Love is in the brain...

publicado el 05 de junio de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Para Jaime Sánchez S. y Carlos, por muy diversos motivos.

 

En el sonido del café internet sonaba la conocida "Love is in the air...", cuando apareció un llamativo título en el banco de datos consultado: "Love is in the brain": El amor está en el cerebro.

Un equipo conducido por un neurocientífico, una antropóloga y una psicóloga social localizó sistemas neurofisiológicos por medio de resonancia magnética funcional, la técnica que permite observar el funcionamiento de un cerebro in vivo (fMRI). Detectaron respuestas de amor cuantificables en los cerebros de 17 hombres y mujeres jóvenes que se describieron a sí mismos como recién locamente enamorados. El equipo multidisciplinario encontró que el amor romántico, intenso e inicial se relaciona más con aspectos de motivación, gratificación y otros determinantes de la conducta humana que con el impulso sexual. Observaron la activación de sistemas cerebrales que los humanos compartimos con otros mamíferos.

De esos elementos, los investigadores plantean que "el amor romántico de primera etapa (las semanas o meses de amor intenso) es quizá una forma desarrollada de un impulso mamífero para perseguir a los compañeros preferidos, y tiene una importante influencia en conductas sociales que a su vez tienen consecuencias reproductivas y genéticas."

El estudio, titulado "Reward, motivation and emotion systems associated with early-stage intense romantic love", aparecerá en el numero de julio del Journal of Neurophysiology. Los autores principales son Arthur Aron, Helen Fisher y Lucy Brown. Aron señala que "nuestros descubrimientos muestran que las áreas cerebrales activadas cuando alguien mira la foto de un ser amado sólo parcialmente se sobreponen con las regiones asociadas con la excitación sexual. Sexo y amor romántico involucran muy diferentes sistemas cerebrales."

Empleando "functional magnetic resonance imaging" (la mencionada fMRI), y otras medidas, Aron y sus colegas encontraron que: 1) El intenso amor romántico de primera etapa se asocia con regiones subcorticales de gratificación ricas en dopamina [nos dopamos con el enamoramiento]; 2) el amor romántico ocupa los sistemas cerebrales asociados con la motivación por alcanzar una gratificación.

Brown explica que "cuando los participantes miraron una foto de la persona amada, ocurrió una activación específica del cuerpo caudado dorsal y del área ventral derecha del núcleo tegumentado (VTA). Estas regiones fueron comparadas con dos condiciones de control y proveyeron fuerte evidencia de que [...] eran centrales para la experiencia de estar enamorado." Hace notar también que "el núcleo caudado probablemente integra enormes cantidades de información, todo, desde memorias tempranas hasta nociones personales de belleza."

Romance a la derecha, atractivo a la izquierda

"Para nuestra sorpresa", sigue Brown, "las regiones asociadas con intenso amor romántico se encontraron principalmente en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la activación de regiones asociadas con atractivo facial estuvieron mayormente a la izquierda."

Pero quizá lo más notorio fue que "encontramos varias áreas cerebrales donde la fuerza de la actividad neural cambiaba con la longitud del romance", sigue Lucy Brown. "Todo el mundo sabe [no, no todo el mundo] que las relaciones son dinámicas en el curso del tiempo, pero estamos comenzando a rastrear lo que ocurre en el cerebro conforme las relaciones amorosas maduran."

No sólo cambia el cerebro conforme el amor romántico se sostiene, sino que, en perritos de las praderas [parecidos a ardillas sin cola, fieles de por vida], algunos de esos cambios ocurrieron en regiones asociadas con el lazo entre parejas. Las imágenes obtenidas con fMRI mostraron más actividad en la región ventral del pallidum [de los ganglios basales] en gente con relaciones románticas más largas. Esta es la región donde los receptores para la hormona vasopresina son esenciales para el apego de las parejas de perritos.

"Los humanos hemos desarrollado tres distintos, pero interrelacionados sistemas cerebrales para el apareamiento y la reproducción: el impulso sexual, el amor romántico y el apego a una pareja de largo término", dice Fisher. El amor es más importante que el sexo. Que rechacen nuestros avances sexuales no es grave, "pero hombres y mujeres rechazados a veces se matan o matan a otros por todo el mundo. De hecho, un 40 por ciento de la gente rechazada en amor se desliza hacia la depresión clínica."

Brown concluye: "Nuestros resultados sugieren que el amor romántico no usa un sistema funcionalmente especializado del cerebro. Más bien puede ser producido por una constelación de sistemas neurales que convergen en amplias regiones del núcleo caudado, donde hay un flexible mapa combinatorio...".

Este sistema cerebral quizá evolucionó para que nuestros ancestros enfocaran las energías de su cortejo en individuos específicos y así conservaran energía y tiempo de apareo preciosos", propone Fisher.