchas de 70 toneladas con un "sombrero" encima de 12 toneladas. Los arqueólogos saben cómo fueron hechas, transportadas y levantadas: con base en la selva. Pero Diamond recuerda algo más: a los millonarios de su propia ciudad, Los Angeles, "mostrando su riqueza y poder con la construcción de cada vez más grandes, más elaboradas y más ostentosas mansiones." ¿Que uno apantalla con una de 50 mil pies cuadrados?... Pues otro lo supera enseguida con otra de 56 mil...

La competencia, en el planeta, no ha terminado; pero en la Isla de Pascua tuvo un brusco alto cuanto todo el bosque estuvo cortado; los animales de tierra y aire para la alimentación de los trabajadores, exterminados. Los sobrevivientes sólo tuvieron la alternativa del canibalismo o la muerte por hambre. El futuro los alcanzó. Pero el pleito no terminó entre los pocos vivos: el insulto más grave entre los isleños fue: "La carne de tu madre se me atoró entre los dientes."

En otras dos islas del Pacífico la población desapareció por completo. En Mesoamérica, las selvas tropicales cubrieron los templos y palacios mayas. En todas partes hubo, primero, revueltas populares contra los gobernantes, por resultar incapaces de controlar el cambio climático, de evitar el empobrecimiento del suelo, la disminución de las cosechas. Lo que había sido posible arreglar en los años de vacas gordas, era imposible en las flacas. "Las plantas de la Isla de Pascua sobrevivieron innumerables sequías causadas por El Niño"; pero no lograron recuperarse de la feroz tala que fue necesaria para que cada clan ostentara una estatua cada vez más alta, más pesada, cuyo transporte exigía kilómetros de troncos, cuerdas de corteza, más tala para plantar y alimentar a los que trabajaban en las estatuas.

Muchas sociedades han cometido el mismo error, pero siguen adelante porque descubren soluciones. Los isleños de Pascua no eran peores que nosotros, "pero tuvieron la desgracia de habitar uno de los más frágiles medios..." Los mayas quemaron los palacios de sus ya inútiles reyes y olvidaron escritura, astronomía. El derrumbe maya demuestra, enfatiza Diamond, que también las culturas refinadas y los Estados de mayor desarrollo pueden llegar a un súbito final cuando cae la gota que derrama el vaso. Una gota diferente en cada colapso, pero muchas en común.

Ninguno de esos colapsos nos estremece tanto como el más similar a nuestra situación: "Los paralelos entre la Isla de Pascua y el mundo moderno entero son escalofriantemente obvias [...] Todos los países sobre la Tierra comparten recursos y se afectan uno al otro, exactamente como la docena de clanes de Pascua. La isla está igualmente aislada en el Océano Pacífico, como la Tierra lo está hoy en el espacio. Cuando los isleños de Pascua tuvieron dificultades, no hubo lugar a donde pudieran huir, ni alguien a quien pedir ayuda; como no tendremos los terrícolas modernos si nuestros problemas aumentan. Éstas son las razones por las que la gente ve el colapso de la sociedad de la Isla de Pascua como una metáfora, como el peor caso de lo que podría ser nuestro propio futuro."