Cómo se determinan las características masculinas o femeninas

publicado el 15 de mayo de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «se descubrió que...»

 

Hace unos 30 años los científicos saben que un gen, llamado "doblesexo", de la mosquita de la fruta (Drosophila melanogaster) controla algunos aspectos del desarrollo sexual. "En el macho, enciende una clase de genes macho y apaga una clase de genes hembra. En las hembras ocurre lo contrario", dice Michael Weiss, principal autor del artículo. "Los recién obtenidos genomas de humanos y otros animales han revelado familias de genes relacionados, algunos de los cuales podrían controlar aspectos del plan corporal compartidos por machos y hembras".

Los humanos portan una versión de ese gen "doblesexo" en el brazo corto del cromosoma 9. Bebés con cromosomas X y Y normales, pero con reajustes o supresiones en el cromosoma 9, parecen niñas y tienen un útero normal, pero son estériles debido a la falta de ovarios o testículos funcionales.

El equipo descubrió con resonancia magnética nuclear la estructura tridimensional de esa proteína. Hallaron así cómo enciende y apaga genes.

Sostiene Weiss que esa estructura es tan persistente a través de las especies, que podría ser un signo más fundamental de masculinidad que la testosterona. "Estos son los tipos de estudios moleculares en animales más simples que nos permitirán usar el mapa del genoma humano". Weiss, Michael y col., Genes and Development, 17 de julio del 2000. Contacto por e-mail: George Stamatis.

Cerebro sexualmente interconectado antes de nacer

Refutando 30 años de teoría científica que daba crédito exclusivo a las hormonas en el desarrollo cerebral, científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) han identificado 54 genes que podrían explicar la diversa organización de los cerebros masculinos y femeninos. El descubrimiento del equipo sugiere que la identidad sexual se encuentra "hard-wired": fuertemente enlazada, "alambreada", en el cerebro desde antes del nacimiento y podría ofrecer a los médicos una herramienta para asignar género a bebés nacidos con genitales ambiguos.

"Nuestros hallazgos pueden ayudar a responder una importante cuestión: ¿por qué nos sentimos machos o hembras?", dice Vilain. "La identidad sexual está enraizada en la biología de cada persona antes de nacer y surge de una variación en nuestro genoma individual". El investigador presentó su reporte en la reunión anual para 2005 de la American Association for the Advancement of Science (AAAS), en Washington. La sesión se llevó a cabo en memoria de David Reimer, quien de bebé perdió el pene en una circuncisión inepta y fue criado como niña. Nunca se sintió mujer y se suicidó en mayo de 2004, a los 38 años.

Un cerebro fetal sólo necesita testosterona para volverse masculino. Pero Vilain y sus colaboradores descubrieron que 54 genes se localizaban en diversas cantidades según el cerebro fuera de macho o hembra en embriones de ratón, mucho antes de que se les desarrollaran los órganos sexuales y por lo tanto, antes de toda influencia hormonal. De esos 54, 18 genes se producían a mayores niveles en cerebros macho; 36 se producían más en cerebros hembra.

"No esperábamos encontrar diferencias genéticas entre los cerebros de diverso sexo; pero descubrimos que cerebros de macho y hembra difieren en muchas formas medibles, incluyendo anatomía y función", dice Vilain. Un ejemplo, que coincide con estudios realizados hasta 50 años antes, es la mayor simetría de los cerebros de hembras, lo cual implica una mejor comunicación entre ambos hemisferios cerebrales: que la lateralización cerebral es diversa en hombres y mujeres es un dato perfectamente establecido, también lo es que el cuerpo calloso, el robusto haz de fibras que interconecta los hemisferios cerebrales es más grueso en mujeres que en hombres. "Esta diferencia anatómica podría explicar por qué las mujeres pueden en ocasiones articular sus sentimientos más fácilmente que los hombres", concluye.

Esta investigación implica que, antes de existir testosterona para guiar el proceso de diferenciación sexual del cerebro, los genes han dado órdenes en ese sentido. "Creemos que nuestros genes, hormonas y el ambiente ejercen una influencia combinada sobre el desarrollo sexual del cerebro".

Para el equipo de la UCLA, estos hallazgos "podrían explicar por qué nos sentimos macho o hembra, sin importar nuestra verdadera anatomía". Así podemos ofrecer credibilidad a "la idea de ser transgénero: el sentimiento de que uno ha nacido en el cuerpo del sexo equivocado". Y añade Vilain: "Por estudios previos, sabemos que las personas transgéneros poseen niveles de hormonas normales. Su identidad de género es posible que pueda explicarse por algunos de los genes que hemos descubierto".

Casos leves de genitales malformados, que pueden conducir a asignar género equivocado a un bebé, ocurren en el 1 por ciento de los nacimientos, "si los médicos pudieran predecir el sexo de los recién nacidos con genitales ambiguos, cometeríamos menos errores en la asignación de género".

Por último, Vilain refiere sus descubrimientos a la homosexualidad: "Es muy posible que la identidad sexual y la atracción física estén ’hard-wired’, hechas de conexiones físicas en el cerebro; si lo aceptamos debemos reducir el mito de que la homosexualidad es una ’elección’ y examinar nuestro sistema legal civil en concordancia". Vilain, Eric y col. Molecular Brain Research, octubre de 2003. Elaine Schmidt.

 

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