Ni resuelto ni cerrado

publicado el 09 de mayo de 2005 en «Milenio Diario»
columna: «la calle»

 

Los humanos inventamos la ley escrita y la igualdad ante la ley para terminar para siempre con el uso político de la justicia, con los arreglos según la ocasión y según el personaje, con la justicia discrecional y al humor del rey. Sólo la ley tenemos los ciudadanos comunes, los sin acceso a las finanzas públicas, ante el abuso de autoridad. Que muchos delincuentes anden sueltos no es, ni podría ser, justificación para condonar la penalidad al que se le comprueba un delito, sea quien sea. Por algo representamos a la justicia con una venda en los ojos. Para festejar la salida "política" de un conflicto legal debe uno olvidar que se cometió un delito.

Y desacatar un amparo ciudadano es delito, no presunto sino confirmado, y tiene penalización (aunque los notarios no la conocen). Resolver las contradicciones en la sociedad por supuesto que es el tema esencial de la política: para eso están los partidos, las campañas, las elecciones... y los jueces al final. Pero en la solución de tales contradicciones forman capítulo aparte los delitos cometidos "porque esa ley no me parece": quien se alza en armas por sus ideales comete un delito. Y la autoridad que desacata a un juez, también debe responder por ese acto. Política sin ley para dirimir nuestras diferencias, convoca a medir fuerzas. Se llama ley del más fuerte y ley de la selva.

Con el tono de los viejos tiempos, el Presidente nos acaba de recetar que un desacato, cometido por una autoridad contra el amparo a un ciudadano, es caso "resuelto y cerrado". Pero el dueño del predio El Encino todavía espera el cumplimiento del amparo que le devuelve su terreno. Allí construyó la autoridad del DF una calle que comunica un hospital para ultrarricos. ¿Es un problema? Sí. ¿Está resuelto? No: el amparo sigue vigente y la obligación de cumplirlo, también. ¿Qué es lo que está, pues, "resuelto y cerrado", como dijo Fox en Bolivia? (¿Y qué carajos fue a hacer a Bolivia? ¿A picarle la cresta a Ricardo Lagos, el presidente socialista chileno que ha hecho en su país las reformas que Fox no ha podido hacer en México? Una guerra del siglo XIX: allí está el nuevo frente de Fox. Qué afán.)

Fox parece creer que tiene una presidencia al viejo estilo del PRI: "Mira, Bartola, ai te dejo esas dos leyes..." Existe una más que preocupante incongruencia entre el Presidente que sacó al PRI de la Presidencia y su convicción de que le basta un "hágase" y se hace. Sin negociar con los opositores. Un poder de la Federación, el Legislativo, decidió, con plena soberanía, que en el expediente de López Obrador había elementos suficientes para que los sopesara un juez. Otro poder de la Federación, el Judicial, tiene en sus manos el caso de una queja ciudadana contra la autoridad del DF (y dos docenas más, que esperan en fila). ¿Qué hace el Ejecutivo dictaminando que "está resuelto" un caso del Poder Judicial? Los presidentes en la era del PRI lo podían hacer, y lo hacían. A pesar de Fox, no estamos de regreso a los tiempos en que el Presidente podía modificar una sentencia. Está en sus atribuciones echar al procurador general de la República —atribución que es urgente eliminar para hacer independiente del Ejecutivo la PGR— pero no dictar absoluciones.

Echeverría pudo; Fox, no. Con todo, los presidentes priistas se sostenían en sus errores; los podremos acusar de mucho, salvo de veletas, no mostraban el gelatinoso mando de un Presidente sin convicciones, sin columna vertebral. La encuestolatría de Fox resulta una amenaza nacional porque es una venta al mejor postor de la popularidad. ¿Por qué su secretario de Gobernación contempló inmóvil la ocupación del Canal 40 por guaruras de Televisión Azteca? Respuesta: porque la audiencia del 40 es pequeña, y nacional la de TV Azteca: una campaña contra Fox desde Azteca podía costar puntos en las encuestas. La del Canal 40, si la había, no costaría nada: su audiencia es antifoxista. ¿Por qué hay total impunidad para acusar al secretario de Hacienda de intento de censura a TV Azteca, presentando como "prueba" un papel sin firma ni membrete? ¿Somos estúpidos los mexicanos? No, pero ya los aztecos traen el moñito de López Obrador y se harán los perseguidos políticos colgándose a la cola del mártir. Es la moda y da resultado. Fox se encarga: remember Atenco. O bien... ¿qué le sabe Fidel Castro? ¿Cómo ocurrió lo que estamos viendo? Fox tuvo el desprecio de los intelectuales desde su precampaña, se acrecentó en la campaña y alcanzó las alturas de la más olímpica altivez con las metidas de pata de Fox en cuanto tema cultural le pusieran enfrente. Y en los no culturales, también. Ese desdén está implantado en lo más aristocrático de nuestra élite pensante: un gerentillo de la Coca-Cola, ni siquiera del sidral Mundet, sino de, precisamente, "las aguas negras del imperialismo", como se decía en todo coctelito por la presentación de la última novela de Fulano, la exposición de Zutana. Luego vinieron los saludos a los hijos antes que a los Poderes de la Unión, siguieron los chiflidos de arriero a la mujer y no hubo escritora que no se irritara.

Y con toda razón. ¿Cuál es la fuerza de los intelectuales? El acceso a los medios. Cuando Octavio Paz comenzó a sacar aquella magnífica serie en Televisa, ¿recuerdan todo lo que se escribió, se dijo y se murmuró? Que era natural: un hombre de extrema derecha había encontrado su medio más afín. Lo quemaron en efigie en el Paseo de la Reforma. Años después los quemados vivos se harían realidad en Tláhuac y los héroes de la izquierda universitaria opinarían desde Televisa. ¿A quién busca el New York Times, El País, Le Monde? A quienes no perdonan la incultura de Fox ni la cursilería de Martita.

Una autoridad que acierta a rodearse por los intelectuales reconocidos por los medios extranjeros tiene allanado el camino para hacerse perdonar cualquier tropelía, por grave que sea en otro. Es intocable porque está definido dentro del bando de los buenos... aunque haya sido presidente estatal del PRI y abandonado ese partido sólo porque no obtuvo una candidatura: si no hay "hueso" me voy.

Quien consigue el banderín de "izquierdista" puede hacer lo que quiera: estar arriba, como autoridad, y hablar contra "los de arriba"; despedir a "los de abajo", sus empleados, y negarles la reinstalación ordenada por conciliación; repartir obras mayores sin concurso, hacer secreta por diez años su información financiera, rechazar el Seguro Popular: todo, porque ya nadie sabe qué significa eso: "izquierda", pero es muy útil ante la intelectualidad... que es el acceso a los medios... que es donde se define a los buenos y a los malos.